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Educar desde un territorio vivo”: Museo Regional de Atacama presenta su Política Educativa 2026-2030

  • El documento fue creado a través de un proceso participativo que reunió a 119 personas de las tres provincias de la región y busca transformar la infraestructura física en un espacio de “patrimonio activo”, con un componente intercultural y de resguardo de los saberes locales.

Territorio, comunidades y educación son los principales pilares de la nueva Política Educativa del Museo Regional de Atacama, presentada este miércoles 26 de agosto tras un proceso participativo que reunió las voces de docentes, estudiantes, representantes de comunidades indígenas, instituciones públicas y otros actores de la región.

La estrategia orientará el quehacer educativo y de mediación del museo durante los próximos cuatro años con el propósito de fortalecer su vínculo con las comunidades y promover una educación patrimonial participativa, crítica, inclusiva y conectada con el territorio. La idea de “escuchar antes de definir” marcó la elaboración del documento: durante 2025 se realizaron jornadas participativas en las tres provincias, además de un encuentro virtual y espacios específicos vinculados a infancia, adolescencia, género y pueblos originarios.

Marcela Oviedo, directora regional (s) del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural (Serpat) en Atacama, destacó el rol que cumple actualmente el Museo Regional como espacio de encuentro para las comunidades educativas. “Es uno de los principales espacios de difusión del patrimonio cultural de Atacama, siendo un espacio público vivo y participativo, que promueve el encuentro social a través de la reflexión y el diálogo”, señaló.

“Por lo mismo desde su apertura se han recibido numerosas delegaciones de estudiantes no sólo de Copiapó, sino de distintas comunas de la región, lo que sin duda potencia la vinculación del patrimonio cultural regional con las comunidades educativas desde el derecho a la cultura y educación, el patrimonio como construcción social y la interculturalidad”, agregó Oviedo.

Marcela Oviedo, directora regional (s) del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural (Serpat).

En ese sentido, la directora (s) explicó que la política se enmarca en la política de educación patrimonial que impulsa el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio y busca incorporar distintas voces ciudadanas, especialmente de niñeces y juventudes. “Le entrega un marco participativo a esta labor, que también va en línea con la co-construcción de aprendizajes significativos para fortalecer las memorias, el sentido de pertenencia y la identidad con nuestro territorio”, explicó.

“Más allá del guion museográfico”

Para Romina Figueroa, directora del Museo Regional de Atacama, uno de los principales desafíos consiste en superar una mirada centrada exclusivamente en las salas de exhibición y pensar cómo el museo se relaciona con quienes habitan el territorio. “La idea es ir más allá del guion museográfico y pensar cómo conversa el espacio físico con la comunidad”, explicó.

La directora del museo también destacó que la elaboración de la política permitió establecer una hoja de ruta construida desde las propias comunidades. “Durante el 2025 se realizaron jornadas participativas en las tres provincias para poder recoger desde la comunidad, en sus distintas líneas, artes, ciencias, instituciones públicas, cultores y demás, la visión para armar en conjunto la política educativa del museo del 2026 a 2030”, señaló.

Según explicó, este proceso permitió jerarquizar los principios que orientarán el trabajo del museo: “Las actividades y acciones que nosotros realizamos en el futuro van a estar marcadas con esta política, no por lo que nosotros creemos que debería pasar en el museo, sino porque escuchamos la voz de quienes se hicieron presentes en estas jornadas representando a la región de Atacama”, afirmó. En esta priorización, agregó, el derecho a la cultura aparece como una de las líneas transversales para los distintos públicos que participaron del proceso.

Figueroa también destacó la importancia de contar con un sustento que permita vincular las acciones del museo con las necesidades expresadas por la comunidad. “Nosotros necesitamos validar el trabajo y los fondos que se invierten en cultura y patrimonio, no porque nosotros creemos que son buenos, sino porque hay una relación directa entre lo que la comunidad está levantando como una necesidad y lo que nosotros vamos a responder como institución”, sostuvo.

¿Por qué una política educativa?

El proceso de elaboración de la política reunió a 119 participantes en cuatro encuentros territoriales realizados en Vallenar, Chañaral y Copiapó, además de una instancia virtual. A ello se sumaron espacios específicos para abordar las perspectivas de infancia, adolescencia, género y pueblos originarios.

Uno de los componentes centrales fue el diálogo con representantes de comunidades indígenas de sectores como Alto del Carmen y Vallenar, reconociendo el trabajo patrimonial que los propios pueblos originarios han desarrollado históricamente en sus territorios. “Esto es importantísimo para nosotros como pueblos originarios porque marca un precedente. Nosotros muchas veces estábamos como escondidos y aquí es una puerta que se abre para todo lo que es los conocimientos, ya sea de todo el patrimonio que tiene el pueblo Diaguita, ya sea en la provincia del Huasco como también acá en Copiapó”, señaló Ruth Trigos Pastén, integrante de la comunidad diaguita Chipasse Aspha, del sector El Jilguero en Vallenar.

La representante agregó que el proceso permite que las comunidades sean partícipes de esta nueva etapa y facilita el acercamiento de las nuevas generaciones al museo: “Yo creo que esto nos insta a que las comunidades vamos siendo partícipes de todo este proceso y también de poder traer a nuestros jóvenes a conocer el museo”.

A partir de los diálogos desarrollados durante el proceso, el segmento adulto priorizó principios como el derecho a la cultura y la educación, la territorialidad activa y el patrimonio como construcción social. En tanto, las infancias y adolescencias pusieron especial énfasis en la interculturalidad, la participación activa y el diálogo crítico.

La encargada de educación del museo, María Francisca Olivares, destacó que el proceso permitió incorporar distintas perspectivas territoriales en la definición de la política. “En esos temas tenemos que trabajarlos con las comunidades. De esta manera, el museo se proyecta como una plataforma que amplifica y apoya los esfuerzos que las propias comunidades ya realizan en sus territorios”, señaló.

Con esta política, el Museo Regional de Atacama busca que la nueva infraestructura no sea solamente un espacio de exhibición, sino una plataforma para el encuentro, la participación y la construcción colectiva del patrimonio regional.