“Necesitamos una inyección de recursos”: El análisis de Socorro Andino tras el sistema frontal
Tras el balance entregado por la Delegación Presidencial sobre la transición hacia una etapa de “recuperación técnica”, Julio Masso, jefe regional del Cuerpo de Socorro Andino Atacama, profundiza en los desafíos estructurales que enfrenta el rescate especializado en la región.
Mientras la ayuda del Gobierno se pausa para planificar, los especialistas de montaña advierten que la respuesta ante desastres no puede depender exclusivamente del voluntarismo y del aporte de las empresas privadas.
Comando de Incidentes y el rol del PARME
Masso explica que la integración de Socorro Andino en la cadena de mando estatal en rescates de gran envergadura se realiza a través del Sistema de Comando de Incidentes, el cual permite articular a municipios, Carabineros, Bomberos y el Ejército. En esta contingencia, el centro de operaciones se instaló en el municipio de Alto del Carmen, donde Socorro Andino ha trabajado “codo a codo” con la Patrulla de Auxilio y Rescate Militar del Ejército (PARME), una unidad especializada de montaña que se activa bajo estados de emergencia específicos para salvar a personas en peligro.
Esta alianza fue clave en Junta de Valeriano, donde tras tres días de aislamiento, las patrullas conjuntas no solo buscaron personas desaparecidas, sino que terminaron liderando la organización del pueblo, habilitando albergues y coordinando la construcción de pistas para helicópteros con la ayuda de los propios vecinos.
Masso explica que a pesar de tener presencia en Caldera, Copiapó, Vallenar y Alto del Carmen, la escasez de recursos obligó a tomar decisiones críticas. Con una sola camioneta para toda la región de Atacama, el cuerpo debió priorizar sus esfuerzos en la alta cordillera. “Respondimos lo suficiente, pero nos hubiese gustado responder mejor”, cree Masso, a propósito de que comunas como Caldera quedaron sin patrulla activa de Socorro Andino, recibiendo solo apoyo administrativo debido a que los equipos especializados en montaña debieron concentrarse en la emergencia climática extrema de Alto del Carmen.
Flexibilidad laboral: Una urgencia aparte
Uno de los puntos más críticos señalados por Masso es la brecha entre el sector público y el privado para la tramitación de permisos laborales en situaciones de catástrofe. Mientras que empresas mineras y privadas suelen permitir la salida de voluntarios, el jefe regional denuncia que “el área pública no tiene instructivos ni marcos legales” para que sus funcionarios colaboren en rescates oficiales.
Esta falta de flexibilidad en permisos laborales—a diferencia de la que ya posee Bomberos, por ejemplo— obliga a los rescatistas a utilizar sus propios días de vacaciones para participar en operativos. “El área pública debería poder poner a disposición a sus funcionarios”, recalca Masso, señalando que profesionales del MOP o servicios de salud que son expertos en montaña se les imposibilita ayudar en el momento más urgente.
Mirando hacia el futuro, Socorro Andino apuesta por una Mesa Central de Planificación que ya trabaja con los municipios de Copiapó y Caldera para realizar capacitaciones que debieron postergarse por la contingencia. La meta es ambiciosa: consolidar una patrulla de rescate permanente por comuna para no dejar territorios desprotegidos ante eventos simultáneos.
Finalmente, la lección más grande del temporal de julio de 2026 radica en la habitabilidad de las zonas remotas. Masso observa con ojo crítico que, mientras la legislación de construcción cambia con una “velocidad envidiable” tras cada terremoto, no ocurre lo mismo con las normativas ante inundaciones y aluviones.
En ese sentido, y dado que mantener la conectividad vial permanente en zonas como Totoral o la cordillera de Tierra Amarilla es poco probable, el experto propone un cambio de paradigma: “preparar a las comunas para quedar anegadas”. Esto implica que las localidades cuenten con zonas seguras habilitadas para periodos largos, fuera de áreas de riesgo de avalanchas o aluviones y con autosuficiencia crítica, es decir, un stock de medicamentos (como penicilina), alimentos resguardados y combustible suficiente para generadores.
Masso indica que el aprendizaje post-catástrofe debe enfocarse en que ninguna emergencia igual o menor a esta vuelva a encontrar a Atacama sin un piso mínimo: “si las comunidades están preparadas, deja de ser urgente tener que llegar con un rescate inmediato, porque sabemos que están bien físicamente”, concluye.


