Manuel Méndez, autor de Norte Olvido: «Un libro sí genera puestos de trabajo»
Desde la ilustración y el cómic, Manuel Méndez, “Manu con Tinta” se ha encargado de contruir un particular imaginario para contar la historia de la Región de Atacama. Diseñador gráfico de formación, el creador de Norte Olvido, saga de cómics que aborda episodios de la historia regional y nacional como la Revolución Constituyente y la Guerra del Pacífico, ha enfocado su obra la creación de personajes antropomorfos para jugar con la investigación histórica y la ficción con una mirada crítica sobre la relación entre el norte y el centro del país.
Su trabajo también se ha extendido a los muros y espacios públicos de Copiapó y Caldera de la mano de iniciativas como Graffiti Atacama, con las que busca poner en valor la flora, fauna, paleontología y otros elementos que forman parte de la identidad local. Actualmente se encuentra trabajando en el tercer tomo de Norte Olvido, luego de publicar este año Norte Olvido 1879.
En esta conversación, Méndez aborda parte de los fundamentos que dan origen a su obra y vínculo con el territorio como marca personal, además de las dificultades que enfrenta el trabajo artístico y cultural ante la reducción de recursos para financiar este tipo de iniciativas por medio de fondos públicos.
¿Cómo estás, Manuel? ¿Qué me podrías contar sobre tu trabajo en estos meses?
Estoy bien, ha estado intensa estas semanas con harta harta pega. Esta semana en específico hemos estado full pintando con “Graffiti Atacama” en El Palomar y en Rosario. Y bueno, con Norte Olvido también estamos full: el segundo libro lo sacamos este año, Norte Olvido 1879, que abarca las peripecias del Batallón Atacama a través de estos personajes, de estos “zorritos” que se ven involucrados en este hecho histórico. Ahora estamos trabajando en el tercer tomo, que es sobre el arco de Lima.
Antes de entrar de lleno en lo que es tu trabajo me gustaría preguntarte por tu formación en Diseño. ¿Cómo llegas a la ilustración?
Esto nació hace mucho tiempo durante mi proyecto de título de diseñador gráfico. Yo buscaba algo que pudiera representar bien el norte: mostrar los paisajes, la fauna, los colores, y Norte Olvido nació de eso. El diseño gráfico me dio hartas herramientas que pude utilizar en el cómic, pero igual siento que soy un poco autodidacta; nunca he tenido un curso intensivo de cómic profesional, pero se ha logrado.
Una de las obras más destacadas publicada por Satán Editores es la saga Norte Olvido. Hablemos del género el cómic y de tu trabajo con figuras antropomorfas. ¿Cómo se entienden las narrativas gráficas en Chile?
El primer Norte Olvido nace por querer contar la Revolución Constituyente, porque mucha gente no tiene idea de qué hizo Pedro León Gallo y esto buscaba acercar ese suceso que levantó a todo el norte en armas. Sobre los animales, quise darle una vuelta porque a veces tanta ilustración heroica de Arturo Prat o Bernardo O’Higgins se me hace un poco repetitiva y no tan atractiva visualmente. Uso a los zorros como analogía de la fauna local que se ve invadida por las reglas que impone Santiago a través de sus autoridades, que son representadas con perros, porque cuando los perros son asilvestrados dañan la fauna del lugar. Siento que el cómic y el manga están en un auge en Chile, me he dado cuenta en las ferias, se está produciendo mucho más cómic chileno e incluso acá en Atacama ya hay varios autores.
En la página web de Norte Olvido (norteolvido.cl) se ofrece un repositorio interesante sobre la obra. ¿Qué hay detrás de este esfuerzo?
La página siempre se pensó para que la gente tuviera acceso sin necesariamente tener el libro, de hecho, se puede leer completo en internet. Lo pensé desde mis propias referencias de cuando era niño y me metía a ver páginas de anime donde estaban todos los personajes y las fichas técnicas, eso se me hacía muy atractivo. La idea es que esté al alcance de todos y sirva para actividades de mediación también.
¿Cómo entra todo el trabajo histórico en la obra? ¿Desde dónde parte la investigación?
El primer libro fue mucho desde mi propia investigación. Leí Atacama de Plata de Oriel Álvarez, aunque lo mostraba todo muy heroico y patriota. Nosotros queríamos verlo desde la vulnerabilidad que tenían los soldados y lo que tuvieron que enfrentar. Ahora trabajo con un profesor de historia, Raúl Ocaranza, que siempre me está mandando libros, papers y registros. Al final del libro ponemos una bibliografía detallando qué viñetas son reales y dónde nos dimos una licencia artística. Con el Museo Regional hablamos al principio con Felipe Orellana, pero como se estaban cambiando y tenían todo embalado, no tuvimos tanto acceso a su material en ese momento.
En mayo estuviste en Lima: ¿Cómo se cruza la bibliografía chilena con la peruana?
Los historiadores peruanos están muy conscientes de los errores que se cometieron en la guerra y de lo que pasó; tienen ese conflicto mucho más presente en su cultura urbana. Hicimos muy buenas migas; allá Perú siempre ha tenido gobiernos inestables y golpes de estado, algo que Chile aprovechó en su momento al tener un gobierno más consolidado. Les gustó mucho el proyecto, lo encontraron súper interesante.
¿Qué me podrías decir sobre tu trabajo desde una perspectiva territorial? Hay mucho de activismo, del trabajo con e inspiración en las comunidades de la región de Atacama.
Yo estudié en Santiago y cuando quería hacer el título sentía que la región era algo que me identificaba harto, me da una identidad afuera. Siento que haber crecido aquí en este contexto, en el desierto, nos hace especial, nos moldea de alguna forma un ambiente hostil. Yo quería mostrar lo bonito de la región porque en esos años había salido en un diario que éramos de las ciudades más feas y me daban más ganas de decir: “sí hay cosas bonitas en la región”. Considero que para poder cuidar nuestro entorno tenemos que conocerlo para agarrarle cariño. Por eso pintamos muros con flora, fauna o paleontología, para aprovechar el arte para educar y que aprendamos de nuestro territorio para poder protegerlo.
En ese sentido, ¿cómo surge el proyecto Fondart Regional del Mincap Voces de Atacama y cómo conversa con la reducción presupuestaria que afecta directamente a la postulación de fondos?
Qué bueno que lo menciones. Mira, Voces de Atacama fue un proyecto bien grande, de harto presupuesto porque tuvo investigación y estuvimos dos años haciéndolo. Fue otro libro sobre tradición oral que nace de un proyecto de Javiera Cuevas llamado Voces del Viento pero con ilustraciones en xilografía y litografía. Yo creo que ahora, si quisiéramos volver a postular a algo así, vamos a tener que reducir hartas cosas, quizá no vamos a poder viajar a los lugares a entrevistar gente, vamos a tener que ir abaratando costos y también reducir nuestros honorarios. Eso igual es complicado porque uno cuando tiene buenos honorarios, como me ha pasado con Norte Olvido, puede vivir de esto y darle todo el tiempo que merece el trabajo. No es fácil hacer un cómic: hay que escribir, crear la historia, adaptarla a un guion, hacer el storyboard, los bocetos, el entintado, el color y la edición final para imprimir; es un montón de pega. Eso que dicen de que un libro no genera trabajo es falso. El arte y la cultura van a aguantar y van a resistir igual, aunque tengamos que arreglárnoslas por nuestra cuenta, pero es distinto trabajar tranquilo con un sueldo que te permita dedicarle el tiempo que la obra merece.

