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Aumentan los ingresos al Servicio de Protección Especializada y se refuerzan medidas para resguardar a la niñez en la región

POR:PAULA CARMONA CABRERA

El Servicio de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia de Atacama vive un periodo de alta demanda y transformación institucional. Así lo confirma César Guzmán Díaz, director regional del organismo, quien reconoce que los ingresos a protección han aumentado sostenidamente, en una tendencia similar a la observada a nivel nacional.

Hoy, 3.838 niños, niñas y adolescentes están siendo atendidos en la región a través de 50 proyectos, con la mayor parte asistiendo a programas ambulatorios que les permiten seguir viviendo junto a sus familias. Sin embargo, 124 menores permanecen actualmente en residencias, lugares donde el trabajo es más intensivo y se prioriza la búsqueda de una familia de acogida.

La institución ha debido enfrentar un incremento relevante en los ingresos a residencias durante los últimos cuatro años.

Ingresos regionales a residencias

  • 2021: 62
  • 2022: 77
  • 2023: 75
  • 2024: 97

Según Guzmán, los factores principales están directamente asociados al aumento de la violencia, dificultades de acceso a alimentación, mayor consumo de drogas —incluido el consumo neonatal— y los efectos sociales vinculados a la migración en la zona norte.

En Atacama funcionan actualmente tres programas de familia de acogida, que atienden a 655 niños y niñas, principalmente bajo cuidados de familiares directos.

El objetivo ahora es ampliar la red: “Queremos aumentar las familias disponibles para cuidados temporales”, explica el director. Para ello, el servicio implementó una nueva Unidad de Familia, encargada de evaluar y acompañar postulantes tanto a acogimiento como a procesos de adopción.

Actualmente existen cinco residencias en la región. Algunas requieren mejoras en infraestructura y en condiciones de funcionamiento.

El Gobierno Regional ha sido un aliado decisivo, ya que el financiamiento público no cubre la totalidad de los costos de operación. En 2025 se aprobó un subsidio extraordinario mediante la Glosa 07 de la Ley 21.722, lo que permitió transferir $253.887.746 a instituciones colaboradoras encargadas de administrar los centros. Además, el Servicio destinó $135 millones a la Residencia Rayén para mejoras en infraestructura.

Desde la creación del Servicio, en 2021, la región ha experimentado un cambio estructural: se han incrementado las familias de acogida y disminuido la proporción de menores institucionalizados.

Paralelamente, se expandió la cobertura territorial con apoyo de municipios, entidades colaboradoras y universidades como la Universidad de Atacama.

La futura ley de adopción introduce modificaciones profundas:

  • Reduce los tiempos del proceso a 12–18 meses.
  • Prioriza el interés superior del niño o niña.
  • Termina con la prelación rígida: matrimonios, personas solas y parejas con AUC tendrán las mismas posibilidades.
  • Permite que familias de acogida de largo plazo puedan adoptar en casos excepcionales.
  • Fortalece sanciones frente a obtención ilegal de un menor.

Actualmente, en Chile se concretan alrededor de 250 adopciones al año, en procesos que pueden extenderse entre 3 y 6 años.

El Servicio prepara nuevas estrategias de prevención y sensibilización. Entre ellas, campañas estivales y navideñas, como “Abre los ojos”, enfocada en prevenir la explotación sexual, y la iniciativa “En Navidad, cambiemos su historia”, que busca sumar nuevas familias interesadas en acogimiento.

Las familias pueden postular a través del sitio web institucional, donde un equipo profesional las orienta y capacita para avanzar en el proceso.

Guzmán destaca especialmente la colaboración de ARMA, los municipios, la Universidad de Atacama y la institución Santo Tomás, aliados permanentes en los programas de protección especializada.

“Hoy el desafío no es solo atender más casos, sino hacerlo con estándares de calidad, acompañamiento afectivo y fortaleciendo el rol de las familias”, afirma el director regional.

Lo cierto es que las cifras revelan una realidad compleja, pero también una tendencia clara: Atacama avanza hacia un sistema donde la niñez tenga prioridad real y donde cada niño o niña pueda crecer en un entorno seguro, protegido y lleno de oportunidades.