Chile y el mundo

La antigua y turbulenta relación de EEUU con Irán llevada al extremo en la era nuclear

Por Rodrigo Ferrada

Periodista, analista internacional de Diario Chañarcillo

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Nuevamente, el planeta esta observando en horror como Estados Unidos junto a Israel atacan Irán incesantemente mientras la tambaleante, ahora, República Islámica lanza contraataques esperando disminuir, o castigar, al menos, los ataques.

Pero, ya es oficial, el Ayatola Alí Jamenei, sucesor directo, en 1989, del Ayatola Khomeini, el fundador del Estado Islámico Iraní, ha muerto, la cúpula de poder principal, está eliminada.

¿EL RETORNO DEL SHAH?

Antes de la revolución islamista chiíta de Khomeini, Irán estuvo gobernada por los Shah, los emperadores dinásticos persas, que, entre muchas cosas, fueron acusados de ser títeres de occidente, específicamente de EEUU y el Reino Unido tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

El último fue el Shah de Persia Mohammad Reza Pahlavi, el último “emperador persa”, que gobernó entre 1941 a 1979. Este gobernante sería derrocado por la revolución fundamentalista del Ayatola Ruhollah Khomeini, que abolió la monarquía, para establecer la República Islámica de Irán.

El último Shah, es recordado por introducir en 1963 la “Revolución Blanca”, una serie de reformas destinadas a “convertir Irán en una potencia global” modernizando y nacionalizando industrias clave, y redistribuyendo tierras, esto junto con una política de fuerte nacionalismo.

El Shah también instituyó tarifas de política económica, y prestamos preferenciales a negocios locales, en búsqueda de crear una economía iraní independiente. Se inició una gran industria manufacturera de muchos productos, lo que creo una nueva clase industrialista. Pero los estrechos lazos del Emperador con occidente, lo convirtieron en el blanco ideal para Khomeini, que con su radical e incendiario discurso, hizo crecer la inquietud política, hasta que la posición del Shah se hizo insostenible, para el año 1979, con diversos atentados y descontento civil. Hasta sus aliados occidentales ya daban por hecho que el Gobierno de Pahlavi no seguiría por mucho tiempo, finalmente, el Shah se retiró al exilio en Egipto, no sin antes la ocurrencia de una sangrienta revolución islámica que elevan, algunos reportes, la cifra de fallecidos en ese acontecimiento, a 60,000. Irán ya era una república islámica fundamentalista, para horror de EEUU y aliados, y también temor de Sadam Hussein, que ocupó esta revolución como justificación bélica para una absurda invasión de Irán, la cuál fue apoyada materialmente por occidente, (hasta chilenos tienen historias vendiendo armas a ambos bandos, para que generar odiosidades con nombres, pero incluía, como pista, eso sí, bombas de racimo), lo que generó la guerra Irán-Irak, que más que esto, fue una masacre, ya que la república islámica contaba con armamento que había sido proveído directamente por EEUU, por lo que nadie fue vencedor en ese conflicto.

Ahora, las cosas se limitan a misiles, porque una invasión a gran escala de Irán, es una de las mayores pesadillas apocalípticas que existen hace tiempo. La justificación ahora, es la carrera del programa nuclear iraní, que EEUU e Israel no pretenden dejar que ocurra por ningún motivo.

¿Y AHORA QUE?

Con la muerte de Jamenei, el heredero de Khomaini, queda un vacío de poder que Irán deberá resolver, no es lógico pensar en el “retorno del Shah” dadas las actuales circunstancias, aunque reportes de las últimas protestas en Irán antes de este conflicto sugerían gran fervor popular por su retorno, pero esto requeriría “operaciones de cambio de régimen”, que ni EEUU ni Israel, ni ninguna coalición podrían lograr sin un baño de sangre horrible.

Nuevamente el mundo queda expectante, ante un Estados Unidos que parece no tener límites para utilizar la fuerza para resolver conflictos, en un mundo cada vez más inestable y con un orden internacional ineficiente y precario.