La feria de la Candelaria: tradición, ofertas y esfuerzo familiar en Copiapó
Como cada verano, la Fiesta de la Candelaria no solo convoca a fieles y visitantes, sino que también se transforma en un punto clave para el comercio popular. Decenas de feriantes provenientes de distintas zonas del país llegan hasta la capital de Atacama con ofertas, novedades y productos pensados especialmente para las familias, en una mezcla de tradición, esfuerzo y emprendimiento.
Uno de ellos es Rafael Pizarro, comerciante que, como todos los años, viajó desde Santiago para instalar su puesto en Copiapó. Su foco está puesto en los artículos escolares, justo en el inicio del año académico.
“Traemos todo lo que es para colegios, productos de marca, a buen precio”, comenta. Entre las ofertas más llamativas destacan los lápices de colores: doce unidades más dos lápices grafito por solo dos mil pesos. Además, Rafael asegura que los precios son flexibles y que siempre existe la posibilidad de realizar descuentos según la compra.
Desde otro sector de la feria, Marco Jorgera presenta una variada oferta que incluye herramientas y artículos para el hogar. La gran novedad de este año es un rastrillo de acero, armable y desarmable, que se adapta al tamaño de la hoja y ha sido un éxito en distintas ferias del país.
“Vamos desde La Tirana hasta Puerto Montt, y este producto es el que más se vende”, explica. El valor del rastrillo es de cinco mil pesos, destacando por su practicidad y durabilidad. Marco lleva tres décadas participando sin falta en la Fiesta de la Candelaria, consolidándose como parte del paisaje tradicional del evento.
Con 25 años de trayectoria, Silvia Cabezas, comerciante local de Copiapó, ofrece soluciones prácticas para el hogar. Su principal novedad este 2026 son los controles remotos universales, compatibles con Smart TV y televisores antiguos.
“El control vale cinco mil pesos y viene con pilas incluidas”, señala, agregando que también venden ropa escolar como calcetas, polainas y bucaneras. Su permanencia en el mismo lugar por más de dos décadas la ha convertido en un punto de referencia para los visitantes habituales.
La ropa también tiene un espacio importante en la feria. Fernando Roa, con 40 años de experiencia en la Candelaria, llegó este año con una fuerte liquidación: poleras de algodón a tres mil pesos o dos por cinco mil.
“Traemos mil quinientas poleras para vender aquí”, comenta. A esto se suman shorts de mezclilla de confección nacional y polerones de algodón en tallas reales, pensados para el público adulto.
Finalmente, el sello artesanal lo ponen Carolina Huayca y su familia, artesanos de Pomaire que participan por segundo año consecutivo en la fiesta. Sus productos de greda incluyen fuentes para horno, platillos rectangulares, hueveras con jarra y gallinitas decorativas.
“El año pasado nos fue muy bien, por eso quisimos volver”, señala Carolina, destacando el cariño del público copiapino hacia la artesanía tradicional.
La Fiesta de la Candelaria no solo mantiene viva una tradición religiosa y cultural, sino que también se consolida como un espacio de encuentro entre comerciantes y comunidad, donde la experiencia, el trabajo constante y las buenas ofertas siguen siendo protagonistas año tras año.













