Camila Caviedes, geóloga: “Debemos decidir si queremos ser una potencia en meteorítica o un país que perdió su patrimonio”
- El cuarto intento por crear una ley que proteja los meteoritos abrió un debate sobre el futuro de uno de los patrimonios científicos más valiosos del país. La geóloga e investigadora analiza las fortalezas, limitaciones y alcances del proyecto y plantea que el Desierto de Atacama puede convertirse en un referente mundial en ciencias planetarias si Chile logra proteger y poner en valor su riqueza meteorítica.
Durante el mes de julio, el Museo Mineralógico contará con una exhibición temporal dedicada a los meteoritos, rocas extraterrestres que llegaron a la superficie de la Tierra después de viajar por el espacio. La muestra corresponde materiales de la colección personal de la geóloga Camila Caviedes, impulsora del «Proyecto de ley que regula la protección, levantamiento, manejo, conservación, utilización en investigaciones científicas y uso con fines comerciales de meteoritos localizados en el territorio chileno», ingresado a la Comisión de Ciencias de la Cámara de Diputadas y Diputados en el año 2023.
En 2017 fracasó el primer intento por crear una ley que protegiera los meteoritos en Chile. Luego vinieron otros dos proyectos que tampoco prosperaron. Hoy, casi una década después, el país enfrenta un cuarto intento mientras el Desierto de Atacama continúa perdiendo piezas que la comunidad científica considera irreemplazables.
Para la geóloga, el problema trasciende la discusión legal. A su juicio, Chile posee uno de los registros meteoríticos más importantes del planeta, pero aún carece de una política pública capaz de protegerlo, investigarlo y convertirlo en una oportunidad para el desarrollo científico y turístico de la región.
Caviedes, candidata a doctora en Astronomía y Ciencias Planetarias, analiza las fortalezas y limitaciones de la iniciativa y plantea que el Desierto de Atacama puede convertirse en un referente mundial para las ciencias planetarias, siempre que el país avance en una política de protección. La discusión, sin duda, no gira únicamente en torno a los meteoritos, sino a la idea de que Chile está frente a una decisión sobre qué hacer con un patrimonio científico de valor mundial antes del 2028, cuando se realice la 90ª reunión anual de la Meteoritical Society, el principal encuentro científico dedicado al estudio de meteoritos y ciencias planetarias
Me gustaría empezar tratando de entender el contexto histórico de los meteoritos en Chile: ¿Por qué nuestro país, siendo un “laboratorio natural” tan relevante, sigue sin una ley de protección tras tres intentos fallidos en 2017, 2021 y 2022?
Efectivamente, este es el cuarto intento legislativo. En 2017, el proyecto se cayó en la Comisión de Ciencia porque algunos asesores parlamentarios eran, al mismo tiempo, cazadores de meteoritos y convencieron a los legisladores de que regular no era relevante. En 2021 y 2022 se intentó vía Ley de Patrimonio y en la propuesta de nueva Constitución, pero ambos caminos fueron rechazados. Recién en 2023 logramos ingresar el proyecto actual (Boletín 17174-19), que busca finalmente saldar esta deuda histórica.
Chile tiene una legislación bastante avanzada para el patrimonio paleontológico. Siendo ambos «fósiles», ¿por qué los meteoritos quedaron atrás?
Es una gran interrogante. De hecho, el primer intento serio de regulación en 2017 buscaba justamente ingresar los meteoritos en la Ley 17.288, que es la que protege el patrimonio fósil y arqueológico. Sin embargo, ese esfuerzo se frustró por parte de los asesores de los parlamentarios en la Comisión de Ciencia. Ellos convencieron a los legisladores de que regular no era relevante y que era mejor dejar las cosas como estaban. Es una situación muy similar a lo que habría pasado si, cuando se promulgó la protección de los fósiles en los años 80, el Estado se hubiera dejado llevar por lo que decían los vendedores de fósiles o los coleccionistas privados de la época.
En la última edición de “La entrevista del sábado” conversamos con Pablo Quilodrán, director del CIAHN, quien mencionó que el actual proyecto de ley para proteger los meteoritos era “poco ambicioso”, al permitir que gran parte de la muestra quede en manos privadas. ¿Cómo defiendes el proyecto frente a esa crítica?
Estoy de acuerdo en que lo ideal sería proteger el 100% de la muestra, pero como científicos enfrentamos un debate donde las voces de los cazadores también pesan. El acuerdo actual propone que el 20% de la muestra quede para la ciencia, aunque yo aspiro a subirlo al 50% mediante indicaciones. Es un proyecto complejo porque es multiministerial: involucra a Ciencia, Cultura, Minería, Aduanas y Sernageomin. Preferimos tener esta regulación base, aunque sea perfectible, a seguir en la desprotección total que hoy permite que el patrimonio desaparezca “en sacos”.
Precisamente, ¿qué es lo que está en juego hoy en el Desierto de Atacama? ¿Qué perdemos cada día que pasa sin esta ley?
Perdemos el patrimonio de manera irreversible. Por ejemplo, en el Cráter de Monturaqui casi no quedan impactitas porque fueron extraídas masivamente por extranjeros. Hoy detectamos expediciones rusas, españolas y polacas que entran con visa de turista y se llevan piezas únicas, como el primer meteorito marciano encontrado en Atacama (Caleta del Cobre 022), que hoy es propiedad privada en Francia, dejándolo sin acceso para la ciencia chilena. Además, hay una contradicción: a medida que publicamos investigaciones sobre la riqueza de Atacama aumentamos el valor de estas piezas en el mercado negro.
El proyecto introduce la “Línea base de meteoritos” para proyectos industriales. ¿Cómo operaría esto en las faenas mineras o energéticas de la región?
La idea es que los proyectos eólicos o solares, que se emplazan justo donde se acumulan los meteoritos, realicen un levantamiento previo similar al arqueológico o paleontológico que considera capacitación a geólogos y trabajadores de faena para identificar meteoritos. Es vital que entiendan que usar un imán, por ejemplo, práctica común de los trabajadores, destruye información clave sobre el origen de la gravedad en el sistema solar o el magnetismo de Marte.
¿Y cómo se integraría al “cazador de meteoritos” en este nuevo sistema? ¿Habrá una oficialización de su labor?
El proyecto crea la figura del cazador certificado como colaborador del Estado. Deberán tomar cursos para recolectar muestras sin interferir con la información microbiana o ambiental. Para comercializar, primero deben oficializar la muestra ante un experto, quien cortará el «meteorito tipo» para el repositorio nacional. Solo con esa certificación de que el Estado ya tiene su parte para la ciencia, el resto podrá ser usado comercialmente.
Oportunidades para el desarrollo económico
¿Qué particularidades hacen tan distinto al Desierto de Atacama?
La meteorítica en Chile nació en la región de Atacama inicialmente con Ignacio Domeyko y Rodulfo Amando Philippi, los primeros estudiosos de los meteoritos. Domeyko creó la primera colección de meteoritos, que es en parte lo que se tiene acá en el Museo Mineralógico. Atacama es un espacio hermético a la meteorización por su hiperaridez. Mientras que en otros desiertos un meteorito dura 50 mil años, aquí tenemos piezas de 3 millones de años. Esto los convierte en sensores temporales del desierto. Además, al ser rocas estériles colonizadas por microorganismos de forma esporádica, nos permiten estudiar la biotecnología y entender cómo buscar vida en Marte, siendo Atacama su mejor análogo terrestre. Si una persona tiene un meteorito en su casa en una zona húmeda como Santiago o La Serena, está permitiendo una colonización bacteriana y oxidación que el desierto evitó por millones de años.
Pensando en esta exhibición temporal en el Museo Mineralógico, ¿de qué serviría un Repositorio Nacional? ¿Qué puede aprender la meteorítica de la experiencia paleontológica en términos de mediación?
Hoy los museos suelen mostrar rocas aisladas, pero el repositorio permitiría crear exhibiciones itinerantes con un relato científico: desde los procesos térmicos del sistema solar primitivo hasta los procesos de choque y evolución. Hay un aprendizaje enorme en la mediación. Mucha gente guarda fósiles o meteoritos en sus casas simplemente porque desconoce su valor científico o no sabe qué hacer con ellos. En la paleontología se ha visto que, cuando los niños se educan y entienden la importancia del patrimonio, ellos mismos motivan a sus familias a entregar esas colecciones particulares a los museos. Al final, lo que buscamos es que los meteoritos dejen de ser vistos como un objeto de venta y pasen a ser parte de nuestra historia natural, integrándose en un relato común con la astronomía y la paleontología para entender cómo se formó la vida y nuestro territorio.
Pensando en el desarrollo de la región, ¿cómo se podría proyectar hacia un encadenamiento productivo local?
Se abren líneas de trabajo en museos, repositorios y consultorías para líneas base ambientales. Pero lo más potente es el astroturismo. En Atacama podemos conectar la historia de los pueblos originarios que usaban metal de meteoritos creyendo que era plata, con la observación astronómica. Tocar un meteorito es «tocar una estrella fugaz», y eso enriquece el relato turístico de la región, vinculando la historia profunda de la Tierra con el espacio.
¿Es el Annual Meeting de la Meteoritical Society en Antofagasta nuestra fecha límite?
Absolutamente. Vendrán cientos de especialistas de todo el mundo. Si no tenemos ley para entonces, el riesgo de que aprovechen el viaje para extraer lo que queda y dejar nuestro patrimonio en «cero» es altísimo. Chile debe decidir si quiere ser una potencia en meteorítica o si su patrimonio será solo un recuerdo guardado en museos de Francia o Rusia.
Para cerrar, tú sostienes que “los meteoritos no solo nos ayudan a entender nuestro sistema solar, sino nuestra vida”. ¿A qué te refieres con esa visión más amplia?
Los meteoritos hoy se usan para caracterizar el polvo en observaciones de telescopios como ALMA, para entender el origen de la vida mediante el hallazgo de aminoácidos y bases nitrogenadas, y para la futura minería espacial. Al final, todo es parte de un mismo relato de historia natural: astronomía, paleontología y meteorítica se articulan para entender cómo pasamos de mares y selvas al desierto actual. Chile tiene una ventaja competitiva mundial si logramos proteger este triángulo de conocimiento.




