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Medio Ambiente refuerza protección del Desierto Florido y avanza en planes de descontaminación para Atacama

La ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo Echegaray, abordó los principales desafíos ambientales de la Región de Atacama, desde el resguardo del fenómeno natural frente al aumento de visitantes hasta la contaminación atmosférica en Copiapó, Tierra Amarilla y Huasco. La autoridad destacó además nuevas medidas de economía circular y el fortalecimiento de la fiscalización ambiental.

La extraordinaria aparición del Desierto Florido vuelve a poner a Atacama frente a un desafío que se repite cada vez que las precipitaciones permiten despertar a uno de los ecosistemas más singulares del norte de Chile: cómo recibir a miles de visitantes sin poner en riesgo precisamente aquello que llegan a conocer.

Frente al incremento del turismo durante la temporada, la ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo Echegaray, aseguró que las autoridades se anticiparon mediante una coordinación entre organismos regionales, municipios y servicios públicos, implementando planes de contingencia que combinan educación ambiental y fiscalización en distintos puntos del territorio.

Las acciones se concentran principalmente en llanos y quebradas ubicados entre Caldera, Copiapó, Huasco, Freirina y Vallenar, donde uno de los principales llamados es evitar el ingreso de vehículos a sectores donde existen brotes de flores y prevenir cualquier intervención que pueda afectar a la fauna y flora endémica.

Según explicó la ministra, se trata de un ecosistema altamente sensible que requiere compatibilizar el flujo de turistas nacionales y extranjeros con su conservación, especialmente considerando la presencia de más de 200 especies de plantas asociadas a este fenómeno natural.

El cuidado del Desierto Florido no dependerá solamente de la fiscalización. Desde el Ministerio del Medio Ambiente recalcaron que el comportamiento de los propios visitantes será fundamental para evitar daños que pueden tener consecuencias durante las próximas temporadas.

Entre las principales recomendaciones se encuentra transitar exclusivamente por caminos y senderos autorizados, retirar todos los residuos generados durante la visita y depositarlos posteriormente en lugares habilitados.

También se insiste en no cortar ni pisar flores y, especialmente, no extraer bulbos o semillas, debido a que estas prácticas pueden interrumpir el ciclo reproductivo de las especies. A ello se suma la prohibición de ingresar con mascotas a áreas protegidas y de encender fuego o utilizar fuentes de calor.

“Cuidar este patrimonio natural es una responsabilidad compartida”, enfatizó la autoridad.

La gestión de residuos también será uno de los puntos críticos de la temporada. Durante septiembre y octubre las comunas vinculadas a las principales rutas de avistamiento enfrentan un aumento significativo de visitantes y, con ello, una mayor generación de basura.

Por esta razón, se están coordinando acciones entre el Gobierno Regional, las seremías y los municipios, contemplando recursos y personal de apoyo para reforzar el retiro de residuos en los sectores más expuestos al flujo turístico.

Más allá del espectáculo natural que representa el Desierto Florido, el cambio climático constituye uno de los principales desafíos ambientales para una región caracterizada por la escasez hídrica y la aridez.

La ministra explicó que las precipitaciones asociadas a fenómenos como El Niño pueden activar anticipadamente los ciclos de germinación en llanos y quebradas. Sin embargo, advirtió que la tendencia de largo plazo continúa marcada por el avance de la aridez y el estrés hídrico.

En este escenario, el Ministerio del Medio Ambiente trabaja en Planes de Acción Comunal de Cambio Climático, buscando entregar herramientas a los gobiernos locales para proteger la biodiversidad y compatibilizar el desarrollo urbano y social con las transformaciones que experimentan los ecosistemas de Atacama.

Otro de los proyectos destacados es el Centro de Interpretación Ambiental, que pretende transformarse en un espacio de divulgación, investigación y conocimiento del patrimonio natural regional.

La iniciativa permitirá que escolares, universitarios, investigadores y la comunidad puedan conocer y estudiar la biodiversidad, los efectos del cambio climático y el valor botánico y zoológico del desierto costero.

Su ubicación cobra especial relevancia por las características del Parque Nacional Llanos de Challe, territorio donde se protegen especies como la Garra de León y poblaciones de guanacos costeros.

El diseño del centro considera circulaciones elevadas tipo deck, con el objetivo de disminuir el impacto de los desplazamientos humanos sobre la flora nativa y prevenir la erosión de las dunas.

La situación ambiental de Atacama, sin embargo, no se limita a la protección de sus ecosistemas naturales. La calidad del aire continúa siendo uno de los temas sensibles, particularmente en comunas con una importante actividad minera e industrial.

De acuerdo con la ministra, actualmente existen tres frentes regulatorios activos en la región. Para Copiapó y Tierra Amarilla se encuentra en elaboración el Anteproyecto del Plan de Descontaminación, mientras paralelamente se aplican medidas provisionales de control de emisiones para las fuentes emisoras.

En Huasco, en tanto, el Plan de Prevención se encuentra en su fase final de ejecución y entrando a un proceso de revisión técnica.

Respecto de los niveles de material particulado MP10, la autoridad recordó que históricamente algunas estaciones urbanas llegaron a superar promedios anuales de 50 microgramos por metro cúbico. Actualmente, sostuvo, las medidas provisionales aplicadas a las faenas mineras apuntan principalmente al control del polvo en suspensión proveniente de relaves y caminos.

El cumplimiento de las obligaciones ambientales es fiscalizado por la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA), tanto mediante las Resoluciones de Calificación Ambiental como a través de instrumentos como los planes de descontaminación, normas de emisión y la Ley de Impuesto Verde.

A ello se suma un sistema de monitoreo continuo de emisiones conectado al centro de datos de la SMA y el Sistema de Información Nacional de Calidad del Aire, herramientas que permiten mantener vigilancia sobre las condiciones ambientales de la región.

En el caso de Huasco, frente a condiciones meteorológicas adversas o episodios de mala ventilación en la bahía, se contempla la activación de planes de contingencia y control operacional.

Estos mecanismos pueden obligar a los grandes establecimientos regulados a disminuir sus emisiones y ajustar sus ritmos productivos cuando exista riesgo de un incremento del material particulado.

Además, se incorporan nuevas normas secundarias de calidad del aire para dióxido de azufre (SO₂) y material particulado sedimentable en la cuenca del río Huasco.

La ciudadanía también puede acceder a información ambiental mediante plataformas estatales como el Sistema Nacional de Información de Fiscalización Ambiental (SNIFA) y el Sistema de Información Nacional de Calidad del Aire (SINCA), donde es posible revisar antecedentes de estaciones de monitoreo y compromisos ambientales.

En materia nacional, la ministra también abordó el lanzamiento de REgenera Chile, la Agenda Nacional de Economía Circular, iniciativa que busca modificar la manera en que el país enfrenta sus residuos.

La propuesta contempla tres pilares: “Reglas que Funcionan”, orientado a coordinar normativas como la Ley REP y la regulación de plásticos de un solo uso; “Chile Planifica Circular”, enfocado en desarrollar infraestructura para la gestión de residuos; y “Monitoreo Circular”, que pretende generar información pública para evaluar los avances de las políticas implementadas.

Uno de los protagonistas serán los recicladores de base. El Ministerio proyecta implementar un programa nacional de fortalecimiento con 800 nuevas certificaciones anuales, buscando aumentar desde 3.500 hasta 7.000 los recicladores certificados y avanzar hacia una tasa nacional de reciclaje del 40%.

De esta manera, Atacama enfrenta una agenda ambiental que combina desafíos inmediatos y de largo plazo. Mientras el Desierto Florido vuelve a atraer las miradas hacia uno de los paisajes más extraordinarios del país, la región debe avanzar simultáneamente en la protección de su biodiversidad, el manejo de residuos, la adaptación al cambio climático y la reducción de la contaminación atmosférica.

El desafío, según lo planteado por la autoridad ambiental, será compatibilizar turismo, actividad productiva y desarrollo territorial con la conservación de ecosistemas cuya fragilidad obliga a mirar más allá de una sola temporada.