Leonor Morales, gestora de Leamos Atacama: “Acercar a los niños y niñas a la lectura es lo único que nos va a ayudar a crear nuevos lectores”
- Conocemos más sobre mediación y fomento lector; hablamos de literatura infantil y la importancia de fortalecer la red de bibliotecas públicas; discutimos sobre qué leer a niños y niñas. “La crueldad igual hay que contarla”, opina Leonor Morales, quien además realiza cuatro recomendaciones: Caperucita Roja (Cuentos en versos para niños perversos), El día que los crayones renunciaron, Mensajes y Norte Olvido.
Cineasta, gestora cultural y mediadora de lectura. Su trayectoria se ha desarrollado entre la creación audiovisual, la gestión cultural y el fomento lector, con especial interés en la generación de experiencias de acceso y encuentro con la cultura.
Leonor Morales llegó en 2022 a Copiapó. Ha trabajado en gestión bibliotecaria y proyectos culturales, y cuenta con formación en fomento lector en primera infancia, mediación de lectura —entendida como el proceso de acompañamiento entre un lector y un libro— con enfoque de derechos humanos y conducción de clubes de lectura en bibliotecas públicas.
Es creadora de Leamos Atacama, iniciativa desde la que desarrolla acciones de mediación, circulación de libros y promoción de la lectura en espacios públicos de la Región de Atacama.
En este encuentro conversamos con Leonor Morales sobre libros. Hablamos de literatura infantil, la desprotección del fomento lector en Atacama y el país en política pública y los desafíos de la infraestructura cultural en la región: faltan bibliotecas, ¿qué hacemos al respecto?
La “Biblioteca Libre” se levanta, en este contexto, como una oportunidad para acercar las letras a todos: una estantería de circulación de libros que funciona por sí sola gracias a préstamos y donaciones. Ubicada en el Parque Kaukari, busca hacer de la literatura parte de nuestra cotidianidad. Su existencia —y permanencia— solo depende de nosotros.
Para comenzar esta conversación, Leonor, y a propósito de tu iniciativa “Leamos Atacama”, me gustaría preguntarte ¿cómo llegas a la lectura?
Llego a la lectura porque soy hija de padres lectores. También, he tenido mucha suerte, no solamente de tener acceso a los libros en casa desde chica, sino de poder estar en lugares donde había bibliotecas públicas de muy buena calidad, y eso es una ventaja grande que tuve desde la infancia. Yo creo que ahí me enamoré de la lectura.
¿Qué motivaciones te llevan ahora a crear Leamos Atacama?
Es un proyecto de fomento lector que tiene dos aristas: la difusión, que es muy importante, y la “Biblioteca Libre”, que empezó hace poco, pero es lo que me tiene más motivada. Creo que ayuda directamente a comunicar a las personas con los libros, sin ningún intermediario, y esa libertad es la que creo que hay que seguir fomentando en la región.
¿Qué importancia tiene la mediación lectora en una primera aproximación a los libros en niños y niñas?
La mediación lectora es fundamental, sobre todo si estamos hablando de niños y niñas. En el caso de los adultos, los clubes de lectura son muy motivantes para generar reflexiones conjuntas. En mi caso, hago la mediación más clásica: el cuentacuentos, aunque con pocas habilidades; me cuesta harto. Junto a la artista visual copiapina Mariana Piñones, que me ha ayudado bastante, buscamos formas de mediación poco habituales que involucren a toda la familia, como, por ejemplo, talleres de bordado de frases o talleres de ilustración y pintura durante las lecturas. Así logramos que la conexión con el libro y la escritura sea más profunda y cercana…ha salido bastante bien. Al principio pensamos “no va a llegar nadie, vamos a ser nosotras con nuestros hijos”, y no, ha llegado mucha gente, estamos súper agradecidas por eso.
¿Qué ocurre en ese espacio entre el libro y el lector, y cómo entra ahí el mediador o la mediadora de lectura?
Nos hemos dado cuenta que a través de esos talleres a veces es más fácil generar reflexiones o mirar el libro y la lectura desde otro punto de vista. Es otra forma de mirar los libros, de mirar la poesía, por ejemplo, de acercarse. A veces creemos que la poesía es un espacio muy distante, o que no vamos a ser capaces de entender la metáfora, por ejemplo…pero cuando conectas, buscas ideas, lo haces propio, y lo haces a través de la reimaginación en un bordado, o lo que sea, la conexión es profunda. Y eso lo hace un adulto o un niño y funciona igual, para los dos lados, es muy bonito.
Tu proyecto está muy relacionado a lo que se entiende como literatura infantil. ¿Qué te parece esta categoría o subdivisión en la literatura?
Nosotros ordenamos las cosas por necesidad, pero creo que esas categorías son un poco “añejas” o pueden tener algunos sesgos que no corresponden a lo estrictamente literario, como ocurre con autores como Roald Dahl, de quienes se debate si sus cuentos son aptos para niños o no… Creo que la crueldad también hay que contarla. El fomento lector que mejor llega es con las primeras infancias; lo dicen la neurociencia y los expertos. Entonces me interesa que en Leamos Atacama siempre haya un espacio para los niños, porque acercar a los niños a la lectura es lo único que nos va a ayudar a crear nuevos lectores. Si tú avanzas con los niños vas a tener ciudadanos que leen, y eso es una inversión lenta; es difícil explicarle a una administración que dura cuatro años que hay que hacer un trabajo que probablemente va a dar resultados en diez años más.
Sí, claro, hay un tema institucional de política pública que es bien relevante, pero antes de meternos de lleno en ese tema me gustaría preguntarte, ¿qué necesidades viste en la Región de Atacama que te llevaron a consolidar el proyecto Leamos Atacama?
Cuando estuve a cargo de armar la Biblioteca Municipal, vi que los niños querían revisar los libros, leerlos y llevárselos a sus casas, pero los papás en general ponían más defensas: hay que devolverlos, hay multas, pero en las bibliotecas públicas de Chile no existen multas. Efectivamente a los niños les interesa, y eso uno lo ve en los jardines, lo ve en cualquier lado donde hay un libro, los niños se acercan solos. Y aunque las bibliotecas públicas y el Ministerio de las Culturas tratan de acercar lo más posible a través de mediaciones, a veces, que haya una institución de por medio aleja a la gente. Por eso busqué un espacio abierto, gratuito y poco convencional como el Parque Kaukari, que ha sido un aliado enorme con las ferias del libro y la Biblioteca Libre.
Esto es más un punto de intercambio de libros entonces…
Claro, y está abierto todo el tiempo. Consiste en una repisa abierta todo el tiempo donde la gente puede donar y llevarse libros. Y cada cierto tiempo hago algunas mediaciones para estimular las donaciones y que la gente lo conozca. Me gustaría hacer más, pero estamos generando distintas alianzas quienes trabajan en fomento al lector en la región, y a nivel nacional también, como con las Bibliotecas Escolares (CRA). Pero la Biblioteca Libre se hace entre todos. Funciona gracias al compromiso de todos; si no hay donaciones, no funciona.
¿Es este el único punto de donación en este momento?
Hasta el momento, sí. Lo hago de manera voluntaria como mi aporte a la ciudad, y si me voy espero que alguien más agarre la posta… Me encantaría que existieran puntos en Paipote, El Palomar y en todas las plazas y parques, especialmente porque estamos en una ciudad que hoy no tiene ninguna biblioteca abierta al público.
El Estado como mediador (o facilitador de la lectura)
Actualmente Copiapó cuenta con tres bibliotecas públicas: la Biblioteca Regional —cerrada—, la Biblioteca Patrimonial Delia Rojas Garcés —con un perfil orientado a la investigación— y la Biblioteca Municipal —que funciona de manera provisoria en el primer piso de la Sala de Cámara, mientras se reconstruye el Centro Cultural Atacama—. Leonor Morales fue parte del equipo que levantó la Biblioteca Municipal en 2022 y 2023.
¿Qué te parece la situación actual con las bibliotecas en Copiapó?
Es triste. Desde que llegué a vivir a Copiapó en 2022, la Biblioteca Regional ha estado cerrada. Luego armamos la biblioteca municipal con mucho esfuerzo y, aunque ganamos un fondo para mejorar su infraestructura, hubo mucha resistencia. Ahora con los arreglos en el Centro Cultural Atacama, el espacio sigue cerrado. El Museo Regional tiene una biblioteca preciosa, la Biblioteca Delia Rojas Garcés, pero la parte abierta al público no se ha podido desarrollar tanto. Prácticamente no puedo ir con mi hija a una biblioteca pública hoy en día, y no sé cuándo vamos a poder hacerlo. Eso es triste.
En ese contexto, ¿de qué manera influye la política pública y el rol del Estado frente al interés personal en la formación de un lector?
Es complejo porque el ritmo de vida actual a veces no permite a las familias dedicar tiempo a la mediación en el hogar. Por eso el Estado debe intervenir a través de políticas públicas de fomento lector desde la primera infancia, trabajando con Integra, Junji y guaguatecas. El desarrollo de la comprensión lectora influye en la empatía y la memoria, pero también hace más productivo al país y ayuda a disminuir las brechas sociales, las cuales podrían aumentar con las nuevas tecnologías si es que no tenemos el lenguaje necesario para interactuar con herramientas como la inteligencia artificial. Lamentablemente, las políticas públicas de fomento lector a menudo dependen de fondos concursables en lugar de financiamientos estructurales a largo plazo, lo que debilita el sistema.
Pero ahí, ¿cuánto dependerá la formación de un lector o la creación de lectores, si se puede poner así, de la vocación o del interés personal, social incluso, en torno a la lectura, frente a las condiciones que se están generando para que esta persona se pueda encontrar con los libros?
Creo que eso es súper complejo, porque lo ideal es que sea un trabajo conjunto entre la casa y la estructura del Estado. El problema es que el ritmo de vida no es compatible muchas veces, por razones materiales u otras, de poder dedicar ese tiempo a la mediación lectora, a leer cuentos o cantar canciones a las guaguas, todo eso que genera una relación con el lenguaje. Y ahí entran las políticas públicas. Entonces yo creo que el Estado siempre tiene que pensar que en la casa “no se hace nada”: tiene que haber fomento lector desde la primera infancia, tiene que haber un trabajo con Integra, con la Junji, tiene que haber bibliotecas abiertas y guaguatecas, porque mientras más chicos, mayor es el impacto. Y ojo, no es solamente que la gente disfrute la lectura: tú empatizas con los otros, aprendes, disfrutas, te relajas, la lectura tiene un montón de beneficios. Ahora, pensemos en las soluciones: articulemos, porque nos podemos seguir quejando y hablar de las métricas y cómo la gente no entiende lo que lee…pero hagamos trabajo en territorio, vayamos a las plazas, vayamos a los parques, hablemos de libros, vayamos a las ferias de libros, leámosle a nuestros hijos.
Pensando en el Plan Nacional de la Lectura, ¿qué me podrías comentar sobre la iniciativa Diálogos en Movimiento? ¿Existe alguna distancia en cómo se plantea esto a nivel central con la realidad de las comunidades educativas en regiones?
Creo que el programa es súper valioso, porque entrega una mediación directa de parte del escritor a los niños. Pero como casi todos esos programas de políticas públicas tienen bajos presupuestos, o tienen un alcance que es muy bajo. Es insuficiente porque me parece que llega un número de niños muy reducido. Y una cantidad de colegios que es bastante reducida.
Es difícil lograr que un adolescente, por ejemplo, sea un buen lector si nunca tuvo relación con los libros, o si es que no entiende lo que lee. Es difícil enamorarse de algo que uno no entiende, casi imposible diría yo.
Muy anteriormente, desde 1994, las bibliotecas escolares CRA han cumplido un rol clave al transformar estos espacios en lugares accesibles que fomentan la lectura por placer e investigación desde la infancia.
A través de colecciones diversas y de calidad, seleccionadas a través de un exigente sistema de evaluación, promueven en niños y niñas la motivación por leer, la creatividad, la autonomía y el desarrollo de habilidades de información esenciales para su aprendizaje.
¿Qué rol cumple o debería cumplir el programa de Bibliotecas Escolares (CRA) en este contexto?
Las Bibliotecas CRA en Atacama son las únicas que están ahí presentes todos los días, pero muchas veces no están abiertas todo el horario escolar. He estado con las encargadas de bibliotecas y son “atómicas”. Se la juegan con todo, aportan, quieren de verdad hacer lo mejor que es posible, pero a veces desde “arriba” les ponen limitantes.
¿Cuál es tu percepción del Catálogo de selección de libros que el CRA publica año a año? ¿Cómo viene a responder a las necesidades de los lectores?
El catálogo es amplio, el presupuesto es reducido. Lo importante, y es una de las grandes peleas que tienen las encargadas de bibliotecas, es la distancia que hay entre lo que los adultos o los profesores creen que deben leer los niños y lo que realmente leen los niños. Si a los niños les gustan las novelas gráficas, los cómics, el manga, bueno, invirtamos en eso, y que los profesores lean, se involucren, lo defiendan, puedan explicar con fundamentos a los apoderados por qué es pertinente que eso sea leído en clases.
Pensando en oportunidades de desarrollo de mediadores, más allá del rol del CRA con su área de Formación, ¿cómo evalúas el rol de los actores privados en esta materia?
Afortunadamente, hay privados preocupados por esto, como la Fundación La Fuente con Troquel, Copec con Viva Leer o Por un Chile que Lee, que a veces tienen miradas más robustas que las propias políticas públicas. Creo que siempre es bueno sumar a los privados, pero la principal responsabilidad acá es del Estado, no es de los gobiernos. Las políticas comenzaron en 1993 y todavía nos mantienen al debe con los resultados… podríamos decir —suena duro— que quizás han fracasado un poco, y que hay que darle una vuelta, y para eso necesitamos el apoyo de todos.
Cuatro recomendaciones
Pasando a las recomendaciones de libros que trajiste hoy, ¿cuáles seleccionaste y por qué?
Traje clásicos internacionales y también autores chilenos. El primero es de Roald Dahl, específicamente la versión de la Caperucita Roja ilustrada por Adam Larkum de la colección “Cuentos en versos para niños perversos” . Es una reversión muy divertida con mucha ironía y humor, ideal para grandes y chicos. También traje El día que los crayones renunciaron, de Oliver Jeffers, que en mi casa fue un gran éxito. Es un relato coral muy divertido donde los crayones se rebelan contra los roles de colores preestablecidos, enseñando a los niños a mirar los colores de otra manera.
¿Cómo cambió tu aproximación a estos libros a partir de la maternidad?
Cambió completamente. Aunque siempre leí, ahora le leo a mi hija de once años todas las noches. He visto cómo tener acceso a la lectura se ha transformado en una ventaja para ella en su día a día, como comprender mejor las preguntas de las pruebas. Además, ella me ayuda en las mediaciones y es parte activa de Leamos Atacama.
¿Qué otros títulos nos puedes recomendar?
Traje un libro del autor chileno Fabián Rivas titulado Mensajes, publicado por la editorial Escrito con Tiza. Es un libro muy dulce y empático que aborda el duelo por la pérdida de una abuela. Aunque el arte no tiene que educar necesariamente, este libro ayuda a hablar de la muerte con los niños de manera abierta y sin tabúes. Finalmente, recomiendo la novela gráfica Norte Olvido, de Manuel Méndez, conocido como Manu con Tinta, de Satán Editores. Trata sobre la Revolución Constituyente, pero usa personajes de la zona, como Pedro León Gallo representado por animales, como un gallo gigante. Es una obra de excelente calidad que debería ser de lectura obligatoria en todos los colegios de Atacama por su fuerte identidad territorial e histórico valor.

