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Geólogo Miguel Cáceres: “Estamos al debe respecto de relevar y mejorar nuestro patrimonio”

  • El investigador advierte que la región aún enfrenta desafíos para incorporar la memoria de aluviones y terremotos en la planificación territorial. También plantea que Atacama tiene condiciones para desarrollar un turismo de alcance mundial a partir de su patrimonio geológico, paleontológico y biológico.

En sus 15 años de trayectoria en ciencias de la tierra, el geólogo Miguel Cáceres Munizaga ha dedicado más de una década a la investigación de los efectos de fenómenos geológicos en distintas ciudades de la región de Atacama. Una labor que, explica, permitiría identificar cuánto falta por avanzar en prevención, planificación territorial y conservación patrimonial.

En conversación con Diario Chañarcillo, Cáceres vinculó estas preocupaciones con su próximo libro, “Un químico inglés en Atacama: los viajes de Thornton Herepart por Caldera, Copiapó y Chañarcillo”, que rescata las cartas de un viajero inglés que recorrió la zona en 1856. Para el investigador, volver sobre esos registros también permite comprender las condiciones sociales y materiales en que se desarrollaba la vida en el antiguo distrito minero.

La obra recupera los relatos desconocidos de un químico inglés que llegó a la zona norte en pleno auge del mineral de plata de Chañarcillo, durante el siglo XIX. El viajero se dirigía a Coquimbo para hacerse cargo de una fundición perteneciente a una compañía inglesa, pero antes pasó por el puerto de Caldera y emprendió el recorrido hacia el histórico yacimiento minero.

“Es un diario de viaje, pero es curioso porque es algo inédito, no está registrado en la historiografía local. Es una persona totalmente anónima hasta el momento”, explicó Cáceres en conversación con Diario Chañarcillo.

Además de describir el trayecto hasta Chañarcillo, los escritos —cartas que el viajero había enviado a Bristol, su ciudad de origen, y que fueron publicadas en cinco ediciones de un periódico loca, explica Cáceres— entregan antecedentes sobre las condiciones de vida, las ciudades, el trabajo minero y las personas que habitaban Atacama durante el siglo XIX. Entre otros aspectos, Cáceres destacó las referencias a las condiciones de los hoteles, las pestes y la realidad del pueblo Juan Godoy.

Para el investigador, el valor del documento está en aportar una mirada cotidiana sobre un periodo ampliamente asociado al auge de la minería, pero cuyas dimensiones sociales todavía ofrecen espacio para nuevas investigaciones.

La memoria de los aluviones y el riesgo sísmico

Al analizar cuánto ha incorporado Atacama en su historia de desastres naturales, Cáceres sostuvo que los avances no han sido suficientes. Como ejemplo, mencionó los aluviones de 2015 y 2017 y los antecedentes históricos que dan cuenta de episodios similares desde el siglo XVII, incluso.

A su juicio, estos antecedentes muestran la importancia de considerar los eventos pasados en las decisiones sobre el territorio. “Todavía no se le pone el cascabel al gato”, acusa.

Aunque si bien reconoció mejoras en las obras de mitigación, advirtió que todavía falta comprobar su capacidad frente a episodios de mayor magnitud, en relació al sistema frontal de este año: “La cantidad de agua que pasó por el río Copiapó no se acerca a lo que vivimos en el 2015, entonces necesitamos un evento bien catastrófico como para probar que todas las obras de ingeniería que se han realizado vayan a aguantar”.

La preocupación, también, se extiende a los terremotos. Miguel Cáceres recordó que el último gran evento sísmico destructivo de la región ocurrió en 1922, con una magnitud de 8,5, y sostuvo que investigaciones sismológicas indican que sectores de Atacama acumulan energía suficiente para generar un terremoto de características similares o incluso mayores

“Todo lo que es la región de Atacama, o partes de la región de Atacama, ya tienen la suficiente energía sísmica como para generar un terremoto de igual o peor característica que el de 1922. La norma de construcción nos permite estar mejor preparados, pero no vamos a saber cómo reacciona la ciudad tanto en sus edificios como en cuanto a las personas”, advirtió.

Emergencias climáticas y centralización

Para Cáceres, uno de los problemas que persisten en la gestión del riesgo es la falta de continuidad de las medidas comprometidas después de una catástrofe.

“En el momento cuando está la catástrofe todo el mundo promete cosas, se compromete con algunas obras o soluciones, y generalmente cuando ya esto empieza a disminuir con el tiempo (…) no hay continuidad. Se ven como que son cosas del Gobierno, y deben verse como cosas más de Estado,”,.

“Yo creo que la voluntad política está, pero son luces, digamos, que tienden a apagarse rápidamente. En el momento, cuando está la catástrofe, todo el mundo promete cosas, se comprometen algunas obras o soluciones, pero los gobiernos de turno son bastante breves, entonces generalmente no hay continuidad”, sostuvo.

“Se ven como cosas del Gobierno, pero deben verse más como política de Estado para mejorar las condiciones de habitabilidad de las personas”, agregó.

También se refirió al centralismo en la respuesta ante las emergencias, comparando la atención que reciben los episodios ocurridos en la Región Metropolitana con los que afectan a las regiones. Como ejemplo, mencionó la demora que hubo en Atacama para declarar el estado de emergencia frente a la rapidez de la respuesta en Las Condes.

El geólogo llamó a avanzar hacia acciones preventivas más oportunas y mencionó la necesidad de contar con radares meteorológicos que permitan estimar con mayor precisión las precipitaciones: “Quiero pensar esto va a permear hacia las regiones, y va a ayudar a tomar acciones más inmediatas y a dejar de ser tan reactivos”.

Turismo de intereses especiales

Cáceres observó un crecimiento del interés por experiencias que van “más allá de las playas de Bahía Inglesa” y otros destinos tradicionales. Entre ellas se le preguntó por el Desierto Florido, el patrimonio paleontológico de Caldera, la actividad minera y las particularidades geológicas y biológicas de la región. “Atacama tiene un montón de posibilidades de desarrollar un turismo de escala mundial, explotando sus cualidades geológicas, paleontológicas y biológicas”, afirmó.

Sin embargo, advirtió que todavía falta preparación para aprovechar ese potencial. A su juicio, el Desierto Florido volvió a mostrar la necesidad de anticiparse y organizar una oferta capaz de responder al interés que despierta el fenómeno.

La meteorítica y el astroturismo también forman parte de esas posibilidades. El investigador recordó que existen meteoritos caídos en Atacama, algunos exhibidos en el Museo Mineralógico, aunque señaló que no hay una oferta regional específica consolidada en torno a ellos.

En cambio, destacó el desarrollo del astroturismo impulsado por operadores turísticos. Las condiciones de los cielos de la región, sostuvo, constituyen otro atributo que puede incorporarse a una oferta turística más amplia.

Patrimonio regional

La investigación histórica también llevó a Cáceres a plantear la necesidad de mejorar la conservación y puesta en valor del patrimonio de Atacama, particularmente el relacionado con la minería del siglo XIX.

El geólogo apuntó a las condiciones en que se encuentran algunos monumentos en la Alameda, en Copiapó, entre ellos la estatua de Juan Godoy, y cuestionó la falta de planes articulados para enfrentar estas dificultades. “Estamos súper al debe respecto de relevar y de mejorar nuestro patrimonio”, sostuvo.

En ese sentido, consideró que el rescate de documentos históricos, como las cartas que componen su próximo libro, puede contribuir a ampliar el conocimiento sobre la región y abrir nuevas líneas de investigación.

La publicación será editada por AtacamaBooks con financiamiento del Gobierno Regional de Atacama, mediante el FNDR del 8 % de Cultura, en la línea de Beca de Artista Destacado, y el apoyo de la agrupación de profesores de la Escuela Medardo Cano Godoy.

Cáceres destacó que este respaldo permitirá proyectar el trabajo hacia distintos públicos, con especial atención a las bibliotecas escolares y a los espacios de mediación. Para el investigador, recuperar documentos inéditos y acercarlos a la comunidad es parte de un esfuerzo más amplio por fortalecer el conocimiento de la historia y el patrimonio regional.