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Circo Las Águilas Humanas: El legado que conquistó Copiapó

El rugido de los motores, el vértigo del trapecio y el eco de las risas infantiles envuelven las carpas del Circo Águilas Humanas, un emblema nacional con casi ocho décadas de historia. Instalada en avenida Los Carreras, frente al Casino Antay, la compañía vive una de sus temporadas más especiales en Copiapó, ciudad que no visitaba hace mas de 20  años. Entre luces, telas y adrenalina, conviven generaciones enteras dedicadas al arte circense, desde niños que apenas comienzan hasta acróbatas consolidados que sueñan con giras internacionales.

Con apenas 12 años, Franco Valentino es el artista más joven de Circo Las Águilas Humanas. Su voz es tímida, pero firme cuando habla de su pasión: la cama elástica y el trapecio.

“Soy de familia circense. Lo primero que hice fue la cama elástica”, cuenta mientras sonríe, consciente de que crecer entre carpas no es la infancia tradicional, pero sí la suya.

Su educación también es diferente: estudia online durante todo el año con una profesora de Talca. Aunque admite que a veces es difícil, lo hace con disciplina, al igual que su entrenamiento.

En el escenario, su rol es claro: “Saltar, hacer trucos, seguir la rutina”. Pero su mirada está puesta en el futuro. “Para el próximo año quiero hacer el globo y los trapecios”, señala decidido. Y cuando se le pregunta por el requisito para entrar al temido Globo de la Muerte, responde sin titubear:

“Ser valiente”.

Su mensaje para otros niños de su edad es breve y directo, como quien ya aprendió que el miedo no se negocia:

“Que se atrevan. Que no tengan miedo”.

Detrás de cada función existe una historia familiar, y Eleodoro Godoy la representa con orgullo. Administrador del Circo Las  Águilas Humanas, llegó al oficio por vocación cuando era niño en Los Vilos. Hoy, junto a su esposa —cuarta generación circense— y sus hijos, forman parte de una tradición que suma 70 a 80 años de trayectoria, siendo uno de los circos “más grandes y emblemáticos de Chile y Sudamérica”.

Godoy explica que la vida circense es dura, pero también privilegiada:

“A veces llegamos a una ciudad sin agua ni luz, pero ya sabemos solucionarlo. Y también tenemos la suerte de pasar veranos en Pucón, Puerto Montt o Pichilemu, algo que no todos pueden”.

El circo viene llegando de una exitosa gira por el norte y una breve temporada trabajando en Estados Unidos, donde recorrieron California. “El circo es un lenguaje universal”, afirma. “Podemos trabajar en cualquier lugar del mundo, aunque no sepamos el idioma”.

Respecto al futuro, destaca que sus hijos y muchos jóvenes del circo tienen aspiraciones profesionales: viajar a Europa, Estados Unidos o continuar la tradición en Chile. “Es difícil que un niño circense abandone esta vida”, dice con una mezcla de nostalgia y orgullo.

A sus 18 años, Dante Valentino Rodríguez Gálvez es protagonista de uno de los números más extremos y esperados del espectáculo: el Globo de la Muerte. Su inicio fue temprano; desde los 7 años practicó acrobacias y cama elástica. A los 14, decidió entrar a la esfera metálica donde motos giran a toda velocidad en un acto que exige precisión milimétrica.

“Quería algo más arriesgado, más adrenalina”, explica. Allí dentro, la concentración lo es todo:

“Hay que estar preparado físicamente. Todos debemos estar sincronizados y revisar las motos siempre”.

Dante también vivió la experiencia internacional en Estados Unidos: “Allá es todo diferente. La gente es muy animosa, tal vez les gusta el circo un poco más que acá”. Durante seis meses recorrió parte de California junto al equipo.

Recién egresado de cuarto medio, reconoce que estudiar viajando no es fácil. Pasó por múltiples colegios hasta optar por la modalidad online. Su mensaje para quienes sueñan con una vida distinta es claro:

“Si tienen las ganas, inténtenlo. La vida es corta. Hay que aprovecharla”.

El Circo  Las Águilas Humanas ha preparado una función para toda la familia: trapecistas voladores, globo de la muerte, guerreras K-pop, payasos y un cuerpo de baile internacional dan vida a un espectáculo que mezcla tradición y modernidad.

Las funciones son:

Sábados y domingos: 18:30 y 21:00 hrs

Lunes a viernes: 21:00 hrs

La temporada se extenderá hasta el 13 de diciembre, debido a las elecciones del día 14.

“Este circo, el más grande y famoso de Chile, está en Copiapó y no se lo pueden perder”, recalca Eleodoro.

El Circo Las  Águilas Humanas no es solo espectáculo: es un modo de vida heredado, defendido y proyectado por nuevas generaciones. En cada salto de Franco, en cada moto que Dante hace rugir dentro del globo, vive el espíritu de un oficio que se resiste a desaparecer. Copiapó tiene frente a sí una oportunidad única: ver de cerca cómo el circo chileno mantiene viva su tradición.