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No se pudo cumplir el sueño: El León cayó ante U. De Concepción por 3-0 en partido con lamentable fin y ahora le queda jugarlo todo en la liguilla

UNA TORMENTA PERFECTA

 

“Una tormenta perfecta” es la expresión que se usa cuando una serie de acontecimientos se conjugan para producir un desenlace nefasto, imposible de prever.

 

En este caso, nada hacía presagiar que Deportes Copiapó —el club más regular del campeonato, invicto de local— viviría una jornada tan amarga al recibir al ahora campeón, Universidad de Concepción, donde sus jugadores no tienen responsabilidad alguna en los hechos y merecen anotar en su palmarés el campeonato 2025.

 

Los preparativos fueron cuidadosos. La polémica decisión de jugar sin público visitante se ratificó como una medida acertada. Carabineros desplegados, una gran cantidad de guardias privados y un público mayoritariamente correcto parecían garantizar una jornada tranquila.

 

Pero en la cancha, otra historia comenzó a escribirse.

 

El arbitraje de Juan Lara, notoriamente más estricto con el local, fue marcando el rumbo. Como ya ocurrió semanas atrás con Cristian Galaz en Valparaíso ante Wanderers, las tarjetas a los volantes de contención de Copiapó fueron rápidas —y a jugadores como el buen deportista Tomás Jones— se sumaron a una serie de cobros menores pero tendenciosos que fueron calentando los ánimos. Lara, evidentemente no preparado para el desafío, no supo controlar el partido: permitió demoras, omitió amonestar al entrenador visitante y, al cobrar en los minutos finales un dudoso penal en que el delantero salta antes de todo contacto, en un ambiente ya cargado de tensión, terminó por llevar la presión a su punto máximo y solo buscaba una justificación para explotar.

 

No hay que olvidar que Copiapó viene arrastrando una seguidilla de decisiones arbitrales que lo han perjudicado, junto con una sensación persistente de injusticia por parte de la ANFP. El escándalo del partido con Huachipato y aquella liberación de la liguilla al club del presidente del fútbol chileno siguen frescos en la memoria. Por eso, los copiapinos tienen la epidermis sensible cuando las cosas parecen extrañas.

 

A este mal papel del juez se sumó la actitud del entrenador de Universidad de Concepción Cristian Muñoz, quien —quizás buscando descargar la tensión sobre sí mismo para liberar a sus jugadores— terminó exacerbándola a un nivel innecesario para quien pretende hacer una carrera larga como técnico. Su gesto hacia la tribuna en el tercer gol luego del penal, que tal vez pretendía ser una muestra de cortesía hacia los pocos hinchas penquistas presentes que se ubicaban en un rincón del estadio, fue interpretado como una burla y desató la ira de algunos jugadores de Deportes Copiapó, que por unos minutos perdieron el profesionalismo mostrado durante todo el campeonato.

 

La reacción ante el ademán del técnico fue lo que terminó por hacer explotar todo: el público, los jugadores y el entorno se encendieron, y la tensión derivó en golpes entre futbolistas frustrados por el fin del sueño de ser campeones y los jugadores y cuerpo técnico de Universidad de Concepción, mientras desde las gradas los gritos crecían pero sin desbordarse. Solo uno de los hinchas llevó su reacción al extremo y podría traer importantes consecuencias.

 

Antes, ya había sido expulsado el héroe del equipo, Tomás Jones, tras recibir una segunda amarilla —la primera, de aquellas discutibles—. El ambiente se volvió irrespirable y la riña resultó difícil de contener. Todo terminó con un jugador detenido, sin un pitazo final, y con la Copa entregada sin público en el estadio Luis Valenzuela Hermosilla a la visita.

 

ASÍ SE DESATÓ LA TORMENTA

 

Una combinación de arbitraje errático, gestos desafortunados, jugadores que perdieron el profesionalismo por unos lamentables minutos y un contexto cargado de resentimiento histórico llevaron al desastre.

A esto se une que Cobreloa se ve beneficiado por puntos que no ganó en cancha, y ahora un triunfo que parece al alcance del equipo loíno podría dejar a Deportes Copiapó en el tercer lugar, obligado eventualmente a jugar toda la liguilla y enfrentando además el fundado temor de sanciones que podrían ensombrecer una campaña histórica.

 

El equipo deberá sobreponerse, como ya lo ha hecho antes, para que esta tormenta no borre lo que ha sido, sin duda, una de las temporadas más notables del fútbol copiapino.