INE en Terreno: La misión silenciosa que define las cifras del país
En un país donde las decisiones públicas dependen cada vez más de datos precisos, el rol del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) adquiere una relevancia clave. Así lo explica su director regional, Fernando del Pino, quien detalla la importancia de las encuestas permanentes, los desafíos del trabajo en terreno y la trascendencia de la participación ciudadana —especialmente en una región que encabeza los índices de desocupación a nivel nacional.
“El INE es una institución muy antigua”, recuerda Del Pino. Sus orígenes se remontan a 1843 y, desde la Ley 17.374, mantiene el carácter de organismo rector de las estadísticas oficiales del país. Aunque muchos lo asocian principalmente al Censo, su labor es constante y diversa.
Uno de sus principales instrumentos es la Encuesta Nacional del Empleo (ENE), un levantamiento mensual fundamental para conocer la situación laboral del país y que, en Atacama, adquiere particular relevancia.
“Lamentablemente la región ha estado siempre entre los cinco primeros lugares con mayor desocupación del país. Por eso es tan importante la participación de la ciudadanía”, enfatiza el director.
En la región se encuestan 1.950 hogares cada trimestre, abarcando todas las comunas, desde Copiapó hasta Tierra Amarilla y Caldera. La selección es totalmente aleatoria y representativa.
Antes de cada levantamiento, existe un proceso clave: la enumeración. Esta etapa consiste en recorrer manzanas completas para identificar qué viviendas serán susceptibles de ser encuestadas.
Las ciudades cambian: donde antes había una casa, hoy puede existir un local comercial; o donde había tres viviendas, ahora se levanta un condominio. La enumeración permite actualizar esa realidad y seleccionar muestras que realmente representen a la comunidad.
Los enumeradores trabajan casa a casa, y su identidad puede verificarse mediante credenciales con código QR que enlazan al sitio oficial del INE. Esto garantiza transparencia y seguridad, explica el director.
El INE realiza múltiples levantamientos además de la ENE. Uno de los más sensibles es el Índice de Precios al Consumidor (IPC).
A nivel regional, se recolectan alrededor de 4.000 precios, tanto en terreno como vía web. Esa información —hoy crucial para el debate económico nacional— es parte de la contribución local a la medición inflacionaria.
La institución también genera boletines mensuales sobre minería, exportaciones, turismo y otros sectores productivos. “La invitación es a visitar la página del INE y revisar los boletines regionales”, subraya Del Pino.
Uno de los temores más comunes de la ciudadanía es el destino de los datos que entrega. El director es enfático:
“Quien entrega información está amparado por el secreto estadístico. Todo se anonimiza. No existe cruce con otros registros ni impactos en beneficios sociales”.
Los datos recolectados tienen un único propósito: fines estadísticos que permitan comprender la realidad del país.
Para Paula Guerra, coordinadora regional de la ENE, el trabajo en terreno es tan complejo como valioso.
“Lo que más nos afecta es el desconocimiento de la encuesta”, explica. Ese desconocimiento produce desconfianza, rechazo y, en ocasiones, prejuicios: “Muchas veces nos confunden con el gobierno de turno. O creen que entregamos un beneficio a cambio de responder”.
Guerra destaca que el personal está altamente capacitado y que todas las encuestas del INE son oficiales, protegidas y fundamentales para generar políticas públicas.
La labor de los recolectores está llena de experiencias. Algunas duras, otras emotivas.
Paula recuerda con especial cariño a una adulta mayor que encuestó por más de un año. Vivía sola y esperaba la visita como si fuera una instancia de compañía. “Sabía que después de la encuesta tenía que quedarme conversando, comiendo galletitas. Al terminar la última ronda estaba muy triste. Esas cosas nos marcan”.
En zonas rurales como Alto del Carmen, donde la soledad es habitual, estas interacciones se vuelven frecuentes.
Del Pino añade que, paradójicamente, los sectores más acomodados suelen ser los más reacios. “Hay quienes sienten que su participación no es necesaria, pero justamente son seleccionados para tener representatividad en todos los estratos sociales”.
La ENE no es un trámite único. Cada vivienda seleccionada es encuestada cada tres meses, durante 18 meses, siempre desde cero.
“No se puede copiar lo que dijeron hace tres meses”, explica Paula. “La situación laboral cambia constantemente, y eso es lo que permite medir la movilidad”.
La calidad del proceso se asegura mediante supervisiones y llamadas de verificación. Cada dato se revisa antes de integrarse a los resultados regionales.
El director resume la importancia del trabajo en una frase:
“En la medida que la ciudadanía nos abra la puerta, están permitiendo que la región cuente con información real para enfrentar la desocupación”.
Tanto él como Paula invitan a la comunidad a participar con confianza, empatía y respeto. Los recolectores —dicen— realizan un trabajo sacrificado, técnico y fundamental para construir las estadísticas que guían el futuro del país.

