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La tarea del político en la última carta del Papa Francisco

Mons. Ricardo Morales, Obispo de Copiapó

El Papa Francisco en la última Encíclica “Fratelli Tutti”que ha dirijido a la Iglesia y al mundo, nos dice que la mejor política es para el bien común y universal, política para y con el pueblo, es decir, popular, con caridad social, que busca la dignidad humana; y puede ser ejecutada por hombres y mujeres con amor político que integran la economía a un proyecto político social, cultural y popular.

Lo verdaderamente popular es lo que promueve el bien del pueblo, dice el Papa, se asegura de que todos tengan la posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno. Ayudar a los pobres debe permitirles una vida digna a través del trabajo; no existe peor pobreza que la que priva del trabajo y de la dignidad.

La caridad se expresa en el encuentro persona a persona, cuando llega al hermano lejano e incluso ignorado. Es necesario fomentar además una mística de la fraternidad.

La tarea educativa, el desarrollo de hábitos solidarios, la capacidad de pensar la vida humana más integralmente, la hondura espiritual hacen falta para dar calidad a las relaciones humanas.

Necesitamos una política que tenga en el centro la dignidad humana y sobre este pilar construir estructuras sociales alternativas.

El Papa Francisco nos llama hacia un orden social y político cuya alma sea la caridad social. Nos convoca a rehabilitar la política como una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común. Esta caridad política supone un sentido social que nos lleva a buscar el bien de todas las personas. A partir del “amor social” es posible avanzar hacia una civilización del amor a la que todos podamos sentirnos convocados. Es una fuerza capaz de suscitar vías nuevas para afrontar los problemas del mundo y renovar profundamente las estructuras, organizaciones sociales y ordenamientos jurídicos. La caridad necesita la luz de la verdad, la luz de la razón y de la fe. Los políticos están llamados a preocuparse de la fragilidad de los pueblos y de las personas.

El político es un hacedor, un constructor con grandes objetivos, con mirada amplia, realista y pragmática, aún más allá de su propio país. También en la política hay lugar para la ternura, es el amor que se hace cercano y concreto. Las preguntas de un político deben ser: “¿Cuánto amor puse en mi trabajo, en qué hice avanzar al pueblo, qué marca dejé en la vida de la sociedad, qué lazos reales construí, qué fuerzas positivas desaté, cuánta paz social sembré, qué provoqué en el lugar que se me encomendó?

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