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BLOCKADIA CONSTITUYENTE

POR CARLO MORA, ABOGADO DE LA UNIVERSIDAD DE ATACAMA CON ESTUDIOS DE POSGRADO EN LA UNR, QUE HA ASESORADO A GOBIERNOS LOCALES Y ORGANIZACIONES CIUDADANAS EN TEMAS MEDIOAMBIENTALES Y DE RSE EN LA REGIÓN.

Tiendo a no creer en la interpretación hegemónica que se hace de los últimos resultados electorales. No compro esa satisfacción forzada e insistente del eje PC-FA que asume como propio el triunfo de los independientes. El fenómeno, estimo, es mucho más profundo de lo que una primera lectura concluye. Si bien podemos conceder que esos independientes poseen simpatías inclinadas hacia la izquierda y escasas o casi nulas coincidencias con la derecha nacional, típicamente cavernaria, debo advertir, asimismo, que los constituyentes electos como independientes, representan una fuerza muy diferente a lo que algunos quieren interpretar.

Cuando observo, por ejemplo, el caso de la Asamblea Constituyente Atacama que obtuvo un escaño para Constanza San Juan, articuladora de los movimientos socioambientales de Huasco Alto, lo que observo no es un triunfo de la izquierda política más radicalizada, como muchos temen, sino que se trata más bien de algo muy modesto, es un triunfo de los vecinos desde sus territorios organizados. Creo que respira en esos grupos, los he observado de cerca, una sensibilidad muy diferente. Por décadas postergados, hoy comprenden una lección poderosa sobre organización y sentido de comunidad. Se trata de una sensibilidad que cuestiona al sistema, pero que escapa de las ideologías fantasiosas (hipócritas), como les llama Zizek, que hoy se declaran “los vencedores”. Equivocan la interpretación, estamos ante un fenómeno muy diferente, un llamada al cambio individual, donde se cree y reitera como un mantra, que pequeñas acciones individuales y luego comunitarias, pueden generar grandes cambios globales. Y no solo lo creen, lo practican.

Los bloques que han determinado declararse vencedores, cometerían un grave error al adjudicarse la irrupción de movimientos independientes y territoriales como electores cautivos. Es más, este tipo de constituyentes, si bien lejanos a la postura de una derecha, tienen muy claro también que existió y seguirá existiendo una progresía y una izquierda extractiva, y frente al extractivismo, ellos no van a transar. Tienen plena conciencia de que el modelo de izquierda más efectivo hoy, el Chino, es uno de los que insiste en el extractivismo y colmo de males, ha dominado el 57 % de la distribución energética que se produce en Chile, con una matriz altamente carbonizada. Pero los independientes, mandatarios de sus territorios, ya aprendieron la lección de aquellos Estados socialistas que consumieron recursos con tanta voracidad como sus homólogos capitalistas que vomitaron su resaca de relaves con igual seriedad. Antes de la caída del Muro de Berlín, por ejemplo, los checos y los rusos tenían una huella de carbono per cápita superior a la de los canadienses y los australianos, nos recuerda Naomi Klein, de ahí que uno de los únicos momentos históricos en que el mundo desarrollado experimentase una caída acusada en su nivel total de emisiones fue justo después del derrumbe de la antigua Unión Soviética.

En Suramérica, bajo los gobiernos de Morales y Correa, los conceptos indígenas del sumak kawsay y el «buen vivir», entendidos como la aspiración de construir unas sociedades en armonía con la naturaleza, se convirtieron en el discurso oficial del Estado, pero en ambos casos, tan prometedora retórica se vio superada, en la realidad, por la escalada del desarrollo y la extracción a escala industrial. Lo que estos constituyentes representan es algo muy diferente. Ellos no obedecen a agendas centralistas de partido ni de progresía chic, que quede claro. Ellos se deben a las ideas de vida sana, de encuentro con la tierra, del hacer consciente lo inconsciente, ideas que instalaron en sus comunidades por principio y sobre ello deben rendir cuentas. Es lo que a nivel internacional se ha conocido como Blockadia, la resistencia, una nación soberana de gentes que entienden su vínculo fuera del consumo, y dentro de la tierra, a quienes se les reconoce actos de resistencia basados en reivindicaciones locales que consiguen frenar la comisión de verdaderos crímenes climáticos. Son una generación diferente, una que no transará en la defensa del agua, porque transar no les motiva. Los mueve, en cambio, algo muy sencillo, una vida en comunidad, recuperar el tiempo, sentirse parte de la tierra.

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