Política

Reforma laboral de Milei: laboratorio de desregulación y advertencia para Chile

Por Pablo Zenteno, abogado laboralista, ex Director Nacional del Trabajo & Vanessa Carrasco, comunicadora social.

Un febrero intenso tendrá el Congreso Argentino. Con la apertura de sesiones extraordinarias, Javier Milei pretende que su país se convierta en un laboratorio de ensayo para una agenda laboral que promete “modernización”, pero que en los hechos avanza por la vía de la desregulación profunda de las relaciones de trabajo. La reforma impulsada por el presidente no es una excentricidad local, sino la expresión de una corriente global que concibe el Derecho del Trabajo como un obstáculo al crecimiento y propone volver, como en el siglo XIX, a los “acuerdos” individuales en un mercado supuestamente libre. Es una reforma profundamente ideológica, pues en la vida laboral real, la libertad sin contrapesos no existe.

Bajo el argumento de aumentar el crecimiento y, combatir la informalidad, el gobierno argentino ha promovido medidas concretas como la ampliación del período de prueba, la reducción de indemnizaciones por despido, el debilitamiento de la ultraactividad de los convenios colectivos y restricciones al rol sindical. No son ajustes técnicos aislados, sino una redefinición del vínculo laboral, donde el trabajador deja de ser sujeto de derechos para convertirse en una variable de ajuste.

La experiencia comparada demuestra que este tipo de reformas no reduce la informalidad ni mejora la calidad del empleo. Cuando se abarata el despido y se relativiza la estabilidad, lo que aumenta es la rotación, la inseguridad y la presión a la baja sobre los salarios. Es una receta conocida, aplicada reiteradamente, con resultados desiguales. “La tragedia hoy en día es que, a pesar del cúmulo de expectativas y datos empíricos, hay indicios de que los derechos laborales han sufrido menoscabo en muchos lugares del mundo durante un periodo de crecimiento económico sostenido” (OIT 2025, Memoria del director general).

Este escenario importa directamente en Chile. Con José Antonio Kast como presidente electo y su gobierno iniciándose en marzo, la experiencia argentina aparece como un referente ideológico cercano. La crítica al carácter “paternalista” del Derecho del Trabajo, la exaltación de la flexibilidad y la desconfianza hacia la fiscalización estatal han sido parte sostenida de su discurso, y podrían encontrar en el caso Milei un modelo a replicar. Por lo demás, se le vio cómodo al presidente electo con la famosa motosierra, símbolo de la “forma” de hacer política del presidente Argentino.

El impacto no es neutro desde una perspectiva de género. En mercados laborales segmentados, las mujeres y personas cuidadoras concentran los empleos más precarios. La ampliación del período de prueba y la facilitación del despido profundizan brechas de participación, ingresos y seguridad social. La desregulación laboral no es ciega al género: lo precariza.

Conviene recordarlo con claridad: el Derecho del Trabajo no nace para entorpecer la economía, sino para civilizar una relación estructuralmente desigual. La reforma de Milei no debiera leerse como inspiración, sino como advertencia. Porque cuando los retrocesos se presentan como soluciones rápidas, los costos no recaen sobre las grandes empresas. El trabajo decente no es un obstáculo al desarrollo, sino un pilar esencial para garantizar la paz social, la cohesión democrática y la estabilidad de nuestras sociedades.