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Rosita Guzmán Araya, encargada territorial Red CRA SLEP Atacama: “Una de las prácticas esenciales de las bibliotecas es motivar el goce por la lectura”

  • ¿Qué hay detrás de los bajos resultados que registra Atacama en evaluaciones estandarizadas? Para la profesora y posgrado en Gestión, Liderazgo y Políticas Públicas, fortalecer la comprensión lectora requiere ir más allá de la sala de clases y consolidar el trabajo de las Bibliotecas CRA como espacios de mediación, creación y aprendizaje. El desafío, plantea, también pasa por incorporar desde los jardines infantiles trayectorias educativas vinculadas a la lectura y la comunicación. “Fortalecer los aprendizajes desde la innovación se vincula y se articula justamente con el trabajo de hormiguita que hacen los encargados y coordinadores CRA en el territorio”.

El desarrollo de las habilidades lectoras en Chile enfrenta un escenario crítico, marcado por el estancamiento y retroceso en las mediciones estandarizadas de los últimos años. En la evaluación internacional PISA 2025, el país promedió 436 puntos en Lectura, 12 puntos menos que en 2022 y en niveles similares a los registrados al inicio de la medición. A nivel escolar, además, un 60% de los niños en 2° básico no alcanza el nivel de lectura esperado y más de la mitad de los estudiantes de 4° básico no lee con fluidez.

“¿Por qué los estudiantes no leen comprensivamente?”. La pregunta que plantea Rosita Guzmán, encargada territorial de la Red de Bibliotecas Escolares CRA del SLEP Atacama, atraviesa gran parte de los desafíos que enfrenta actualmente el trabajo de estos espacios en la región. Aunque reconoce avances en su posicionamiento dentro de las comunidades educativas, también advierte que persiste una deuda en comprensión lectora que obliga a revisar no solo cuánto leen los estudiantes, sino también cómo se enseña a leer y escribir.

El SLEP Atacama cuenta actualmente con 47 bibliotecas urbanas distribuidas en Copiapó, Tierra Amarilla, Caldera, Chañaral y Diego de Almagro, además de ocho espacios de lectura en escuelas rurales. A esto se suman iniciativas que buscan ampliar el acceso a la lectura en centros de educación de adultos y establecimientos en contexto de encierro.

“Este trabajo al principio era bastante aislado, no muy bien comprendido por la comunidad en general”, explica. La red, agrega, permitió compartir experiencias y dificultades vinculadas al fomento lector y generar instancias de planificación conjunta.

Ese trabajo también comenzó a incorporarse en los instrumentos de gestión de los establecimientos. Desde el año pasado, señala Guzmán, las bibliotecas CRA están consideradas en los planes de mejoramiento educativo con acciones específicas de fomento lector y escritor, mientras que a nivel del servicio también forman parte de sus instrumentos de planificación.

Uno de los objetivos está directamente relacionado con la comprensión lectora en los primeros años de escolaridad. Guzmán explica que el SLEP tiene como meta alcanzar, en cuatro años, un 75% de estudiantes lectores comprensivos en segundo básico.

“Tenemos una meta en cuatro años, tener el 75% de estudiantes lectores en segundo básico, y ya nos vamos acercando a esa meta”, señala.

Sin embargo, para la encargada territorial, mejorar ese indicador no pasa solamente por aumentar la capacidad de los estudiantes para decodificar textos. El desafío está también en comprender lo que se lee y en generar un vínculo más significativo con la lectura: “Muchas veces en la enseñanza de la lectura solamente nos quedamos más con los hilos del área fonológica y fonética. Entonces sí podemos tener niños que leen, pero en el fondo después les hacemos preguntas y no comprenden lo que leyeron porque su foco solamente estaba en la decodificación”.

El desafío de fortalecer la lectura en las escuelas de Atacama

Desde esa perspectiva, Guzmán apunta a diversificar las formas de acercamiento a la lectura y escritura, incorporando las motivaciones y lenguajes de las nuevas generaciones. Cómics, manga, fanzines, dibujos, memes e incluso el grafiti aparecen como posibilidades para generar espacios de expresión y, desde allí, avanzar hacia una escritura más guiada.

Para Guzmán, ese trabajo también supone cambiar la función que tradicionalmente se le ha asignado a la biblioteca dentro de los establecimientos. “Ya se salió, digamos, de la fotografía de tener a la biblioteca como un centro de castigo. Ya salimos de ese panorama que era bastante adverso para fomentar la lectura y la escritura. Y ya estamos en un posicionamiento de que nuestras bibliotecas en las escuelas son espacios abiertos”, afirma.

La transformación se expresa, según describe, en estudiantes que utilizan la biblioteca durante los recreos para escoger libros o participar en juegos de estrategia, pero también en una mayor articulación con los docentes. La intención es que la lectura no quede restringida a la asignatura de Lenguaje, sino que pueda utilizarse como una habilidad transversal en ciencias, matemáticas y otras áreas.

“Es importante que se resguarden estos espacios para la creación, para el disfrute”, sostiene. La advertencia apunta también a los equipos directivos, debido a una problemática que según explica, se replica en diferentes establecimientos: las bibliotecas muchas veces terminan siendo utilizadas como salas disponibles para reuniones u otras actividades cuando faltan espacios dentro de los establecimientos.

Para Guzmán, ese uso no debería desplazar la función propia de estos lugares. “Una de las prácticas esenciales es motivar el goce por la lectura”, plantea, destacando además la importancia de comenzar ese vínculo desde la educación parvularia, incluso antes de que los niños sepan leer convencionalmente.

(Las evaluaciones estandarizadas) también traen otros desafíos: preguntarnos por qué los estudiantes no leen comprensivamente, por qué tenemos estudiantes en enseñanza media que tienen dificultad para leer, y que son ajenos a la lectura dado el contexto mediático de redes sociales. Y ahí también hay que ver cómo vamos compatibilizando lo que es la lectura y la escritura con este fenómeno de una generación digital.

El desafío, sin embargo, no termina en las Bibliotecas Escolares (CRA). La propia red reconoce la necesidad de ampliar su trabajo hacia espacios que todavía no están suficientemente incorporados. Entre ellos están las escuelas rurales y, especialmente, jardines infantiles y salas cuna.

“Ahí estamos todavía al debe”, reconoce Guzmán respecto del trabajo con la Biblioteca Migrante y otras iniciativas de mediación lectora dirigidas a la educación parvularia.

La apuesta, explica, es comenzar a trabajar con educadoras y técnicos en educación parvularia para fortalecer la comunicación oral y generar experiencias tempranas de interacción con libros y otros objetos significativos. “¿Cómo generamos mediación para jardines infantiles, para sala cuna, espacios donde puedan los estudiantes interactuar, los infantes, perdón, interactuar con objetos que les hagan significado?”, plantea.

La falta de espacios públicos de lectura en Copiapó constituye otro de los desafíos que aparecen en la conversación. Frente al cierre de la Biblioteca Regional y al funcionamiento provisorio de la biblioteca del Centro Cultural Atacama en la Sala de Cámara, Guzmán plantea que las propias comunidades educativas pueden asumir parte de esa tarea mediante escuelas abiertas a su entorno.

Menciona establecimientos que realizan tertulias con escritores locales o concursos de cuentos breves dirigidos a apoderados. La idea, dice, es que la escuela pueda convertirse también en un espacio de encuentro con la lectura para las familias y la comunidad.

Nuevas posibilidades 

En paralelo, la Red CRA busca sacar las actividades de lectura y escritura de los establecimientos y llevarlas a espacios públicos. El año pasado, 36 de las 47 bibliotecas participaron en el denominado Hito CRA, con un despliegue de más de 200 personas.

La actividad tendrá continuidad este año y buscará poner mayor énfasis en la identidad local. En Copiapó se realizará el 23 de octubre en el Parque Kaukari, mientras que durante esa semana las distintas comunas desarrollarán sus propias actividades.

A eso se suman iniciativas como el concurso Booktubers CRA, en el que estudiantes recomiendan libros mediante videos. Guzmán destaca que este año el 50% de los ganadores regionales corresponden a estudiantes del SLEP Atacama.

Para la encargada territorial, estas experiencias muestran que el desafío no consiste solamente en disponer de libros, sino en generar condiciones para que los estudiantes puedan apropiarse de ellos, expresarse y construir sus propios vínculos con la lectura.

“Si no tenemos espacio para que los estudiantes se expresen, difícilmente después van a poder escribir, difícilmente van a poder acercarse a la lectura con las motivaciones e intereses que ellos tienen”, afirma.

Desde esa perspectiva, el trabajo de la Red CRA se proyecta hacia una tarea más amplia que la administración de colecciones o el préstamo de libros: instalar la biblioteca como un espacio pedagógico, pero también como un lugar de encuentro, creación y participación dentro de las comunidades educativas.

El desafío, reconoce Guzmán, sigue siendo grande. Pero también plantea una idea que resume la apuesta que buscan consolidar desde el territorio: “El movimiento de las bibliotecas se inició para no parar”.