El devastador efecto de la guerra sobre la juventud de Israel: un testimonio basado en una experiencia de vida directa
Por Rodrigo Ferrada
Periodista, analista internacional de Diario Chañarcillo
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Esta historia real, ocurre en 2008, en Río de Janeiro, donde conocí personalmente y pude ahondar en la psiquis y el alma de un grupo de soldados conscriptos de Israel que hacían su RYR (descanso y recuperación, siglas en inglés de “rest and recovery”).
CÓMO SE FORMO UN HERMOSO GRUPO MULTINACIONAL DE JÓVENES EN RÍO
Durante uno de mis muchos viajes a Brasil, país donde el chileno es tratado siempre como un hermano, y como tal, y al ser llevado desde pequeño, especialmente a Río de Janeiro, por mi padre, es que me convertí en un verdadero carioca adoptivo, pasando períodos de muchos meses en esa hermosa ciudad, no exenta de peligros, eso sí.
Da gusto siempre estar en Brasil, cuando te preguntan de donde vienes y dices que eres chileno, una sonrisa se dibuja en sus rostros, y sigue una frase casi universal, “¡um chileno!, benvido meu irmao”, (bienvenido mi hermano). Así llegue una vez en solitario, como muchas veces, a Río, donde lo primero que hago siempre es pasar por Copacabana y caminar por la playa, repleta de gente jugando fútbol en la orilla del mar, pasándome de grupo en grupo “jogando”, con ellos.
Pero estar solo en tierras extranjeras, no es conveniente, así que pronto, en el hostal donde me hospedé, se formó un inseparable grupo, mis primeros amigos fueron dos irlandeses, tipos adorables, de carácter muy dulce, luego se unieron dos ingleses, simpáticos, pero algo revoltosos debo decir, dos españoles, muy queribles, que viajaban con un brasileño, Dudú, que era nuestro guia en toda expedición, dos holandeses muy interesantes, un canadiense muy alegre, y finalmente, algo que me llenó de alegría cuando lo conocí y se nos sumó, mi gran amigo Andrés Paniagua, un franco-chileno de buenos sentimientos, leal compañero y amigo, y con un sentido del humor extraordinario, seguimos siendo amigos hasta hoy, y él, puede dar fe de lo que narro, ya que lo vivió junto a mi, y nos conmovió profundamente.
Eramos un grupo multinacional muy unido, entre brasileños e hispanoparlantes no había problemas de comunicación, hablábamos en “portuñol”, con el resto usábamos de “lingua franca”, el inglés, el cuál yo hablo, sirviendo así de intérprete para los amigos angloparlantes con los demás, pero en el hostal donde vivíamos, nuestra alegría de estar juntos, ser jóvenes y vivir la vida, se veía radicalmente contrastada por otro grupo presente ahí, una compañía de jóvenes soldados conscriptos de Israel, que nos dieron a ver una realidad que nos perturbó.
LAS PROFUNDAS Y PERMANENTES HERIDAS DE LA GUERRA EN EL JOVEN ISRAELÍ PROMEDIO
Desde la Declaración de Independencia de Israel en 1948, el servicio militar por tiempo determinado es obligatorio en Israel. Las leyes de reclutamiento de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) se aplican a judíos (hombres y mujeres ), drusos (solo hombres) y circasianos (solo hombres), también, se suman las comunidades israelitas provenientes de Etiopía.
Pronto, se dio en evidencia que estos israelitas, sufrían severos trastornos psiquiátricos y problemas psicológicos, causa directa del Sídrome de Estrés Post Traumático. Todos nos dábamos cuenta, pero con quien más hablaba yo sobre el tema era con Andrés, mi compatriota y para ese entonces ya compañero inseparable, y por lo tanto confidente, ya éramos el dúo dinámico, afectuosamente llamados los “dois chilenos malucos”, (los dos chilenos locos), con él eramos especialmente sensibles al estado de estos jóvenes, el cual analizábamos constantemente, ya que nos mistificaba, y nos daba, hay que decirlo, un poco de miedo, más que el temor que sintió Andrés cuando encontró a un pobre brasileño en su cama, que se la habían dado por error, al escuchar el grito de mi amigo corrí en su auxilio, para encontrarme que era una equivocación del establecimiento, y que el pobre hombre era un marido expulsado del hogar, con el cuál rápidamente entablamos amistad.
Vuelta a los soldados, bueno, en suma, tenían sintomas y comportamientos evidentes que nos hicieron darnos cuenta que estábamos ante algo terrible. Eran como carcazas rotas de lo que había sido un ser humano, miradas distantes hacía un infinito que no podíamos ver, dormían todo el día, y nunca, casi, salían del hostal, estando en una de las ciudades más atractivas del mundo.
No se acercaban a nadie, ni siquiera entre ellos mismos, rara vez hacían contacto, del cual tuve la oportunidad de establecer personalmente dos veces con dos individuos. El primero, era un joven de raza africana, israelí de la comunidad etiope de ese país, venía yo entrando al bar y sala de juegos del hostal, el muchacho, jugando solo al pool, me miró, y con un ademán desgastado y sin entusiasmo, me invitó a jugar con él. He jugado muchas partidas de pool, esta fue la más silenciosa y fría en que he participado, las palabras fueron escazas, la conexión humana, inexistente, era un como un robot. Me dio tristeza, pero, creo que mi compañía en algo sirvió a ese pobre hombre.
El segundo encuentro fue con un joven, que estaba todo el día en una sala de descanso donde había una televisión, no despegándose del artefacto nunca. Este conscripto era el que más nos atemorizaba con andrés, ya que tenía una mirada parapsicótica, ojos casi desorbitados, y estaba siempre sentado en la misma posición, piernas y brazos cruzados.
Un día pasé por ahí, solo, no recuerdon donde iba, y por alguna razón, este soldado sabía que yo era angloparlante, así, de pronto, mientras me preocupaba de mis propios asuntos, sentí súbitamente detrás de mi una voz que decía como endemoniada: “Hey! Come!, sit! Sit!”, (oye, ven, sientate, sientate). Lo miré y acepté su invitación, sin miedo, debo decirlo, vimos TV juntos y hablamos un largo rato en inglés, pero, tampoco se forjó ninguna conexión humana normal o importante.
Estas personas trataban desesperadamente de conectarse con otros, pero les era imposible, las cicatrices en su almas ya eran demasiado profundas, marcadas por el horror y la violencia de un estado de guerra que nunca termina para esa sociedad.
Triste, muy triste, esa es la historia, en lo que va de 2025, 18 soldados de la IDF (Fuerzas de Defensa Israelíes), han cometido suicidio. Dios tenga piedad por esos pueblos en conflicto, y le ruego, para que el sueño de dos Estados existiendo en armonía, en esa zona donde ancestralmente han vivido juntos por milenios, se haga realidad pronto.

