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Sismos en Carrizal Bajo mantiene en alerta a la zona costera de la Región de Atacama

La semana pasada una seguidilla de sismos registrados frente a la costa de Carrizal Bajo, en la Región de Atacama ha llamado profundamente la atención de especialistas: en pocas horas, más de 10 sismos concentrados en una misma zona marítima, aproximadamente entre 40 y 50 kilómetros al noroeste de la localidad. Entre ellos destacaron eventos de magnitud 5,3; 5,4 y 5,5.

En conversación con Diario Chañarcillo, Miguel Cáceres Munizaga, geólogo e investigador independiente, realiza inmediatamente una distinción: “Lo que sucedió frente a las costas de Carrizal no fue un enjambre sísmico, sino una secuencia de sismos. Para considerarlo un enjambre, debe haber un drástico incremento en los temblores, como lo ocurrido en 2006 frente a Caldera, cuando se registraron más de 150 sismos perceptibles en un solo día”.

“Estos sismos son un recordatorio que vivimos en una zona que no ha tenido un terremoto mayor a 8 desde 1922 y que ya ha acumulado la suficiente energía como para que se produzca uno de tamaño similar”, advierte.

Desde el Centro Sismológico Nacional se ha mantenido el monitoreo constante de la actividad, mientras que el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred) ha descartado, hasta ahora, condiciones para tsunami o cambios en los niveles de alerta. En este contexto, las autoridades han reforzado el llamado a la calma y a la preparación, enfatizando que este tipo de eventos no permite anticipar un sismo mayor, pero sí exige atención a los canales oficiales y conocimiento de los protocolos de evacuación.

En esa línea, Cáceres sostiene que “diariamente ocurren decenas de sismos cuyos parámetros son almacenados y analizados por los profesionales del CSN. Sin embargo, los datos provenientes de los GPS de alta resolución son especialmente valiosos ya que permiten, en términos simplificados, medir dónde y cómo se va acumulando la energía producto del constante acoplamiento entre las placas tectónicas”.

“El verdadero desafío actual no es solo capturar la información, sino analizar esta enorme cantidad de datos en busca de sutiles ‘señales’ o patrones que a futuro nos permitan anticipar los grandes terremotos”, finaliza el geólogo.