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Violencia escolar en tiempos digitales: claves para comprender una crisis silenciosa

POR:PAULA CARMONA CABRERA

Desde los estudios de Chañarcillo TV y Radio Chañarcillo en Copiapó, la psicóloga clínica Jade Ortiz Barrera, académica de la Universidad Santo Tomás y especialista en adolescencia, abordó una de las problemáticas más urgentes del sistema educativo actual: el aumento de la violencia escolar y su vínculo con el mundo digital.

Invitada desde Santiago para participar en un taller sobre el fortalecimiento del “tejido educativo” organizado por la Universidad Santo Tomás ,Ortiz explicó que este fenómeno no puede entenderse desde una sola causa. “Hoy tenemos que mirar esto de manera multifactorial”, señaló, destacando que la violencia es parte del ser humano, pero que su expresión actual responde a múltiples factores sociales, culturales y tecnológicos.

Uno de los aspectos más preocupantes, según la especialista, es la forma en que los episodios violentos se viralizan. “No es solo que ocurran hechos graves, sino cómo se replican, se contagian y generan temor”, explicó. Este efecto se ve amplificado por redes sociales y plataformas digitales, donde los contenidos circulan sin control y pueden influir en otros jóvenes.

Ortiz puso especial énfasis en el desconocimiento que existe sobre el entorno digital de los adolescentes. “No solo importa lo que conversan, sino también lo que no vemos”, advirtió. Plataformas de juegos en línea, chats y comunidades virtuales pueden convertirse en espacios donde circulan contenidos peligrosos o se generan dinámicas de riesgo sin que los adultos lo perciban.

En ese sentido, subrayó que muchos padres y docentes aún no logran dimensionar la magnitud de este fenómeno, lo que deja un “punto ciego” que puede favorecer conductas agresivas o desadaptativas.

Otro eje central de la conversación fue el uso intensivo de pantallas desde edades tempranas. La psicóloga señaló que la sobreexposición puede afectar funciones clave como la atención, la memoria y el control de impulsos, dificultando la capacidad de los jóvenes para enfrentar conflictos.

Además, advirtió sobre los riesgos asociados a ciertas plataformas y comunidades digitales, donde pueden surgir contenidos nocivos o dinámicas que fomentan la violencia. No obstante, también reconoció que el entorno digital tiene aspectos positivos, siempre que exista supervisión y un uso consciente.

Consultada sobre cómo identificar a niños y adolescentes en riesgo, Ortiz fue clara: más allá de síntomas clásicos como ansiedad o depresión, el simple hecho de un uso excesivo de pantallas ya es un indicador relevante.

Dificultades para dormir, dependencia del dispositivo o largas שעות de conexión son señales que deben alertar a las familias. “Si su hijo pasa muchas horas en pantalla, ya hay que intervenir”, enfatizó.

Frente a este escenario, la especialista destacó la importancia de una respuesta colectiva que involucre a todos los actores sociales. Entre las principales recomendaciones, mencionó:

Regular y disminuir el tiempo de uso de pantallas.
Supervisar activamente los contenidos que consumen los menores.
Generar espacios de conversación en la familia.
Educar en el uso responsable de redes sociales.

Pero, sobre todo, hizo hincapié en la necesidad de fortalecer los vínculos humanos. “El mayor factor protector frente a la violencia es la capacidad de generar relaciones significativas”, afirmó.

En su reflexión final, Ortiz llamó a recuperar prácticas simples pero fundamentales: compartir en familia, realizar actividades juntos y fomentar valores como la empatía y la compasión.

“La empatía se enseña, no aparece sola”, sostuvo. Y cerró con un mensaje directo a los adultos: “Deje de mirar el celular para mirar a sus hijos”.

La conversación dejó en evidencia que enfrentar la violencia escolar no solo implica políticas públicas, sino también un cambio profundo en la forma en que nos vinculamos como sociedad.