Región - Actualidad

Aprender de cada hermano

Ricardo Morales O. de M., Obispo de Copiapó.

Mis primeras palabras quieren ser de gratitud para diario Chañarcillo, por darnos este espacio para hablar a la ciudadanía. Quiero agradecer también, a cada persona que desde el primer día de la noticia de mi nombramiento como Obispo de Copiapó, me ha enviado sus buenos deseos.

Pido al Señor, responder humildemente a la misión que me encomienda. Como no lo sé todo, y me equivoco muchas veces, pido que cada uno de ustedes me ayude a ser el obispo que el Señor quiere, que caminemos juntos en el discipulado de Jesús, que sepamos que en la Iglesia no hay cristianos de primera o de segunda y que nuestra dignidad no viene sino desde el bautismo.

Quiero aprender de cada habitante de esta hermosa tierra, especialmente de los ancianos, sabiduría que nos ilumina en medio de las incertidumbres del presente. Aprender de cristianos y no cristianos, de aquellos que participan dando vida y corazón a la Iglesia, y de aquellos que no quieren saber nada de ella. Aprender de las mujeres de nuestra diócesis, madres, esposas, religiosas, trabajadoras; que cada día son la fuerza que saca adelante sus sueños, de un mejor porvenir para los que más quieren. Aprender de los bailes religiosos su devoción y fe, que nos enseña a esa entrega fiel y confiada a Dios. Aprender de los mineros, fuerza de la región, sacrificio diario, que olvidándose muchas veces de si mismos, arriesgan sus vidas consiguiendo el pan para su mesa. Aprender de los jóvenes, estudiantes y trabajadores, que nos invitan a mirar el futuro con esperanza, y que en sus sueños nos hacen presente el proyecto de Dios para la humanidad. Aprender de mis hermanos sacerdotes, hombres que junto a su pueblo luchan por hacer presente el Evangelio en medio de ambientes adversos, de pobreza y marginación. Aprender de los sencillos y humildes, predilectos del Señor, y a los cuales me debo.

Soy religioso Mercedario, vengo de una Orden religiosa fundada hace más de 800 años, en que, inspirados y sostenidos por la Virgen, queremos ser buena noticia de redención y liberación, procurando romper toda cadena que atenta contra la dignidad humana. Porque me sostiene la Virgen en mi consagración religiosa, quiero ponerme a los pies de la Virgen de La Candelaria, nuestra querida Chinita, decirle que nos ayude a todos, cada día, a ser más fieles a su Hijo Jesús, a su Evangelio, que seamos capaces de decir a todos que la buena noticia no es privilegio de unos pocos, sino que es alegría para todos y todas. Humildemente les pido oración y buena voluntad para este hermano, en ella me confío.

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