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Charlando con el Tío Pepe, un buen lector

Por: Maguin Carvajal Cortes

Periodista

Ayer me llamó mi Tío Pepe para comentarme una noticia, algo ya tradicional en él, y la verdad es que le agradezco su llamado.

“Sobrino, leí por allí que en Turquía están castigando a los que no usan mascarilla por la pandemia con la lectura de tres libros, y la idea me pareció fenomenal, ya que creo que a nosotros los chilenos nos falta leer un poco más. Pienso que esta iniciativa podría aplicarse también en nuestro país”, me comenta muy entusiasmado.

Yo, de puro malo, le respondo “A propósito, ¿usted está leyendo algo?

“Por supuesto pues sobrino. Ud sabe que a mí desde chico siempre me ha gustado la lectura. Acuérdese que en mi época casi no había radio, la tele no existía, así es que leíamos harto diario, revista y cuanto nos cayera en las manos… Y para que me crea, le comento que acabo de terminar un libro que me regaló la escritora Xiomara Largo que se llama “Angela Cuevas Varas, una copiapina de exportación”, que es una recopilación de la obra poética de esta gran mujer, y quedé impresionado por la fuerza de su verso”.

“Una de los poemas que me identificaron más fue “A un minero atacameño”, donde describe a su personaje con palabras que me llegaron al alma… Le leo, “Minero como el chañar/ viejo, rugoso, torcido,/ el tiempo se te ha metido/ en tu cuerpo y en tu andar./ Manos apergaminadas/ que hablan de piedras y de penas/ manos que rompió cadenas/ de montañas escarpadas, /manos que son el emblema/ de las piedras dominadas”… ¡qué lindo, no es cierto?

Y como no podía quedar sin desquitarse, me retruca ¿Y usted?, apuesto que ni ha visto un libro.

-Craso error tío, para que sepa estoy leyendo el libro “Confesiones de la Muerte”, de mi amigo Omar Monroy López, el vate de Chañaral, cuyos versos nos trasladan por esos caminos que no conocemos, producto de sus vivencias con los aluviones que se descargaron en su Chañara amado. Una obra que deja pensando y que nos retrotrae en el tiempo para tener una visión diferente de la parca.

“Perdón que le interrumpa, sobrino, pero me enteré por allí que está escribiendo un librito donde cuenta sus correrías junto con nuestro amigo Tussel Caballero, que sin estar físicamente en este mundo, sigue tan presente en el recuerdo de sus amigos. ¿Es cierto?”

-Algo hay, tío, ya le contaré con más detalles. Pero tengo otra idea mejor… Con la familia pensamos recopilar cuentos que nos contaron nuestros abuelos y vamos bien adelantados, así es que quiero invitarlo para ver si usted nos puede colaborar con algo ¿le parece?

“Por supuesto, sobrino, cuente con ello. Voy a conversar con su tía, que tiene hasta su propio cuento “El Sapito Bailarín” y agregar las que me contaron a mí cuando era chico. Ya pues, quedamos en eso, chao”.

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