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La evolución de como los humanos nos gobernamos: primera parte, la monarquía absoluta y las complejidades que la volvieron aborrecida y obsoleta

Por Rodrigo Ferrada.

Periodista, analista internacional de Diario Chañarcillo.

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“Rex”, esta palabra en latín, tanto arcaico como posterior, significa, simplemente, “rey”, pero fue, desde la caída del reino de Roma que formó la República Romana, y hasta el colapso del Imperio, tan aborrecida tanto por los “patres”, como el “populus”, que su sólo sonido causaba pavor. Esto, debido a la infamia del reinado de Lucius Tarquinus Superbus, el último “Rex” de Roma, que se caracterizó por su brutalidad, tiranía y opresión de las masas que causaron finalmente la caída de su gobierno y de los reyes de Roma que se remontaban al legendario fundador de la Ciudad Eterna, Romulus.

 

Esta serie de opinión y revisión histórica, tratará sobre como la raza humana ha ido definiendo sus formas de gobierno para poder mantener un orden social y mantener más que una nación, un Estado, partiremos por un modo de gobierno ancestral y primitivo, con orígenes incluso en las primeras civilizaciones de Mesopotamia, la monarquía, aunque, hay formas aún más antiguas de proto-gobierno tribal, previo al comienzo de la civilización urbana, es casi imposible analizar estas, porque se pierden en la oscuridad prehistórica antes de la invención de la escritura.

 

LA MONARQUIA Y SUS ORIGENES

 

Una monarquía es una forma de gobierno hereditaria en la que el poder político se transmite legalmente a los familiares del monarca, un jefe de estado que gobierna vitaliciamente. Si bien los monarcas obtienen su poder según leyes de sucesión específicas, también pueden obtener su autoridad mediante elecciones, como era el caso de la antigua Roma pre-republicana, que pese al dominio del “Rex” contaba con un Senado. Muchas veces el poder del rey en un Estado, se decía emanaba de los mismísimos dioses, lo que hacía el absolutismo aún más potente.

 

La palabra monarca apareció por primera vez a mediados del siglo XV como “monark”, que significa “gobernador supremo vitalicio, gobernante único o autocrático de un estado”. Proviene del francés antiguo “monarche” (siglo XIV, francés moderno “monarque”) y directamente del latín tardío “monarcha”, que a su vez deriva del griego “monarkhēs”, que significa “el que gobierna solo”. Por su parte, el término monarquía se remonta a mediados del siglo XIV, cuando se refería a un reino o territorio gobernado por un monarca, y a finales del siglo XIV también significaba el gobierno de una sola persona con poder supremo. Proviene del francés antiguo monarchie (siglo XIII), que significa “soberanía” o “poder absoluto”, que fue tomado del latín tardío monarchia y en última instancia del griego monarkhia, “gobierno absoluto”, literalmente “gobierno de uno”.

 

La forma similar de jerarquía social conocida como jefatura o realeza tribal, como ya dije, es prehistórica. Las jefaturas proporcionaron el concepto de formación estatal, que comenzó con civilizaciones como Mesopotamia, el Antiguo Egipto y la civilización del valle del Indo. En algunas partes del mundo, las jefaturas se convirtieron en monarquías. Algunas de las monarquías más antiguas registradas y documentadas fueron Narmer, faraón del Antiguo Egipto, alrededor del año 3100 antes de Cristo, y Enmebaragesi, rey sumerio de Kish, cerca del año 2600 antes de la era cristiana.

Desde los registros más antiguos, los monarcas podían ser directamente hereditarios, mientras que otros eran elegidos entre los miembros elegibles. En las religiones egipcia, china, india, mesopotámica, sudanesa, protoindoeuropea reconstruida, entre otras, el monarca desempeñaba funciones sagradas directamente relacionadas con el sacrificio y, en ocasiones, se le identificaba con la ascendencia divina, lo que posiblemente estableció la noción del “derecho divino” de los reyes, que fomentaba la autocracia y la tiranía.

 

Polibio identificó la monarquía como una de las tres formas básicas de gobierno «benignas» (monarquía, aristocracia y democracia), en contraposición a las tres formas básicas de gobierno «malignas» (tiranía, oligarquía y oclocracia). En la antigüedad clásica, el monarca suele identificarse como «rey» o «gobernante» (que se traduce como archon, basileus, rex, tyrannos, entre otros). Polibio originalmente entendía la monarquía como un componente de las repúblicas, pero desde la antigüedad la monarquía se ha contrastado con las formas de república, donde el poder ejecutivo lo ejercen los ciudadanos libres y sus asambleas. El texto hindú Arthasastra, del siglo IV antes de Cristo, expuso la ética del monarquismo. En la antigüedad, algunas monarquías fueron abolidas en favor de tales asambleas, como en Roma (República Romana, 509 a. C.) y Atenas (democracia ateniense, 500 a. C.), veremos primero los reyes de Roma, su absoluto fracaso y su abolición en favor de la república.

 

¿REX EST TU?

 

Conforme a la leyenda, Roma, la ciudad eterna, fue fundada por los Hermanos Romulus, y Remus, hijos del mismísimo dios Marte, que fueron rescatados de la desgracia y críados por una loba, en los turbulentos tiempos de la Italia de la antiguedad, donde las ligas latinas de Latium competían y colaboraban con la extinta civilización etrusca de Etruria, y los Samnitas, por mencionar algunos. El lugar de la fundación del Reino Romano (y posteriormente de la República y el Imperio) incluía un vado para cruzar el río Tíber en el centro de Italia. El Monte Palatino y las colinas que lo rodeaban proporcionaban posiciones fácilmente defendibles en la amplia y fértil llanura circundante. Cada una de estas características contribuyó al éxito de la ciudad, que se cree partió como un lugar de intercambio y comercio de paso a las grandes urbes itálicas.

La versión tradicional de la historia romana, que se ha transmitido principalmente a través de Tito Livio (64 o 59 a. C. – 12 o 17 d. C.), Plutarco (46-120) y Dionisio de Halicarnaso (c. 60 a. C. – después del 7 a. C.), relata que una serie de siete reyes gobernaron el asentamiento en los primeros siglos de Roma. La cronología tradicional, codificada por Varrón (116 a. C. – 27 a. C.) y Fabio Pictor (c. 270 – c. 200 a. C.), concede 243 años para sus reinados combinados, un promedio de casi 35 años. Desde la obra de Barthold Georg Niebuhr, la erudición moderna generalmente ha descartado este esquema. Las tribus Galas de lo que ahora es Francia, destruyeron muchos de los registros históricos de Roma cuando saquearon la ciudad tras la Batalla de Alia en el 390 a. C. (según Varrón; según Polibio, la batalla tuvo lugar entre los años 387 y 386), y lo que quedó finalmente fue víctima del tiempo o del robo. Al no haberse conservado registros contemporáneos del reino, todos los relatos de los reyes romanos deben ser cuidadosamente cuestionados.

 

ROMA SE HARTO DE LOS REYES

 

La cosa es que, estos reyes gobernaron al principio en prudencia, pero luego, el poder absoluto trajo la corrupción del alma, los excesos, la locura, los abusos, la brutalidad. De a poco el populus romano fue hartándose de esto. El séptimo y último rey de Roma fue Lucius Tarquinius Superbus “el Soberbio”. Era hijo de Prisco y yerno de Servio, a quien él y su esposa habían asesinado. Gobernó durante 25 años.

Tarquinius libró varias guerras contra los vecinos de Roma, incluyendo a los volscos, los gabios y los rútulos. También consolidó la posición de Roma como cabeza de las ciudades latinas. Asimismo, emprendió una serie de obras públicas, en particular la finalización del Templo de Jupiter Optimus Máximus y las obras de la Cloaca Máxima y el Circo Máximo. Sin embargo, el reinado de Tarquinius es recordado por su uso de la violencia y la intimidación para controlar Roma y su falta de respeto por las costumbres romanas y el Senado.

La tensión llegó a su punto álgido cuando el hijo del rey, Sextus Tarquinius, violó a Lucrecia, esposa e hija de poderosos nobles romanos. Lucrecia contó a sus familiares sobre el ataque y se suicidó para evitar la deshonra del episodio. Cuatro hombres, liderados por Lucius Junius ​​Brutus (fundador de la república y ascendiente del comocido Brutus de César), entre ellos Lucius Tarquinius Colatino, Publio Valerio Poplicola y Espurio Lucrecio Tricipitino, incitaron una revolución que depuso y expulsó a Tarquinio y a su familia de Roma en el 509 a. C.

 

Y esa fue la breve historia del reino de roma, Tarquinius era visto tan negativamente que la palabra para rey, como mencioné, “Rex”, tuvo una connotación negativa en latín hasta la caída del Imperio romano. La monarquía, en uno de sus primeros intentos, fracasó.

 

Lucius Junius ​​Brutus y Lucio Tarquinio Colatino se convirtieron en los primeros cónsules de Roma, marcando el inicio de la República Romana. Este nuevo gobierno sobreviviría durante los siguientes 500 años, hasta el ascenso de Julio César y Augusto, y abarcaría un período en el que la autoridad y el control de Roma se extendieron a vastas zonas de Europa, el norte de África y Asia Occidental, pero, no perdudaría por siempre, también, fracasó, pero eso, lo veremos en otro capítulo de esta serie.