Entretención - Cultura

Diego Fuentes, director de Matapanki: “El espectador le está dando cabida a otro tipo de historias”

  • El cineasta visitará Copiapó para presentar una de las películas chilenas más premiadas del último año. Antes de su llegada, conversó con Chañarcillo sobre el auge del cine nacional, las historias que hoy encuentran espacio fuera de Santiago y una obra que mezcla punk, ciencia ficción y crítica social.

Después de convertirse en una de las películas chilenas más premiadas del último año, «Matapanki» llega este viernes a Copiapó junto a su director, Diego «Mapache» Fuentes, quien participará en un cine foro abierto al público a las 19:00 hrs en el Centro Cultural Ser Humano.

La película sigue a Ricardo, un punk que pasa los días bebiendo y asistiendo a tocatas junto a sus dos mejores amigos, Mella y Claudia. Aunque su apariencia es ruda, dedica gran parte de su tiempo al cuidado de su abuela, quien padece fibromialgia. Todo cambia cuando prueba un extraño brebaje alcohólico que le otorga superpoderes cada vez que lo bebe. Decidido a cambiar la sociedad, emprende una misión que se sale completamente de control tras provocar, por accidente, la muerte del presidente de Chile y desatar un conflicto mundial en su contra.

La función se enmarca en el ciclo de exhibiciones “Miradas Regionales”, instancia de carácter gratuito y parte del Plan de Gestión de Sala Latente, financiado por el Programa de Apoyo a Organizaciones Culturales Colaboradoras (PAOCC), del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, que busca acercar el cine chileno a distintos territorios del norte del país.

Sobre la exhibición, Betsabé Esquivel, directora de Alhambra Cineclub, proyecto en alianza con Centro Cultural Ser Humano que busca formar público para el cine en la región de Atacama, indicó que “este estreno es uno de los más esperados, el público nos consultaba y pedía su exhibición en la sala. estos y otros estrenos son posibles gracias a la alianza con programas como Miradas Regionales”.

En tanto, Eduardo Pizarro, director de Miradas Regionales, destacó que «una de las cosas más valiosas son los espacios de conversación. Nos entusiasma llevar este ciclo hasta Copiapó, abriendo la oportunidad al público para compartir, esta vez, con Diego Fuentes».

ENTREVISTA

Su primera película trae hoy a Diego Fuentes (26) a Copiapó, donde participará en un cine foro para dialogar en torno a esta obra de egreso de la carrera de cine que le ha significado reconocimientos tanto a nivel nacional como internacional. Antes de su llegada a la Región de Atacama, el realizador conversó con Diario Chañarcillo sobre algunas particularidades de este largometraje y el favorable momento que atraviesa el cine chileno. “Para mí es algo nostálgico volver”, dijo, a propósito de su único paso por Copiapó hace años, en un viaje familiar.

¿De qué se trata “Matapanki”?

Es la historia de un joven panketa que se la pasa en tocatas, en fiestas, que se ve rudo pero en verdad es súper adorable. Un día Ricardo bebe un misterioso trago que le otorga superpoderes y con esto entra en una disyuntiva, porque no sabe si intentar hacer un cambio en la sociedad, un poco hacerse responsable de estos poderes que tiene, convertirse en una especie como de vigilante, de superhéroe, ¿cachái?

¿Con qué se encontrarán en la función de este viernes las personas que quizá no han visto películas independientes?

Es una película que yo siento que tiene harto humor y es bastante entretenida. Se puede ver como con amigos, con la familia, incluso. Pero para nosotros era importante que tuviera una carga social, una crítica política. Como la película nació mucho desde ese lado, la misión siempre ha sido que la gente la pase bien, pero que también, ojalá, si es que tienen ganas, ya depende de cada uno, exista una reflexión en base a las imágenes que acaban de ver.

Es una película en blanco y negro. ¿Qué podrías decir sobre este formato y las técnicas que ocuparon en el montaje?

Sí, la peli está en blanco y negro, y en formato 4:3, o sea, parece un cuadradito, no está en 16:9 que es un formato más tradicional; principalmente porque nos interesaba que pareciera una viñeta de cómic. También se inspira un montón en el fanzine, entonces creíamos que el formato blanco y negro cooperaba y hablaba de alguna forma con la estética de lo que estábamos viendo, todo el tema del punk, el “hazlo tu mismo”. Es una película que también tiene rotoscopia en varias escenas, esta técnica de imprimir varios frames, imprimir varias escenas, y después dibujar encima de ellas. Es casi como animar cuadro por cuadro. Tiene varios formatos y varias sorpresas a nivel sonoro; creo que es una experiencia que se debe vivir en el cine.

“Matapanki” lleva bastante tiempo en cartelera en los cines independientes de la capital, un fenómeno reciente, si se piensa en películas como “Denominación de origen” (Tomás Alzamora, 2024) o “La misteriosa mirada del flamenco” (Diego Céspedes, 2025). Hoy llega a Copiapó, una ciudad en el norte del país bastante alejada de lo que es el circuito de exhibición en Santiago…

Mira, yo siento que Chile históricamente ha sido potencia en lo que es el cine, siempre he defendido un montón el cine chileno. Ahora creo que el espectador le ha dado entrada o más cabida a otro tipo de historias, o a otro tipo de directores o directoras, porque todos venimos de distintos contextos, y creo que esa es la gracia: “Denominación de origen”, que es una película que trata sobre el campo, sobre San Carlos, sobre estas relaciones de amistades o familiares también, y “La misteriosa mirada del flamenco”, que viene desde una visión completamente distinta a lo que la gente está acostumbrada.

¿Cómo se ubica esta película en el cine chileno contemporáneo?

Es una película que hizo una persona que creció y vivió prácticamente toda su vida en Quilicura, comunas que tal vez no son tan representadas en el ecosistema más tradicional. Eso es lo bonito que se está viviendo: no solamente un reencuentro del espectador con el cine chileno, sino que también se le ha dado cabida a nuevos tipos de historias. Ahí entra un poco “Matapaki”, que igual tiene una propuesta, y que tal vez se escapa un poco de los cánones más tradicionales y estéticos, incluso temáticos, que vemos en el cine chileno. Hay una nueva ola de directores y encontramos ahí un espacio.

Esta película fue estrenada en el Festival Internacional de Cine de Valdivia (FICValdivia) 2025, donde obtuvo el premio Mejor película chilena y Mejor largometraje juvenil. También recibió la Mención especial del jurado en el Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale) en Alemania el 2026. ¿Esperabas que tuviera este alcance?

Ha sido un recorrido bien largo, y en un inicio no lo esperábamos. Fue increíble, para mí me sigue pareciendo surreal, porque es una película de egreso, nosotros hicimos la peli sin mayores pretensiones más que la titulación de la universidad. Pero cuando nos empezaron a llamar los festivales internacionales nos dimos cuenta del potencial que tenía: aunque es una película muy arraigada a lo chileno, tiene un componente…como de poder conectar con otros territorios, con otras personas. Te das cuenta de que no solamente acá estamos preocupados de ciertas temáticas sociales o políticas, sino que también podía haber alguien, no sé, en Argentina, en Alemania, en Cuba, en Estados Unidos incluso, preocupándose de las mismas cosas. Más allá de los premios y las menciones, para mí lo importante ha sido esa conexión que ha tenido con el público.

¿Cuáles son las principales inspiraciones detrás de tu cine?

La película se inspira un montón en el cine latinoamericano y en el cine social. Creo que está hecha en base a un montón de otras películas: 25 Watts (2001), Los nadie (2016), El pejesapo (2007), Empaná de pino (2008). Pero también tiene un montón de cine de acción: pienso, no sé, en el trabajo de Ernesto Díaz Espinoza o en el cine cyberpunk japonés, la peli de hecho nace después de ver Electric Dragon 80.000 V (2001), de ver el trabajo de Shinya Tsukamoto, que es como mi director favorito de la vida. Se nota que hay muchas referencias o inspiración de todos lados y extrañamente termina funcionando.

Actualmente estás desarrollando tu segundo largometraje, “Corazón de polilla”. ¿Qué podrías comentar al respecto?

Estoy reescribiendo el guión, tengo una nueva versión, una versión 1.0. Es un primer borrador. Hay muchas cosas que van a ir cambiando, pero siento que es una película que si bien no tiene las mismas temáticas que “Matapanki”, tiene un montón de valores que para mí son importantes de desarrollar en mi cine, como el antifascismo o el antirracismo. Es una película que igual tiene ciertas temáticas de la comunidad LGBTQ+, porque hay otras exploraciones o una exploración tal vez más profunda de los personajes que no se pudo hacer antes.

¿Qué expectativas tienes de la proyección en Copiapó?

Recuerdo haber estado en Copiapó hace mucho tiempo, en un viaje con mi familia. Entonces para mí igual es algo nostálgico poder volver y verlo ya “de grande”. Para el cine foro espero que la gente haga preguntas, tenga sus dudas, no solamente de la película, sino que del cine general. Hay gente que está interesada en estudiar cine, entonces se puede conversar de eso también. Lo más interesante es ver cómo los territorios se “toman” la película y conversar en base a eso, incluso puede haber gente a la que no le guste, y creo que esa es la gracia del cine, que nos congrega, que nos hace tener conversaciones interesantes, que nos hace descubrir nuevas cosas. Nos ha pasado varias veces que la gente ha dado interpretaciones de la película que nosotros no veíamos o de las que no éramos tan conscientes.