Fiesta y Feria de la Virgen de la Candelaria en Copiapó: expresión viva del sincretismo y patrimonio cultural atacameño
Por Osvaldo Carvajal Rodríguez
Profesor de Estado en Historia y Geografía
Licenciado en Educación
Máster en Gestión del Conocimiento
La Fiesta de la Virgen de la Candelaria constituye una de las expresiones más significativas del patrimonio cultural inmaterial de la Región de Atacama. Su relevancia no solo radica en la profunda devoción religiosa que congrega cada año a miles de fieles en Copiapó, sino también en el complejo universo cultural que integra religiosidad popular, memoria histórica, tradiciones indígenas, prácticas mestizas y espacios de sociabilidad comunitaria. La feria y la fiesta forman una sola unidad cultural, inseparable de la identidad histórica del pueblo atacameño y de las dinámicas sociales heredadas del sincretismo entre los pueblos originarios y la tradición hispánica.
La devoción a la Virgen de la Candelaria tiene sus orígenes en Oriente bajo el nombre de “El Encuentro” y posteriormente se expandió a Occidente durante el siglo VI, adquiriendo gran importancia en España y posteriormente en Hispanoamérica. En Chile, particularmente en el norte del país, esta advocación mariana alcanzó un profundo arraigo popular gracias a la convergencia entre la evangelización cristiana y las antiguas formas ceremoniales indígenas.
En Copiapó, la festividad se remonta a fines del siglo XVIII, cuando el arriero mestizo Mariano Caro Inca encontró la imagen de la Virgen en la cordillera, cerca del salar de Maricunga, tras sobrevivir milagrosamente a una tormenta guiado por la luz de un candelabro. Desde entonces, los habitantes indígenas y mestizos del antiguo Pueblo de San Fernando comenzaron a rendir culto a la Virgen utilizando formas rituales heredadas de sus antepasados, especialmente mediante los bailes chinos. Estas expresiones constituyen uno de los ejemplos más evidentes del sincretismo cultural americano. Tal como señala el antropólogo Claudio Mercado Muñoz, en estas celebraciones conviven elementos indígenas —como la música instrumental, las flautas, la danza y la relación ritual con lo sobrenatural— junto con componentes hispánicos como las oraciones, las imágenes sagradas, el canto del alférez y el calendario litúrgico cristiano.
La fiesta se desarrolla en el sector histórico del Pueblo de San Fernando, espacio que durante la Colonia fue reconocido como refugio de las últimas familias indígenas del valle del Copayapu, luego de que gran parte de sus tierras fueran ocupadas por colonos españoles. Este territorio terminó constituyéndose como el Pueblo de Indios bajo la advocación de San Fernando, concentrando a la población indígena dispersa del valle.
El santuario actual de la Virgen de la Candelaria se levanta precisamente sobre terrenos ligados a esa memoria histórica indígena. La primera capilla fue construida a comienzos del siglo XIX por iniciativa del párroco Domingo Carmona, luego de que Josefa Guzmán, viuda de Mariano Caro Inca, levantara inicialmente un pequeño oratorio para cumplir la voluntad de su esposo. A lo largo del tiempo, el templo fue ampliado y reconstruido gracias al esfuerzo de la comunidad y de diversos sacerdotes, entre ellos el Padre Negro, que impulsaron la devoción popular.
Sin embargo, la Fiesta de la Candelaria no puede comprenderse únicamente desde la perspectiva religiosa. Junto a ella se desarrolla una enorme feria popular que da continuidad a antiguas prácticas comerciales y comunitarias de los pueblos originarios. Históricamente, las festividades religiosas eran también espacios de encuentro social, intercambio económico y fortalecimiento de vínculos familiares entre habitantes de distintos pueblos y caletas.
Las ferias asociadas a celebraciones religiosas permitían compartir en tabernas populares, abastecerse de productos provenientes de distintos territorios y participar de un ambiente festivo que articulaba la vida social regional, pues ambas forman parte de una misma experiencia colectiva profundamente arraigada en la identidad nacional.
Actualmente, la Fiesta de la Virgen de la Candelaria es considerada la manifestación de religiosidad popular más importante de la Región de Atacama. Miles de peregrinos llegan cada año desde distintos puntos del país para participar en las novenas, procesiones y ceremonias litúrgicas, mientras decenas de bailes chinos rinden homenaje a la Virgen con música, danza y cantos tradicionales. Paralelamente, la feria reúne cientos de puestos comerciales que transforman el sector en un espacio de intensa actividad cultural y social.
La permanencia de esta festividad demuestra la capacidad de las comunidades atacameñas, y de nuestro país en general, para preservar sus tradiciones a través del tiempo. La Fiesta y Feria de la Virgen de la Candelaria constituyen, en definitiva, una expresión viva de la memoria histórica regional, donde convergen espiritualidad, identidad, resistencia cultural y sentido comunitario, convirtiéndose en uno de los patrimonios culturales más auténticos y representativos del norte chileno.


