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Momentos dolorosos del Liceo Católico Atacama: monografía de una realidad nacional

Por Osvaldo Carvajal Rodríguez

Profesor de Historia y Geografía

 

En su homilía por el aniversario del Liceo Católico Atacama, monseñor Ricardo Morales Galindo evocó los momentos de dolor que la institución ha debido afrontar en sus 294 años de historia. Sus palabras me impulsaron a reflexionar sobre este tema.

Sin duda, durante el siglo XVIII, el establecimiento vivió episodios dolorosos con la reiterada destrucción de la iglesia de La Merced: «tres veces la destruyeron los temblores antes del terremoto de abril de 1819, que dio también al suelo con ella», registró Sayago en Historia de Copiapó.

Sin embargo, fue con la llegada de la República cuando se produjeron las situaciones más controvertidas y dolorosas.

Es de conocimiento público que los principales protagonistas de nuestra independencia del Imperio español, tenían en común pertenecer a la logia Lautaro en Londres, y que este país, cuya religión oficial era la anglicana, disputaba el control del continente a la España católica, lo que queda claramente expresado en el  Plan Maitland, redactado en el año 1800 por el general escocés Sir Thomas Maitland que contemplaba tomar Buenos Aires, marchar hacia Mendoza, coordinar acciones con un ejército local, cruzar la Cordillera de los Andes, derrotar a los españoles en Chile y, finalmente, armar una flota marítima para invadir y liberar el Perú por el océano Pacífico. ¿Le parece conocido? A ello se sumaron los intereses británicos por ampliar su influencia política y comercial en los nuevos países independientes, cuyos gobiernos fueran débiles, para que así Inglaterra pudiera explotar los recursos naturales sin tener que gobernar directamente este territorio (recordemos de qué nacionalidad eran los empresarios que tomaron el control mayoritario del salitre después de la Guerra del Pacífico). Todo calzaba bien, salvo una dificultad: la unidad que le otorgaba al continente la Iglesia Católica, por lo que debilitarla era parte de la estrategia. ¿Qué relación tiene todo esto con el Liceo Católico?, se preguntará usted. Uno de sus momentos más dolorosos fue la confiscación de la escuela y de los terrenos mercedarios durante el Gobierno de Ramón Freire (1824-1826). Era entonces la única escuela de Copiapó. Tras la expropiación, quedó bajo la administración del Cabildo, pero los mercedarios continuaron dirigiéndola y enseñando gratuitamente. Aunque la Constitución de 1833 reconoció las escuelas conventuales y ordenó devolver los bienes confiscados, la escuela no fue restituida hasta 1850.

También causaron gran pesar el incendio de 1914, que consumió la iglesia gótica construida hacia 1864, y el terremoto de 1919, que destruyó gran parte del colegio. Ambos desastres contribuyeron al cierre del nivel medio, denominado Liceo Alemán. La enseñanza básica continuó como Escuela Emeterio Goyenechea Gallo.

En 1967, el Liceo Católico Atacama sufrió nuevamente el cierre de su enseñanza media, reabierta en 1953. Ocurrió durante el Gobierno de Eduardo Frei Montalva, debido a dificultades políticas y presupuestarias: la subvención fue recortada por congresales contrarios a la Iglesia y pagada con un año de atraso, pese a la inflación. Paradójicamente, los parlamentarios que obstaculizaron la subvención escolar pertenecían a los mismos partidos que habían pedido a la Iglesia, durante los gobiernos del Frente Popular, crear colegios para cubrir la demanda de enseñanza secundaria. En Copiapó, esta respondió fundando el Liceo Sagrado Corazón (1949), reabriendo la enseñanza media del Liceo Católico (1953) y creando el Liceo Técnico Belén (1955).

Tras el cierre del nivel medio, el establecimiento continuó con su nivel básico como Escuela Particular Nuestra Señora del Carmen. En 1970 se reabrió la enseñanza media bajo el nombre de Liceo Mixto Sagrado Corazón, al fusionarse con el colegio de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús.

Después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, la Iglesia, liderada en Atacama por monseñor Fernando Ariztía, defendió a quienes sufrieron violaciones de sus derechos humanos. El liceo acogió y dio trabajo a profesores exonerados por el Gobierno Militar, algunos vinculados a los partidos que en 1967 habían obstaculizado su subvención. Pese a ello, ante tan graves abusos, la Iglesia defendió la vida y la dignidad humana, y el Liceo Católico brindó apoyo y protección.

Al recuperar la democracia, la implementación del Sistema de Admisión Escolar (SAE) también ha causado dolor en la comunidad liceana, pues no permite a muchos exalumnos asegurar el ingreso de sus hijos al colegio donde estudiaron ellos, sus padres o abuelos. Paradójicamente, fue aprobado por sectores políticos cuyos miembros fueron acogidos y defendidos por la Iglesia y el Liceo Católico durante las décadas de 1970 y 1980.

Al asignar centralizadamente las vacantes, el SAE debilitó vínculos familiares construidos durante generaciones. Sin embargo, la reforma legal actualmente debatida en el Congreso permitiría a este colegio, por su alta demanda, considerar entre sus criterios de admisión a los hijos de exalumnos.

A pesar de los momentos difíciles que le ha correspondido vivir y de las tensiones internas y externas que ha debido afrontar, el Liceo Católico Atacama se encamina hacia la conmemoración de sus trescientos años de trayectoria educativa ininterrumpida. Durante este extenso período ha entregado una sólida formación cristiana y una educación de excelencia a miles de personas de distintos grupos socioeconómicos, constituyéndose en un importante espacio de formación y promoción social que sin duda debe permanecer.

IMAGEN/LICEO