Archivo, educación y memoria: El trabajo de la Fundación Defensa Patrimonio del Barrio con el Instituto Comercial de Copiapó
- “Hay que entender el archivo no como un objeto que se descubre solamente cuando se transforma en un papel amarillo, sino como un objeto que está vivo. Hay que entenderlo en su dimensión orgánica, como objetos que nos acompañan durante toda nuestra vida”, señala Mabel Tapia Ponce, conservadora y directora de la fundación.
En 2018, al interior del Instituto Comercial Alejandro Rivera Díaz de Copiapó, un hallazgo marcó el inicio de un trabajo que comienza a tomar forma como archivo: un bolso guardado en la dirección del establecimiento contenía 807 fotografías, 17 negativos y 28 álbumes que registraban parte importante de la vida institucional desde la década de 1940 hasta 2012.
La colección —que incluye imágenes de aniversarios, desfiles, salas de clases, visitas ilustres y retratos de estudiantes, docentes y funcionarios— documenta la historia del establecimiento, fundado en 1942 como el primer centro de formación técnica comercial de la región, y da cuenta de prácticas, identidades y las transformaciones sociales que se han experimentado en Copiapó y la Región de Atacama.
Hoy, ese material es resguardado por la Fundación Defensa Patrimonio del Barrio —constituida el 2017 con el objetivo de desarrollar acciones tendientes a la gestión, rescate, restauración, puesta en valor y difusión del patrimonio cultural de la Región de Atacama— quienes impulsan un proyecto orientado a su registro, conservación, digitalización y difusión, con el objetivo de poner en valor este acervo como parte de la memoria local.
Para Mabel Tapia Ponce, directora de la fundación, el desafío no es solo técnico, sino también educativo: “En la región, el trabajo archivístico vinculado a la educación prácticamente no tiene un desarrollo estructurado. No hay políticas educativas locales que lo consideren como una práctica instalada, entonces muchas veces estos procesos quedan sujetos a la voluntad de los establecimientos o de los docentes”.
Esa ausencia de lineamientos definidos ha hecho que experiencias como la del Instituto Comercial o el Liceo José Antonio Carvajal —donde también se han impulsado procesos de rescate documental— se desarrollen de manera interrumpida, dependiendo de las condiciones de cada comunidad educativa. “En el caso del Instituto Comercial, por ejemplo, los archivos estarán en custodia de la fundación hasta que el liceo implemente un espacio adecuado para su resguardo. Y bueno, esas realidades también van configurando cómo es el acercamiento con los estudiantes”, explica Tapia.
El archivo en el aula
A pesar de esas limitaciones, el contacto directo de niños, niñas y jóvenes con documentos históricos ha demostrado tener efectos concretos. “Siempre es muy enriquecedor que los estudiantes puedan acceder a esta documentación, manipularla, trabajar con ella. Son instancias que activan sentidos de identidad, de valor histórico y de vínculo con su propio pasado, plantea la directora de la Fundación .
Aunque podría pensarse como un recurso abstracto, el archivo se transforma en una herramienta pedagógica cuando entra en el espacio educativo y se acompaña de actividades mediación, como la creación de un repositorio. “Permite un acercamiento a los aprendizajes de forma más lúdica y concreta. Les da contexto, los sitúa en un tiempo y en un lugar, y les permite desarrollar distintas capacidades a partir de ese material”, señala.
Uno de los efectos más visibles de este trabajo es el cambio en la percepción que los propios estudiantes tienen de sus establecimientos. “Aunque son súper puntuales las experiencias de trabajo sistemático con estudiantes, los alumnos que han tenido acceso a sus archivos desarrollan un sentido de pertenencia distinto. Ven su institución con otros ojos, amplían su mirada y logran establecer una conexión más profunda con su entorno”, sostiene la archivera.
Para Tapia, incorporar el archivo y la memoria local en la educación no es solo una oportunidad pedagógica, sino también una necesidad formativa. “Es importante entender el archivo no como un objeto antiguo, sino como algo vivo, que nos acompaña durante toda la vida. Trabajar con archivos en el ámbito educativo también permite formar personas más conscientes de sus derechos, del acceso a la información, de la importancia de las fuentes”. Desde esa perspectiva, el archivo no solo construye memoria, sino también ciudadanía. “Estos procesos pueden ayudar a formar personas más críticas, más conscientes de su rol en la sociedad y más vinculadas con su historia”, sostiene.
Mientras el repositorio fotográfico del Instituto Comercial avanza en su digitalización y difusión, el desafío sigue siendo mayor: instalar el archivo como parte integral del sistema educativo.
El repositorio digital se encuentra disponible en aficc.patrimoniodelbarrio.cl

