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Río: Eliana Hertstein, entre la geología y la palabra

Poeta nacida en Copiapó. Más de cuatro apariciones en antologías desde 2004 a la fecha. Coautora de otras dos publicaciones, autora de Selva (Tala Ediciones, 2022), y próxima a la publicación del motivo de su conversación con Diario Chañarcillo, un nuevo poemario: Río.

Eliana Andrea de Rita Hertstein Silva (1987) es también Técnico en Geominería del Centro de Formación Técnica (CFT) de la Universidad de Atacama, y, pese a lo que podría parecer obvio, la experiencia en minería “no determina tanto mi escritura”, dice. En esta entrevista detalla cómo su formación técnica y el estudio de registros geofísicos dan forma a su proceso creativo, permitiéndole conectar la ciencia con el paisaje desértico de la región en su obra.

Además de discutir su trayectoria editorial y sus proyectos de mediación artística con comunidades locales, Hertstein adelanta su próximo libro, titulado Río —Fondo del Libro y la Lectura en su línea de Apoyo a la Industria del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio—, donde asegura haber experimentado con nuevas estructuras métricas y sonoras en comparación con su última publicación.

¿Cómo crees que conversa la literatura con la minería?

Pienso que la poesía y la palabra tienen que ver con cómo uno se aproxima a leer el mundo. Ya sea a través de la interpretación de rocas en la geominería o mediante la palabra, el ejercicio es el mismo. Desde 2008, mi trabajo técnico me permitió acercarme a otras realidades que nutren mi escritura. Hoy, esa conexión es más técnica: me especialicé en registros geofísicos de ultrasonido de roca y utilizo un software de análisis de voz para procesarlos y bueno, por las lecturas en las que he ahondando en el último tiempo llegué a la lingüística, a la palabra. Entonces todo se conecta a través de la medida del tiempo y la longitud de onda

¿Cómo estas experiencias demarcan tu obra? ¿Qué me podrías comentar sobre los procesos que dan forma a tus libros? Selva, publicado en 2022 fue tu primer libro, pero tú escribes desde hace mucho antes.

Cuando empecé venía de una tradición de gente del mundo de la poesía de la Serena de Coquimbo. Tenía 15 años y el imaginario estaba súper marcado por la poesía como algo que “era lo que era”, que venir a “meterle mano” no era lo más apropiado… Un rollo más bien simbolista. En esa época para mí la poesía venía de las entrañas, de las vísceras; si no se sentía no era poesía. Ahora mi relación con la escritura es cambiante y depende de la etapa en la que esté, pero siempre buscando conectar todo a través de la palabra. Más que determinar mi escritura, lo que mi trabajo en minería y mi poesía comparten es el imaginario del desierto de Atacama. Es un cuerpo en común que nace del mirar y del pensar, aunque luego se sigan caminos distintos.

Hace no mucho publicaste “Ritos subterráneos salen a la luz: necrópolis de humanos y camélidos en El Olivar” en la revista Superreinos, un texto de formato híbrido sobre un sitio arqueológico en la Región de Coquimbo. ¿Cómo surge esta mezcla entre ciencia, reportaje, crónica, incluso, y ficción?

Fue una invitación para la sección “Pensar lo nuevo”, que aborda la ciencia ficción y diálogos interespecies. Investigué durante meses sobre la necrópolis diaguita de El Olivar y vinculé ese hallazgo arqueológico con la resonancia Schumann y la geofísica. Me demoré tres meses, no tanto en escribir, pero sí en reunir la información, y propuse que esos cuerpos fueron “desenterrados” por las vibraciones del planeta y el movimiento de maquinaria pesada. Es una exploración de cómo cada cuerpo posee frecuencias y vibraciones medibles físicamente.

También has explorado el arte escénico y las instalaciones sonoras, como en Poema de Atacama (2024).

Sí, en Poema de Atacama la pregunta central fue “¿se puede habitar el poema más allá del papel?”. Trabajamos con lienzos de gran formato pintados con pigmentos minerales de la quebrada de El Tránsito. Fue un regreso a lo geológico para darle forma a lo que surgía en el camino. Son exploraciones; yo no soy artista escénica. Fue “actuar como poeta”… yo no iba con un diálogo de memoria como tal. Son ciertas necesidades, y en esas necesidades hay curiosidad, hay inquietud y uno aprovecha lo que saben las otras personas, los colegas.

Has recorrido diversas localidades de Atacama y el Maule realizando mediación artística. ¿Qué crees que es lo más valioso de estos procesos comunitarios?

Yo no soy profesora, pero si me posiciono dentro del ecosistema educativo, artístico o cultural, me puedo inscribir como una “artista educadora”. Lo más importante es la relación horizontal y el diálogo. En lugares como Inca de Oro, Freirina o Los Loros, desarrollamos procesos de larga estadía, de tres a seis meses, basados en la confianza y el afecto. No se trata de “llevar cultura”, sino de intercambiar saberes. Con los niños, por ejemplo, la literatura infantil permite un diálogo fluido y muy ingenioso.

Ante el escenario actual de políticas regresivas y las críticas de artistas a las nuevas bases de Fondos Cultura ¿cuál es tu visión sobre las políticas públicas en Chile?

Chile tiene bases significativas en políticas de educación artística y del libro, pero los recortes son un retroceso social complejo. Más allá de que los artistas se queden sin recursos, lo preocupante es perder el derecho a una educación transformadora. Se deberían reformular las bases y realizar auditorías de calidad en lugar de recortar “a la ligera”. Me parece que es irrisorio, que es denunciable, por así decirlo, porque todos los recursos que han habido hasta la fecha son recursos legítimos para un ministerio. Acá desde la Seremi hay muchos trabajos buenos, hay mesas regionales de artes visuales, de educación artística, se hacen todos los esfuerzos. Bajándolo a Atacama, pienso que tenemos todo para que sea distinto, pero los procesos son lentos y las cosas cuestan un montón.

Ahora, el motivo de tu visita: Río. ¿De qué se trata este nuevo poemario en el que estás trabajando?

Este libro es parte de un trabajo muy distinto a los anteriores en mi escritura. Me he entretenido bastante, aunque soy súper lenta. En Río estoy experimentando con versos más largos, otros sonidos y otros tiempos. El primer capítulo, por su propia escritura, va más rápido que el segundo y el tercero. Todo tiene que ver con el habitar y el transitar en esta vida.

¿Qué puntos en común tiene con tus demás publicaciones, con Selva, en específico?

Veo Selva a la distancia y lo siento como un libro súper contenido, no explota, como si hubiera un hablante que se está reprimiendo en un verso corto y fragmentado. Río es diferente principalmente por la longitud del verso y por una cercanía con imágenes más concretas que se consiguen en algunos pasajes; imágenes que se pueden ir sintiendo de otra forma.

¿Nos podrías leer algo?

Claro. Leeré dos poemas de Selva:

Chivirín

El chivirín
hábil en su pequeñez
sabe cargar su fruto de rama en rama como el colibrí
que hace de la piel de un animal muerto
su propia casa.

Bisubisu
(Fragmento)

Nada tan distinto este camino
el gavilán devora con paciencia su presa
entrañas de una liebre distraída
la rapidez del paisaje no se detiene
a esperar la velocidad del golpe
o la lenta soledad del cemento
veo cientos de animitas
y tengo miedo de no llegar a destino.

Muchas gracias, Eliana

Gracias, gracias a ti.