Taller El Chañar: Leer y escribir poesía en Copiapó
- Un grupo reducido se reúne todos los lunes en la biblioteca del nuevo Museo Regional en Copiapó para conversar de literatura. El «taller El Chañar” se imparte desde 2022 y lleva más de 20 publicaciones. Contrario a lo que se pensaría, parece ser que las flores amarillas y su fruto dulce tienen más usos que el arrope.
- “Se sustenta a pura voluntad, la única motivación es ser leídos, es decir, ser parte de la experiencia trágica y bella de escribir”, explica Gabriel Ocaranza, profesor y coordinador de la iniciativa.
Gabriel Ocaranza, coordinador del taller de escritura “El Chañar”, ideó hace algunos años, de una manera u otra, la forma perfecta para trasladar su impronta de profesor de media a un taller local con personas adultas. La manera exacta para trasladar el Plan Lector al simple —o extremadamente complejo— interés literario, con un fuerte componente de arraigo regional. ¿El chañar se lee o se come? Una pregunta que da paso a conocer más de las posibilidades para la poesía en Copiapó.
Gabriel Ocaranza Rojas (1995) es profesor de Literatura y escritor, y actualmente hace de coordinador y director del taller de escritura local El Chañar, que se realiza cada lunes en la Biblioteca Patrimonial Delia Rojas Garcés del recientemente inaugurado Museo Regional de Atacama.
Pareciera ser que su interés mediador no se queda en el aula, con los jóvenes del ETP interesados —o no— en la poesía. Desde el año 2022 los esfuerzos por fomentar y formar lectores y escritores en la región ha sido la inquietud que ha movido a este profesor a agrupar, de manera completamente aleatoria, grupos de personas —mayores de 18 años como único requisito— que comparten intereses. Con el propósito de materializar los resultados del taller a lo largo de los años creó la editorial independiente El Chañar Ediciones, que a la fecha lleva más de veinte publicaciones entre antologías de crónicas y poesía y rescate de autores del siglo XIX como Rosario Orrego y José Joaquín Vallejo.
La poesía, hasta en el lugar menos pensado, abre la posibilidad para discutir en torno a las letras e imaginar, tanto individual como colectivamente, una extensión del “yo” y adentrarse en otras vidas y otros lugares.
¿Cómo nace el taller El Chañar? ¿Desde cuándo se imparte?
Nace a partir de mi experiencia en talleres de escritura en el puerto de Valparaíso. Tras años de participar en talleres allá, al retornar el 2022 sentí la falta de espacios en torno a prácticas de escritura, por lo que me puse el objetivo personal de abrir un espacio con todo lo aprendido en otros lugares, así nace El Chañar, un poco por escasez cultural y otro por voluntad de trabajo en torno a la literatura.
¿Qué es, pensando en sus bases, el Taller El Chañar? ¿De qué se trata?
El taller de escritura local El Chañar está enfocado en las artes literarias, tanto en escribir como leer literatura. Leer desde lo local, reconociendo en estos materiales todo lo que el concepto de territorio nos puede brindar, es decir, reconocer dentro de lo territorial una huella de escritura para poder así también renovarlo. En ese sentido está enfocado en la producción de escritores y escritoras para renovar, si es que puedo usar esta palabra, el canon de la literatura local.
¿Qué han hecho en las cuatro versiones anteriores? ¿Podrías ahondar en las experiencias previas? ¿A quienes reúne, en general, año a año? ¿Hay rotación, se repiten rostros?
Han sido ya cuatro generaciones de escritores y escritoras que nos han acompañado estos años. Nos dimos el tiempo de sentarnos a leer lo que se ha escrito en la región de Atacama desde el siglo 19 en adelante y a partir de allí encontrar nuestra propia escritura. Con esta forma de trabajo nos reunimos semana a semana a pensar la literatura personal en función a lo colectivo, al trabajo en equipo. Ha reunido a estudiantes de la Universidad de Atacama, profesionales de las ciencias y las humanidades, artistas locales y personas de paso por la ciudad de Atacama. Claro que hay rotación y claro que se repiten rostros, como es a ratos el taller más persistente hay quienes insisten en asistir, participar, escribir en común. A raíz de esto hemos propuesto desde lo escénico lecturas de poesía en bares y espacios culturales de la región, donde destacamos a Caja Crisol que ha sido quien nos recibió hasta el año pasado y propone una cartelera artística muy potente. Por otra parte, gracias a la colectividad y a la necesidad de publicar los escritos de los y las talleristas, nace El Chañar Ediciones, microeditorial.
¿Qué actividades se llevan a cabo en la versión de este año? Han recibido la visita de otros poetas, como Juan Santander Leal y del escritor y cineasta José Guerrero Urzúa. ¿Cuál es el objetivo detrás de esto?
Año a año invitamos a los amigos y amigas que la literatura nos ha brindado para que nos conversen sobre su experiencia de escritura. El objetivo detrás de esto es mostrar las distintas formas de trabajo que tienen quienes se dedican a la literatura. Lo importante es aportar más miradas en torno al solitario oficio de escribir. Juan Santander Leal es uno de los escritores que leemos con mucho aprecio en el taller, porque su poesía dialoga con la experiencia que el taller desea. Con José Guerrero Urzúa fue una sorpresa gracias a las gestiones del bibliotecólogo de la Biblioteca Patrimonial Delia Rojas Garcés, Carlos Moya, quien nos hizo el vínculo para una clase magistral sobre narrativa aplicada al cine. Todo esto es parte de la formación como escritores.
¿Cómo se sustenta el taller? ¿Cuál crees que es la principal motivación de los asistentes?
El taller se sustenta a pura voluntad, mía y de los y las talleristas. Su motivación es escribir, escribir y ser leídos. Ser parte de la experiencia trágica y bella de escribir. No tiene costo de inscripción ni de participación, hemos hecho uso del circuito cultural de la ciudad de Copiapó, lo que nos ha permitido transitar entre diversos espacios acá e incluso ser invitados a otras ciudades y regiones. La motivación de los asistentes es trabajar su propia escritura de la mano de otros escritores y escritoras. Leer y ser leído son dos ejercicios importantes en el taller. Publicar puede ser una motivación, pero anterior a eso está escribir en silencio y leer en público.
¿Y la tuya?
Mi motivación personal es entregar a Atacama aquello que cuando empecé en la escritura no había: un taller de escritura que reciba a personas con inquietudes literarias, charlar de literatura y hacer amigos y amigas.
¿En qué consiste el ciclo de este año en relación a los anteriores?
Este año el taller se realiza en la Biblioteca Patrimonial Delia Rojas Garcés, quien es una escritora cuyo nombre y literatura se está rescatando del olvido. Eso sería una novedad, porque es un espacio muy bello y propicio para escribir rodeado de los libros donados de instituciones y bibliotecas de copiapinos y copiapinas del pasado. También, este quinto año ampliamos las lecturas del taller desde una literatura local hacia una literatura de otras tierras para complementar la formación como lectores de literatura. Queremos hacer lecturas públicas, estimular la escritura creativa, además fomentar la lectura de autores y autoras locales.
¿Por qué en la Biblioteca Patrimonial Delia Rojas Garcés del nuevo Museo Regional? ¿Cómo se abre esta posibilidad y qué significa para ti realizar un taller de escritura en este lugar?
Desde su origen el taller ha sido bastante nómade, hemos estado en Centro Cultural Ser Humano, en la extinta Salita de Papel y también en Caja Crisol. Actualmente se nos brindó este espacio gracias a la gestión del bibliotecólogo de la biblioteca, Carlos Moya, quien ha estado realizando un trabajo impecable de curatoría de los libros. Pero su labor no es solo cuidarlos, sino vincularlos con la gente y con la producción literaria local, entonces desde ahí se hizo el nexo. Nos ofreció esta posibilidad y la aceptamos porque en realidad es un espacio nuevo, es un espacio bello y bastante útil para escribir y leer con calma.
Esta es la quinta versión del taller, ¿cuál es la línea que se espera desarrollar? ¿Cuál es su orientación y cómo se desmarca de las versiones anteriores?
El objetivo de esta versión, personalmente, es que sea la última, porque tengo otros proyectos en mente que significan estar fuera de la ciudad, por tanto, citando la frase del Mundial del 62, “porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo”: publicar a los talleristas de forma colectiva y de forma individual, realizar distintas lecturas a lo largo del circuito cultural local, hacer concursos literarios para estimular la producción de escritura fuera del taller, donde el mismo taller va a fungir de jurado. Y en esta misma medida, nada más que renovar un trabajo que otros y otras han hecho desde el siglo XIX, para que otros y otras puedan seguir con este trabajo cuando El Chañar ya no esté.
¿A quién apunta específicamente este taller y quiénes son las personas que hoy día están participando de él? ¿Cuál es el camino que esta persona toma?
Aquí en la ciudad de Copiapó, en la Región de Atacama, el área de la literatura en realidad está relegada: en la Universidad de Atacama a Pedagogía, Derecho, Trabajo Social, Psicología, entonces no hay un espacio formativo en letras que se haya caracterizado por persistir en el tiempo. Viendo la crisis cultural que hay acá en la región de Atacama y haciendo un balance, uno se da cuenta de que hay espacios para el teatro, hay espacios para la danza, para la música y esta, que es una de las artes más solitarias, como es la literatura, no tiene ningún espacio donde se pueda trabajar colectivamente, donde otros ojos puedan leer lo que tú escribiste u otras bocas comentar lo que de tu boca salió. Entonces, aquí se está apuntado a todas las personas mayores de edad que tengan interés en el arte de la palabra y que tengan algo que decir, que escribir y que publicar.
Última pregunta, ¿tú ya comiste chañar?
El chañar soy yo.

