Jóvenes toman la posta del patrimonio atacameño
Íñigo Contreras T.
Escritor, poeta y ensayista.
Inspirados por los conversatorios “Desafíos de Atacama”, estudiantes del Colegio Almenar impulsaron una jornada escolar que reunió a distintos establecimientos de Copiapó para conversar sobre historia, patrimonio, identidad y memoria regional.
La mañana del lunes 1 de junio, un grupo de estudiantes decidió hacer una pausa en medio del ritmo habitual del colegio. No se reunieron para hablar de pruebas, notas ni actividades internas. Se sentaron a conversar sobre algo que muchas veces parece reservado para los adultos: la memoria de Atacama.
Ese fue el espíritu del primer conversatorio escolar “Juventud y herencia: los líderes estudiantiles en la salvaguarda de los patrimonios”, una iniciativa impulsada por el Centro de Alumnos del Colegio Almenar, que buscó abrir una conversación entre jóvenes sobre la historia, las tradiciones, la identidad y el patrimonio de la región.
La idea no nació de la nada. Desde hace más de dos años, la empresa minera Kinross y Diario Chañarcillo realizan en Copiapó los conversatorios “Desafíos de Atacama”, encuentros donde especialistas y figuras de renombre abordan temas de interés regional, como economía, energía, educación y desarrollo local. A esas jornadas asisten autoridades, representantes de empresas, instituciones públicas, gremios y, desde hace un tiempo, también delegaciones escolares.
Entre esos colegios invitados estuvo el Colegio Almenar. Sus estudiantes participaron como oyentes, pero no se quedaron solo en eso. Observaron el formato, escucharon las exposiciones, vieron cómo se podía conversar con seriedad sobre temas regionales y decidieron imitar ese buen ejemplo. Así, trasladaron esa experiencia al mundo escolar y le dieron una forma propia.
El resultado fue este primer conversatorio estudiantil, organizado por una directiva compuesta por Cristian Aguilar, presidente; Joaquín Alfaro, vicepresidente; Trinidad Rojas, secretaria; Florencia Tobar, tesorera; y Julieta Carrillo, delegada de comunicaciones. Junto a ellos estuvo la profesora Antonia Vargas, coordinadora de la dirección del colegio y del CEAL, quien acompañó el proceso de organización y articulación de la jornada.
La convocatoria tuvo un valor especial: no reunió solo a un colegio organizador, sino a una pequeña muestra de la diversidad educativa de Copiapó. A la jornada asistieron representantes de los colegios Alicanto, San Lorenzo, Bicentenario Mercedes Fritis, San Agustín, San Francisco, Héroes de Atacama, Salesianos, Liceo El Palomar, Adventista y Liceo Católico. La presencia de estos establecimientos permitió que el conversatorio no quedara encerrado en una sola comunidad escolar, sino que se transformara en un encuentro más amplio, donde distintas miradas juveniles pudieron dialogar sobre la memoria, la identidad y el futuro de Atacama.
En una época donde a veces se repite con facilidad que los jóvenes están desconectados de la historia, esta jornada mostró otra cosa. Mostró que, cuando existe una invitación cercana, bien pensada y con sentido, la juventud responde. Y no solo responde: también organiza, pregunta, escucha y propone.
El objetivo del encuentro fue promover la historia, la geografía, las costumbres, las tradiciones y el rescate patrimonial de la región. Pero más allá de esas palabras, lo que estuvo en juego fue algo más simple y profundo: preguntarse qué significa vivir en Atacama y qué vale la pena cuidar para las próximas generaciones.
Para dar contenido a la jornada, el CEAL cursó invitaciones a dos instituciones locales vinculadas al patrimonio. La primera fue la Fundación por el Patrimonio Histórico de Copiapó, representada por Yennifer Vallejos Meriño, quien realizó una exposición sobre patrimonio regional con un lenguaje cercano, ameno y conectado con las formas de comunicación de los jóvenes. Su presentación logró encantar a la audiencia, que siguió con respeto e interés cada parte de su relato.
También participó la Fundación Cateadores de la Historia Atacameña, representada por el escritor, historiador y poeta local Antonio Alfaro Rivera. Su exposición recorrió, con tono ameno y mirada rigurosa, distintos momentos de la historia regional: desde el descubrimiento de lo que hoy conocemos como Chile, la Conquista y la Colonia, hasta el rol de Copiapó como frontera norte, la minería de la plata, el primer ferrocarril entre Caldera y Copiapó, la Revolución Constituyente, los batallones de Atacama, los terremotos, los aluviones y la figura del Padre Negro.
A través de esas exposiciones, el patrimonio dejó de parecer una palabra lejana. Se volvió paisaje, memoria y vida cotidiana. Apareció en los trenes antiguos, en las calles de Copiapó, en la historia minera, en los relatos familiares, en los cerros, en las plazas, en las tradiciones y en los nombres que muchas veces se repiten sin detenernos a pensar de dónde vienen.
Después de las presentaciones, los estudiantes se organizaron en dos mesas de análisis. Allí compartieron lo que habían escuchado, pero también hablaron de sus propios sueños, metas y sentimientos sobre la ciudad y la región. Ese momento fue clave, porque el conversatorio dejó de ser solo una actividad escolar y se convirtió en un espacio de expresión juvenil.
En esas mesas quedó claro que la juventud no es únicamente heredera de una historia ya escrita. También puede ser protagonista de lo que viene. Los estudiantes no solo recibieron información; la conversaron, la discutieron y la conectaron con sus propias inquietudes. Eso le dio a la jornada un valor distinto: la historia no quedó guardada en una exposición, sino que pasó a circular entre nuevas voces.
La pregunta de fondo, entonces, no es si a los jóvenes les interesa el patrimonio. Tal vez la pregunta correcta sea otra: ¿les estamos ofreciendo espacios reales para descubrirlo, hacerlo propio y proyectarlo? Lo ocurrido en el Colegio Almenar parece responder que sí hay interés, siempre que la cultura se presente de manera cercana, viva y conectada con la experiencia de quienes escuchan.
El desafío ahora es que esta jornada no quede como una anécdota bonita. La idea inicial es que otro colegio tome la posta y organice una segunda versión del conversatorio, manteniendo la mirada regional y profundizando en la historia y el patrimonio de Atacama. Y si esa respuesta no llega pronto, los propios estudiantes del CEAL del Colegio Almenar han manifestado su disposición a realizar nuevamente la actividad.
Ese gesto habla de compromiso. No se trata solo de haber organizado un evento, sino de querer dejar una huella. En medio de un tiempo donde muchas veces predominan lo rápido, lo superficial y lo efímero, estos jóvenes eligieron abrir un sendero distinto: el de la memoria, la pertenencia y la responsabilidad con su tierra natal.
Atacama necesita jóvenes que conozcan su historia, pero también que se sientan parte de ella. Necesita estudiantes que entiendan que el patrimonio no es un adorno del pasado, sino una herencia viva. Una herencia hecha de lugares, relatos, oficios, paisajes, luchas, desastres, reconstrucciones y esperanzas.
Por eso, la iniciativa del CEAL del Colegio Almenar merece ser destacada. Porque nació de mirar un buen ejemplo, adaptarlo al mundo escolar y convertirlo en una invitación colectiva. Porque reunió a colegios distintos en torno a una misma pregunta. Y porque demostró que cuando la juventud se interesa por su herencia, el patrimonio deja de ser solo recuerdo y comienza a transformarse en futuro.
Quizás esa sea la imagen más potente que dejó la jornada: una posta que empieza a pasar de mano en mano. Primero desde los conversatorios regionales hacia el mundo escolar. Luego, desde el Colegio Almenar hacia otros establecimientos. Y, finalmente, desde una generación adulta que conserva la memoria hacia una juventud que comienza a preguntarse cómo cuidarla.
Ejemplos como estos valen la pena ser imitados.

