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Nunaimi, ilustradora: “En el cómic terminé encontrando mi camino de vida”

  • La artista trabaja en “La olla a presión”, una historia de ficción ambientada en su ciudad natal que mezcla baile y romance. Tras explorar el duelo en “Nomeolvides” y el trastorno obsesivo compulsivo en “El doble opuesto”, busca que sus lectores también puedan “reírse y disfrutar de sus historias”. Desde Copiapó ha desarrollado una técnica interesante que mezcla diferentes disciplinas, y que le ha significado trabajar para autoras como Daniela Thiers, Paulina Palacios, editoriales como Planeta y Sketchi e instituciones públicas como el Mineduc.

Nunaimi (27 años) es ilustradora, diseñadora y artista de cómic. En 2024 ganó el Concurso de One-shots de Sketchi, Editorial chilena de manga y novelas, con «Nomeolvides», una historieta inspirada en la muerte de su gato Bowie. También es autora de «El doble opuesto», un fanzine autobiográfico que aborda su experiencia con el trastorno obsesivo compulsivo (TOC). “Era una forma de reírme un poco de mi propio sufrimiento”, comenta.

Aunque vivió en Santiago para estudiar en Artes Visuales en la Universidad de Chile, volvió prontamente a Copiapó, su ciudad natal, donde se ha dedicado a desarrollar un imaginario propio, marcado por su cotidianidad, y a apoyar proyectos editoriales desde el diseño y color como “Spill the Ink 2025”, para el Programa Inglés Abre Puertas del Ministerio de Educación; “Alegría y Sofía” y “Frida Eterna 2”, de Daniela Thiers para Editorial Planeta; “Mientras Yubooh duerme” de Paulina Palacios, también para Editorial Planeta.

Bowie.

Su nombre, que prefiere mantener en cierto anonimato, pasa a segundo plano cuando nos habla de sus publicaciones, las referencias que atraviesan su trabajo y la experiencia de participar en la Sesión FIC: Manga Santiago 2026 donde conoció a dos editores de la editorial japonesa Kōdansha, quienes realizaron sesiones de “mochikomi” —revisión de portafolios— con artistas chilenos. Nunaimi, adelantó, además, algunos detalles de su próximo proyecto, un “coming of age” situado en Copiapó que explora el folklore y el amor .

¿Qué me podrías decir sobre tu próxima publicación?

Si bien las historias que había trabajado en mis primeros años tenían un corte más autobiográfico, esta es la primera que está creada desde cero, y ambientada en Copiapó. Es una historia que se podría considerar “coming of age”: relatos donde hay un proceso de autodescubrimiento, en el que los personajes van explorando quiénes son, buscan ser mejores personas o encontrar su camino de vida. Habla mucho de ser sincero con uno mismo y con lo que uno hace y le gusta. No puedo contar demasiado todavía, aunque me encantaría hablar más de ella. Se llama “La olla a presión”.

¿Cómo conversan la ilustración, el diseño y el cómic en tu trabajo? ¿En qué momento deja de ser solamente algo que te gustaba y se convierte en una forma para poder comunicar ciertas cosas?

Bueno, desde pequeña supe que quería dibujar, porque era lo que más me gustaba hacer en el mundo. Al principio estudié Artes y, aunque aprendí harto, sentía que no era el enfoque que estaba buscando y, también por otros motivos, entré a Diseño en la Santo Tomás de Copiapó…Con el diseño encontré una gran herramienta que me sirve mucho para la ilustración y el cómic.
El diseño, básicamente, se trata de ordenar información. Eso se aplica a las composiciones de una ilustración, pero también a los aspectos técnicos de una historieta: cómo armarla, estar pendiente de los textos, de lo que se puede perder en la impresión y de evitar errores.

Y el cómic, últimamente, también se ha integrado harto en mi proceso. Son disciplinas relacionadas, pero un ilustrador no necesariamente es artista de cómic. Para hacer cómic hay que leer mucho cómic o manga y analizar cómo se comunica. En estos últimos años, me ha ayudado a convertirme en una dibujante más integral, porque te obliga a salir de tu zona de confort: dibujar fondos, trabajar perspectivas, mejorar el entintado y observar mejor lo que te rodea.

Duelo y TOC

Hablemos de “Nomeolvides”, la obra con la que ganaste el concurso de One-shots de Sketchi, disponible en Manga Plus. ¿Cómo nació esa historia?

“Nomeolvides” es una obra bien extraña en ese sentido, porque fue la primera que realmente me tomé en serio y que hice para mí. Nació en 2024, cuando salió la convocatoria del concurso. Mi meta de ese año era hacer al menos un cómic y quería aprovechar la oportunidad. Pero ese año caí en depresión… Uno de los motivos fue la muerte de Bowie, que ocurrió diez días después de mi cumpleaños. Fue muy sorpresivo y mentalmente me destruyó. Además, estaba lidiando con mi trastorno y con un bloqueo creativo que me impedía dibujar.

Cuando quedaban dos semanas para entregar la obra, me di cuenta de que la historia que tenía en mente era demasiado larga para contarla…Habían pasado seis meses desde la muerte de Bowie y, mientras veía TikTok, encontré a una chica que hablaba de un sitio donde se podían escribir cartas públicas a personas que ya no estaban en tu vida. Yo sentía que Bowie se había ido enojado conmigo. Había tenido sueños con otros seres queridos que habían fallecido, incluso con otro gatito, pero con él no me había pasado, pese a la linda conexión que teníamos. Entonces nació la idea de escribirle una carta, que terminó convirtiéndose en el cómic.

Bowie en «Nomeolvides». Disponible en MangaPlus.

Entre mis referencias estaban “Ella y su gato”, en la versión manga dibujada por Tsubasa Yamaguchi, autora de “Blue Period”; la canción “Mátenme porque me muero”, de Caifanes, y “Entre mis brazos”, de Los Bunkers. También me marcó un cómic de Sun Morales sobre la muerte de su gato Darwin. Al final, “Nomeolvides” terminó siendo una obra de autoexpresión, muy autobiográfica. Fue una forma de lidiar con mi tristeza y de procesar una pérdida que todavía me hace mucha falta.

En “El doble opuesto” abordas otra experiencia personal: vivir con TOC. ¿Por qué quisiste contarla a través de personajes antropomórficos y con un tono más humorístico?

“El doble opuesto” también nace como una forma de desahogo. No cuenta toda mi experiencia, pero busca que se entienda, a grandes rasgos, lo que significa vivir con un trastorno obsesivo compulsivo. Llevo lidiando con él desde 2015, pero recién en 2022 me diagnosticaron.

Es bastante común que el diagnóstico llegue tarde, en parte por la vergüenza y también porque mucha gente no sabe realmente qué es el TOC. Está muy caricaturizado y malentendido. Cuando empecé a tener mis primeros síntomas, mis pensamientos intrusivos y obsesiones, jamás se me habría pasado por la mente que tenía TOC. Existe la idea de que se trata de personas a las que les gusta el orden, lavarse las manos o mantener rutinas de limpieza. Pero no necesariamente es así. No es algo que uno disfrute: puede ser una fuente de mucho sufrimiento.

En mi caso, me centro en el TOC violento, uno de sus subtipos. Quería abordar esa experiencia a través de animales antropomórficos porque me interesaba enfatizar el absurdo de algunas situaciones. Sentía que, con personajes humanos, la historia podía verse demasiado seria. Quería que, pese a lo densa que puede llegar a ser, fuera más chistosa, más liviana. También era una forma de reírme un poco de mi propio sufrimiento.

Entre mis inspiraciones está “Todo en todas partes al mismo tiempo”, por esa manera de llevar el absurdo al extremo. También me gusta “Ouran High School Host Club”, una comedia romántica que rompe mucho la cuarta pared. Es un recurso que trato de incorporar en mis obras porque forma parte de mi tipo de humor.

Uno de los paneles de «El Doble Opuesto». Disponible en Drive.

¿Cómo se traduce ese “absurdo” en el lenguaje del cómic y en tus técnicas narrativas? ¿Qué parte de tu trabajo es más intuitiva, en ese sentido, en contraste de una parte más “pensada”?

Uy, mira, esto me recuerda a una experiencia que tuve en agosto, durante la “mochikomi” de Sesión FIC, donde fui seleccionada para revisar mi trabajo con editores japoneses de Kōdansha. Mi editor me dijo que yo dibujaba cosas que me gustaban, pero muchísimo: gatos, mi ciudad, las cosas que me interesaban. La visión de ellos era más editorial y comercial, más enfocada en pensar en el público. Yo, en cambio, entiendo el cómic como un medio de autoexpresión, algo muy personal.

No es que no quiera salir de mi zona de confort, sino que busco ser lo más sincera posible con el medio. Muchas obras que resultan exitosas nacen de autores que realmente querían contar algo, y eso me pasa a mí. Quiero contar mi tristeza, mi camino con el trastorno y ahora esta historia que, aunque no es autobiográfica, también incorpora aspectos humanos que puedo ver en mí.

¿Cómo fue esa conversación con un editor japonés? ¿Cómo se comunicaban?

Fue una conversación bien extraña. Fueron más de cien postulaciones y quedaron seleccionadas solo catorce en todo Chile. Yo estaba muy sorprendida; al principio no me lo creía. Había dos editores, Ayane Chiba y Yusuke Imamura. A mí me tocó con Yusuke, que no hablaba español, así que nos comunicábamos en inglés o por medio de un traductor. La conversación se volvió bastante abstracta y él la llevaba hacia una mirada más comercial, más centrada en el público. Por ejemplo, apareció la idea de pensar una escena para hacer llorar al lector. Yo no estaba de acuerdo. Me acordé de una entrevista a Naoki Urasawa, quien plantea que provocar el llanto puede sentirse como una forma de incitar o manipular al lector.

Yo pienso algo parecido. No creo que el objetivo principal de hacer un cómic deba ser que la gente llore. Eso tiene que darse de manera orgánica. No hice «Nomeolvides» pensando que quería hacer llorar a todo el mundo. Fue una forma de expresar algo que necesitaba contar. La conversación se me hizo muy corta y no hubo un cierre propiamente tal, porque se había agotado el tiempo. Pero me quedo con algo que me dijo: «El alma la tienes».

¿Esa experiencia te hizo cuestionar tu manera de crear?

Más bien reafirmé mi filosofía como autora. Yo creo para mí. Si al público le gusta, bien, pero mi principal motivación es sentirme feliz con lo que hago.

No significa que no me importe el lector. Simplemente, no quiero construir una escena pensando en la emoción que debería provocar. Si una historia hace reír, emociona o conmueve, ojalá sea porque eso surgió de manera natural.

¿Y cuánto puede cambiar una historia desde la idea inicial hasta que se convierte en una obra terminada?

Difiere harto, pero al mismo tiempo siento que no tanto. Muchas veces tengo el inicio y el final pensados; lo que me cuesta es construir toda la parte intermedia, encontrar el camino para llegar a ese desenlace. Ahí me ayuda mucho mi pololo. Salimos a caminar y conversamos sobre las historias. Así vamos construyendo lo que conecta la premisa inicial con el final.

“El concurso de One-shots de Sketchi Editorial es una gran oportunidad para autores que están empezando. Es una instancia para aprender, darse a conocer y generar nexos”, dice sobre la séptima versión que estará abierta hasta el 31 de diciembre de 2026 para recibir historietas. Las bases y los requisitos de participación se pueden revisar en el sitio web de la editorial.

¿Cómo aparece “La olla a presión”? ¿Cuál es la intención detrás de trabajar desde la ficción?

En el cómic siento que encontré mi camino de vida. Es lo que quiero hacer y esta última obra se ha convertido en mi razón de vivir, así de fuerte. Quiero contar esta historia porque me llena y porque quiero mostrar mi ciudad, mi región y el cariño que le tengo a Copiapó y sus alrededores. Por eso busco incorporar referencias a elementos de la zona, como el desierto florido.

“Recién estoy empezando”, dice respecto a algún rédito social o económico que podría traer el cómic. Actualmente, Nunaimi combina su trabajo como colorista para la escritora chilena Daniela Tiers con encargos de diseño que le permiten sostener su labor como autora. “Me reencanté con el medio hace poco, entonces estoy muy atrasada; tengo que ponerme al día porque mientras que otros autores de mi edad o menores ya han sacado sus libros, yo todavía no he sacado un libro como tal, una historia”, dice presionada, hasta cierto punto, por una industria editorial precaria, pero que lucha por ampliar su oferta y alcance.

¿Qué te gustaría conseguir con “La olla a presión”? ¿Qué buscas en esta etapa de tu trabajo?

Una de las cosas que me gustaría lograr con esta obra es hacer reír. Pero tampoco es que vaya a construir una escena pensando: “Quiero hacer reír”. Es más bien que una escena que me dio risa mientras la hacía, ojalá al lector también le resulte divertida. Me gustaría que la gente pudiera disfrutar la lectura. Eso es lo que más quiero lograr.

Para cerrar, ¿qué les dirías a quienes están empezando a hacer cómics y quieren publicar o presentar una obra en algún concurso?

El concurso de One-shots de Sketchi es una gran oportunidad para autores que están empezando. Yo participé porque, aunque tenía algunos conocimientos teóricos, todavía me faltaba aprender mucho. Es una instancia para aprender, darse a conocer y generar nexos.
Siento que “Nomeolvides” me abrió muchas puertas como autora. Además, hacer cómics me ayudó a salir de un bloqueo creativo que llevaba años arrastrando. Volví a renacer creativamente gracias a este medio.

El cómic es una herramienta de autoexpresión. Permite reflejar ideas, pensamientos, vivencias y sentimientos. No necesariamente tienes que escribir un diario o una carta para ti mismo: también puedes usar el cómic para expresarte. Es una herramienta muy liberadora.