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Atacama de oro: que esta vez la riqueza se quede

Los estudios presentados en Desafíos de Atacama y en Corproa son dos caras de una misma moneda: una región que crece seis veces más que el país y que, al mismo tiempo, es la segunda con mayor pobreza multidimensional. La nueva Agencia de Infraestructura Habilitante es la oportunidad de pasar del diagnóstico a la acción, siempre que el Estado y los privados pongan los recursos donde ponen el discurso.

Manuel Madrid del Real

Hace algunas semanas realizamos el conversatorio «Dignidad e inclusión: cómo transformar el desarrollo en bienestar para todos», que organizamos junto a KinRoss en el ciclo “Desafíos de Atacama”. Lo que allí se expuso, sumado a lo que días después presentó Gold Fields en una actividad de Corproa, muestra dos caras de una misma moneda y pone números a una paradoja que los atacameños conocemos desde siempre.

La primera la expuso Jenny Encina, del Observatorio Social del Ministerio de Desarrollo Social y Familia. Según la Casen 2024, Atacama no es más pobre que el país en ingresos. Su 18,6% no se distingue estadísticamente del promedio nacional. La distancia aparece en la pobreza multidimensional, que incorpora vivienda, trabajo, conectividad y entorno, donde somos la segunda región con mayor pobreza del país. La informalidad laboral alcanza al 28% de los hogares, la carencia más alta entre las medidas; uno de cada cuatro niños vive bajo la línea de pobreza y en Tierra Amarilla, la comuna minera por excelencia, la pobreza multidimensional se estima cercana al 30%. En Atacama el dinero circula, pero no se transforma en vivienda digna, empleo formal ni servicios. No somos pobres de ingresos; somos pobres de acceso.

La segunda cara, presentada por la economista Daniela Desormeaux en el encuentro «El impacto de Salares Norte y la producción de oro en la región de Atacama», muestra el mismo fenómeno desde la actividad económica. En 2025 el PIB de Atacama creció 15,3%, seis veces más que el país, y en el primer semestre de este año siguió creciendo 9,6% mientras Chile retrocedía y Antofagasta caía casi seis puntos. La región volvió a ser la primera productora de oro, con más de 22 toneladas, casi la mitad de la producción nacional.

Pero el mismo estudio muestra la grieta. De esos 15,3 puntos, 14,4 los aportó la minería. Entre 2025 y 2026 la minería creó 2.600 empleos, pero el empleo regional aumentó solo en 1.800. Fuera de ella se perdieron puestos, especialmente en comercio, servicios y trabajo por cuenta propia. Es, con nombre y apellido, la informalidad que mide el Ministerio. No falta riqueza; falta capacidad para retenerla, porque buena parte de los insumos y servicios que demanda la minería se compran fuera de Atacama.

Y, sin embargo, hay razones para el optimismo. En el siglo XIX, Chañarcillo hizo de Atacama uno de los centros de prosperidad del país y se habló de la «Atacama de plata». Hoy el carro lo tira el oro. Con Salares Norte, La Coipa y proyectos como Lobo-Marte y Fénix, la minería aurífera se ha convertido en uno de los principales motores regionales, y aún tiene espacio para crecer: Chile posee cerca del 6% de las reservas mundiales de oro y produce apenas el 1,4%. Y el oro no viene solo. Se anuncian inversiones relevantes en litio, en el salar de Maricunga, y en cobre, con distrito Vicuña y la expansión de Mantoverde a cargo de Capstone Copper. No son proyectos aislados. Es sin duda un nuevo ciclo.

Por eso Atacama debe entenderse, y el país debe entenderla, como una región estratégica, no en el discurso sino en las decisiones, porque esa inversión necesita viabilizarse ahora. Y aquí debemos ser francos. Atacama no tiene hoy la capacidad burocrática para procesar todo lo que viene. ¿Dónde deben estar los mejores funcionarios públicos del país si no es aquí? Necesitamos equipos capaces de mirar la solución y no solo el problema, que entiendan que una autorización oportuna también es infraestructura. Y debemos hacer entender al nivel central que este ciclo no solo puede transformar la región, puede entregar riqueza permanente a Chile, siempre que generemos las condiciones “habilitantes” para un desarrollo también permanente.

Para ello necesitamos dos desarrollos que avancen juntos. Infraestructura y desarrollo humano. Habilitar es hacer posible la inversión: agua, energía, caminos, puertos, conectividad y vivienda, sin los cuales un proyecto en la cordillera no se materializa, se retrasa o se lleva su gasto a otra parte. Pero también es coordinar lo que hoy se planifica por separado. Muchas de esas obras sirven a más de un proyecto y, planificadas con anticipación e ingeniería de alto estándar, pueden convertirse en “infraestructura compartida” entre las inversiones en minería, el Estado y el territorio.

Y habilitar no es solo construir. La viabilidad y competitividad de este ciclo dependen de un desarrollo humano sustentable, ahora y hacia el futuro, trabajadores formados en la región, familias con vivienda y servicios, espacios públicos bien diseñados, y niños que hoy crecen en la pobreza y que mañana deben ser los técnicos y profesionales de esas faenas. No hay otro camino que la educación temprana de nuestros niños y la formación de competencias en nuestra gente. Las cifras del Ministerio no son un capítulo aparte del desarrollo; son una de sus condiciones.

De ahí la importancia de la noticia de esta semana. Si los encuentros reseñados al iniciar y muchos anteriores nos entregaron el diagnóstico, la Agencia de Infraestructura Habilitante para el Desarrollo de Atacama, que se presenta el viernes 9 de octubre, es la oportunidad de pasar a la acción. Se trata de una iniciativa público-privada, impulsada por el Gobierno Regional, que reunirá a gremios, profesionales, expertos, academia, mundo privado y sector público para coordinar esfuerzos y proponer políticas públicas permanentes. Con ella toma forma una institucionalidad que hemos echado de menos, un espacio propio y compartido para priorizar qué construir, dónde y para qué desarrollo, que mire el territorio como un todo y trascienda los ciclos políticos y la lógica sectorial de cada servicio.

Pero, como toda iniciativa público-privada, la Agencia valdrá lo que valgan los recursos que se le pongan. El discurso ya lo conocemos. Ahora el Estado debe priorizar recursos para hacerlo posible, y las inversiones que serán parte de este ciclo deben participar en la infraestructura que viabilizará su propia inversión. Si todos lo hacemos con voluntad y recursos, la Agencia puede ser el lugar donde decidamos, con información y visión de largo plazo, qué obras priorizar para que el nuevo ciclo llegue a tiempo.

Hay, además, una base sobre la cual construir. Según la Encuesta de Bienestar Social del Ministerio, que analizamos en el conversatorio que mencionamos al inicio, el 86% de los atacameños se declara satisfecho con su vida, bastante por sobre el promedio nacional. Queremos esta tierra y queremos quedarnos en ella. Lo que falta es que su riqueza también se quede. Atacama alguna vez “fue de plata” y quedó con el recuerdo de lo que pudo ser. Hoy tiene oro, litio y cobre, un potencial energético único en el mundo gracias a su sol, el diagnóstico y, desde este viernes, institucionalidad para pasar a la acción. Esta vez no dejemos pasar la oportunidad. Y para que no se olvide y se entienda, lo digo “con respeto” en inglés, a través de un popular modismo a los inversionistas que ya están y que llegan a Atacama; y en castellano castizo, al Estado de Chile, respecto de esta institucionalidad que nace y que confío contribuirá a habilitar el desarrollo de nuestra querida Atacama, para pasar por fin del discurso a la acción: “Put your money where your mouth is”. Pon el dinero donde pones la boca.