¿Cómo se reconstruye la memoria de Atacama? Archivo, conservación e investigación en el Museo Regional
- Cuatro especialistas dialogan en torno al trabajo técnico que permite transformar documentos en fuentes, ordenar colecciones y proyectar la nueva Biblioteca Patrimonial como un espacio clave para la investigación.
- «Un conjunto de documentos no es archivo hasta que se cataloga», explica la María Francisca Olivares, encargada de educación. El archivo es un proceso que demora: implica ordenar, describir, contextualizar y, finalmente, poner a disposición materiales que de otro modo permanecerían como registros aislados.
El trabajo que hoy impulsa el Museo Regional de Atacama se ubica en una etapa de consolidación institucional que busca ordenar, proteger y, sobre todo, activar sus colecciones. Desde fondos notariales del siglo XIX hasta archivos fotográficos y literatura universal, el desafío está en articular una cadena técnica de profesionales que combina conservación, catalogación, gestión y mediación con el fin de ordenar y resguardar el material para, eventualmente, ponerlo a disposición de investigadores.
“Al final los archivos son un conjunto de colecciones sistematizadas. Aquí lo que nosotros tenemos son donaciones de colecciones que el museo ha ido organizando, y en eso está la labor de la biblioteca y de la colección que la compone”, señala Felipe Rojas, encargado de colecciones. En ese proceso, agrega, el museo no solo resguarda documentos, sino que abre posibilidades para reconstruir la historia de la región: “uno a través de estos materiales puede calibrar el sentir de una población en una coyuntura determinada”.

“Atacama en el siglo XIX en comparación a otras provincias del país, porque antes eran provincias, no regiones, tenía una alfabetización más alta que el promedio, y también en la población femenina, entonces podríamos decir que esta biblioteca guarda una intención de unos personajes que existieron, que eran liberales, que eran burgueses mineros, etcétera que fueron políticos que tuvieron poder pero que tenían otra visión de construir sociedad y en esa otra visión el género sí fue importante”, explica María Francisca Olivares, encargada de educación del museo.
Esa posibilidad de lectura depende de un arduo trabajo previo. “El archivo es un proceso, es el proceso archivístico. No lo es sin un proceso metodológico”, distingue Olivares. En esa línea, la investigación aparece como una extensión directa del ordenamiento: desde fondos notariales como el de Agapito Vallejo hasta archivos de prensa o registros institucionales, el material disponible permite reconstruir dimensiones sociales, económicas y culturales que no siempre están presentes en los relatos más visibles.
Pero antes de cualquier uso, el archivo debe estabilizarse: “Lo que tenemos implementado principalmente es conservación preventiva”, explica Haylin Villalobos, encargada de conservación. “Mantener condiciones entre 18 y 20 grados y una humedad relativa cercana al 50% nos permite evitar hongos, insectos y alargar la vida útil de la documentación”, agrega. El ingreso de nuevos materiales activa un protocolo específico: “Lo primero es hacer un diagnóstico para ver en qué estado se encuentra el documento”. Si viene con algún tipo de alteración, como hongos, hay que desinfectar antes de integrarlo”.
A eso se suma la revisión del embalaje: “Muchas veces llegan documentos sueltos y nosotros tenemos que generar carpetas de conservación con materiales libres de ácido”, explica Villalobos. Finalmente, el almacenamiento también responde a criterios técnicos. “Si el documento es más frágil, tiene que ir a un sistema de guardado con planeras, pero si se soporta por sí solo, puede ir en repisa”, explica Villalobos.
En paralelo, el museo evalúa nuevas herramientas de intervención. “Estamos en conversaciones con la CCHEN y el Centro Nacional de Conservación y Restauración para aplicar irradiación con rayos gamma. Es una técnica que permitiría limpiar documentos que han estado expuestos a hongos y devolverlos a almacenamiento”, agrega la encargada de conservación.
La digitalización forma parte de esta misma cadena. “Evita la sobremanipulación, sobre todo de ejemplares más frágiles”, señala Villalobos. “Así los investigadores pueden acceder a la información sin dañar el original”.
Ese tránsito desde el documento hasta su disponibilidad requiere también de criterios. “Hay que ser respetuoso con el orden original. No podemos desordenar lo que era la intención inicial de quien crea el archivo”, señala el encargado de colecciones. Cuando esa estructura se pierde, el trabajo se complejiza: “hay que agotar todas las posibilidades antes de dejar un conjunto como material suelto”.
A partir de ese orden, el archivo se vuelve operativo. “La parte que me toca es saber qué objetos hay, dónde están y en qué estado de conservación se encuentran”, indica Rojas. “Ese orden es el que permite después facilitar el trabajo de investigación”.
En esa cadena de trabajo, la Biblioteca Patrimonial Delia Rojas Garcés aparece como la etapa de consolidación y acceso especializado. “Actualmente se encuentra en una fase de acondicionamiento técnico y operativo importante. Esto contempla el ordenamiento del acervo, inventario detallado y la evaluación diagnóstica de cada pieza bajo criterios de conservación preventiva”, explica Carlos Moya, bibliotecólogo encargado. El proceso incluye además la implementación de sistemas de gestión y protocolos: “Estamos trabajando en el sistema de gestión bibliográfica y en los protocolos de seguridad, uso y acceso, que son indispensables para su funcionamiento”.
Moya enfatiza que se trata de un espacio distinto: “No es una biblioteca tradicional; es un centro especializado en la custodia y difusión de colecciones de alto valor histórico y documental”. El acervo reúne cerca de 13.000 volúmenes en distintos idiomas, con obras que datan desde 1730.
“Esta colección tiene su raíz en la antigua Biblioteca Pública del Liceo de Copiapó y se ha enriquecido con legados de figuras como Guillermo Matta o la Sociedad de Artesanos. Nuestra misión es consolidarnos como un repositorio de fuentes primarias y un centro de apoyo metodológico”, indica.
El acceso, en tanto, es abierto, pero con ciertos resguardos: “Atendemos a investigadores, tesistas, historiadores locales y ciudadanos interesados”, señala. “El acceso es mediante consulta en sala y apoyo especializado, buscando equilibrar la difusión con la protección del soporte”.
Fotografías de Benjamín Pardo.

