Antonio Huaman, «peliculero»
- El proyeccionista exhibió material fílmico de 16 milímetros en el Centro Cultural Ser Humano. “La sensación que produce una proyección de cine analógico es muy diferente a una digital; hay que verlo para diferenciarlo”.
Esta semana estuvo marcada por la visita de Antonio Huaman, copiapino amante de las películas y con oficio de proyeccionista, al Centro Cultural Ser Humano (CCSH), quien realizó una proyección de material fílmico de 16 milímetros.
En la oportunidad, también explicó procesos como el montaje en bobina, cómo enhebrar en el proyector, el sistema de sonido de la época y su experiencia como proyeccionista.
Autodenominado “peliculero”, fanático del cine. “El objetivo es que se conociera un poco más este tema y que podamos ver algún trocito de película en este formato que tiende a desaparecer”.
¿Por qué «peliculero»? ¿Cuál es la intención detrás del concepto, y por qué su lejanía con lo que son los cinéfilos?
Los peliculeros son personas que han practicado este oficio o hobby en forma particular y un poquito alejado de los distribuidores, y de toda esa gente que manejaba la exhibición de películas en nuestra época. Porque este tema era bien complicado… las distribuidoras de películas normalmente manejaban sus productos, sus films, con mucho recelo, por temor a que alguien los explotara comercialmente.
¿Está más cerca de lo que es un coleccionista, quizás?
Yo diría que sí, pero el afán mío no es coleccionar películas, sino más bien exhibirlas. Eso es lo que a mí me motiva: poder proyectar películas.
¿Desde cuándo acumula su archivo?
Mi archivo tiene varios años ya, yo creo que unos 15 0 20 años.
¿Y usted realiza funciones en su casa? A propósito de este afán de exhibir…
Sí, a través de todo este tiempo he podido adquirir proyectores, algunos muy antiguos, otros más modernos, de los últimos que se instalaron en las salas de cine, antes que desapareciera el fílmico de 35 mm. Y eso he podido hacerlo gracias a que todos estos materiales, digamos, todos estos equipos ya estaban en desuso y fueron rematados, o sea, fueron prácticamente echados a la basura. Entonces, se pudo recuperar algo.
Hoy pudimos ver un extracto del noticiero alemán UFA, y un fragmento de Flor del Carmen, de José Bohr. A propósito de este último, la Cineteca Nacional restauró casi por completo su obra. ¿Qué le parece el trabajo de restauración física, digital, que se realiza hoy en Chile?
Es uno de los directores más prolíficos acá en Chile, tiene una gran cantidad de obras, por allá por los años 40, 50, si no me equivoco. Y muy influenciado por el cine mexicano. Además, eran las películas que se veían en aquellos años… tenían entre trágico y cómico, y eran de consumo popular.

De igual manera, el fílmico tiene una particularidad, o ciertas particularidades: las manchas, los saltos, que se pierden con el trabajo de digitalización, de conservación, digitalización…
Indiscutiblemente, ver una proyección de cine analógico es muy diferente a ver una proyección digital. Un ejemplo análogo podría ser el caso de los vinilos. Es distinto escuchar un CD a escuchar un disco de vinilo,que tiene una calidad extraordinaria; y también calidez. Una calidez que lo hace distinto. En cuanto a la diferencia entre ver una película en formato digital y verla en un formato análogo, como tú te habrás dado cuenta: hay que verlo para diferenciarlo. ¡Es muy distinto! La sensación que produce es muy diferente. A los ojos de un profano o de un experto, creo que eso ve claramente.


