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La evolución de cómo los humanos nos gobernamos, interludio a la parte III: Gaius Julius Caesar, un hombre, una visión, un imperio

Por Rodrigo Ferrada, Periodista, analista internacional de Diario Chañarcillo.

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Por motivos ajenos a mi voluntad esta serie de revisionismo histórico-político no había visto nuevo episodio. Pues bien, es momento de continuar.

Quedamos en la República Romana, y como su caída se evidenciaba durante mucho tiempo.

Bueno, no es posible hablar de la historia universal, no solo de Roma, no, de la historia humana, sin mencionar a Gaius Julius Caesar (Julio César, como se le conoce en español), el estadista, soldado, general, conquistador, y últimamente, causante directo de la extinción de la República para dar paso al Imperio Romano, el sistema autocrático que regiría hasta el fin de esta nación, y con esto cambió el curso entero de la historia humana, y el destino de la civilización occidental de hoy.

César era un patricio, un noble, cuya familia, el Gens Julii, clamaba descendencia directa de la Diosa Venus, y de los fundadores del ancestral reino latino de Alba Longa, sin embargo, en la álgida disputa entre “optimates”, los partidarios de la nobleza, y los “populares”, los que apoyaban al pueblo y al ciudadano común y sus derechos, Caesar era de los últimos, al igual que Gaius Marius, uno de sus mentores.

PERSEGUIDO POR SULLA

Pero, a pesar de su posición, Caesar fue hijo del rigor, era muy cercano a Gaius Marius, (el creador de las reformas marianas que profesionalizaron al ejército romano convirtiéndolo en la fuerza más formidable que jamás existirá), por lo que se hizo odiar pronto por el tirano pasajero, Lucius Cornellius Sulla, un dictador que gobernó brutalmente en un período anárquico de Roma. Al principio, césar ocupó oficios religiosos, e incluso fue nombrado “Pontifex Maximus”, pero, la persecución de Sulla siempre lo tuvo en la huida, hasta que este cayó.

EL ASCENSO

César destacó en todo lo que hacía, y su influencia aumentaba, al igual que su fortuna, por lo que pronto formó, con dos de los hombres más poderosos y ricos de la ciudad eterna, el triumvirato, una especie de gobierno conjunto, donde tres cónsules, Marcus Licinius Crassus (Conocido coloquialmente como “Craso”), que era nada menos el hombre que suprimió la rebelión de Espartaco (el Gladiador sublevado que reunió un ejército de esclavos y causó las Guerras Serviles)  y que alineó 200 kilómetros de la Vía Apia con esclavos crucificados en castigo a la revuelta. Se sumaba Gnaeus Pompeius Magnus, (conocido como “Pompeyo”), un hombre de suma influencia militar, política y económica, y, Gaius Julius Caesar, los tres, presidían en el Senado.

Este triumvirato traería algo de estabilidad a Roma, pero, sería breve.

“VINE, VÍ, CONQUISTÉ”, LA GUERRA DE LAS GALIAS Y LA SUPREMACÍA DE CAESAR

Julius Caesar fue nombrado gobernador de la Galia Cisalpina (actual Francia, antes de los alpes), y aprovechó esto, para llevar, durante 8 años, una guerra de conquista, genocida (si, hay que decirlo), contra las tribus galas de la Galia Trasalpina (también actual francia, pero pasados los Alpes), etnias que eran temidas por los romanos, que no olvidaban el saqueo de la Ciudad-Estado de parte de los galos de la tribu de los Senones, liderados por Breno, el 387 antes de Cristo. No le fue díficil encontrar el “Casus Belli” (la justificación), primero con tribus galas queriendo migrar ante presiones de las hordas de Germania, por territorio Romano, específicamente los Helveti, luego la excusa fue la incitación de los Belgi, y así sucesivamente, Caesar sometió a todas las tribus que encontraba en la Galia, por la diplomacia, o la fuerza, junto a sus legiones, especialmente su amada LEGIO X Equestris.

Finalmente, luego de muchos abusos y crímenes de guerra para los estándares de hoy, se alzó Vercingetorix, jefe de la tribu de los Arverni, que logró crear una gran confederación unificada de tribus de la Galia contra Roma, y que fue el principal rival de César, el cuál sufrió la derrota de parte de Vercingetorix en Gergovia, pero, finalmente, en un asedio brutal y horrífico, en Alesia, y contra toda probabilidad, en un acto de genialiad militar superior, sometió al jefe galo. César, con la derrota casi a la vista, supo doblegar la situación, porque antes que todo, era un soldado, no sólo un general que esperaba detrás de las líneas dando órdenes, no, él combatía con una proesa extraordinaria en el frente, motivando a sus legionarios y centuriones. Vercingetorix, para salvar a su pueblo del exterminio, se sacrificó, puso sus armas a los pies de Caesar, y besó el águila del estandarte, y fue paseado en cadenas en la procesión triunfal de César en Roma.

Los galos fueron en su mayoría esclavizados o exterminados, los que quedaron se asimilaron a Roma. César, hombre prudente, y que podía ser muy magnánimo, también podía ser presa da una brutalidad inusitada, en sus “Comentarios de la Guera de Las Galias” (Comentarii Di Bello Gallico), escribe en primera persona, y narra atrocidades cometidas, con una frialdad increíble, cosas como: “quemamos la aldea, esclavizamos a la población, al resto los matamos, hombres mujeres y niños”, y lo dice con una normalidad tan terrible que da pavor, pero, son más de 2 mil años atrás, si es que eso sirve de atenuante. Al final, César terminó no solo conquistando a uno de los enemigos más temidos por los romanos, sino que se convirtió, producto de esto, en una figura extremamente querida por el “populus”, y producto de casi una década de saqueo y pillaje, enormemente rico. Un hombre partidario del pueblo, querido por este, y millonario, era un terror para el resto de los nobles y el Senado. Incluso Pompeyo y Craso se preocuparon, y eso que, al igual que Caesar, aborrecían la república en el estado en que estaba, y al Senado.

ENEMIGO DEL SENADO

Caesar era un noble, pero, en la disputa entre los optimates (partidarios del Senado y la Nobleza) y los Populares (partisanos del pueblo), César era de los últimos, muy cercano al pueblo común, a la “plebs”, esto lo convertía en un terror para el Senado, un hombre, ahora inmensamente rico por la conquista, amado por el pueblo, era candidato ideal para ser el nuevo “REX” de Roma, algo que la nación aborrecía.

Sin embargo, supo navegar los cauces políticos e intimidar con sus legiones lo suficiente, hasta lograr la dictadura de por vida.  Desafió al Senado y a todo lo que Roma tenía por sagrado, y con sus legiones, bajo apercibimiento de ser enemigo público, cruzó la frontera que marcaba el río Rubicón, entrando así a Italia, y marchó sobre la Capital, para “reclamar lo que en derecho me corresponde”, con su célebre frase “Alea Jacta Est” (La suerte está echada). Ahora, es importante recordar que esta “Dictadura”, no tiene nada que ver con la moderna, donde un tirano se toma el poder por la fuerza, no, esta era una institución ancestral romana, para proteger la República en tiempos de crisis.

Sin embargo, las cosas tomaron mal rumbo, Pompeyo, se enemistó con su antiguo aliado y llevaron adelante una amarga guerra civil, con César como triunfador.  Crassus por su parte, cometió el “CRASO” error, (así es, su nombre quedó en la infamia hasta hoy), de querer ser como César e invadir al Imperio Parto, donde fue derrotado y perdió la vida en forma humillante.

Caesar se abocó en solucionar los dos grandes problemas de la república agonizante, el primero, patricios acaparando toda la tierra, el segundo, esclavos haciendo toda la mano de obra en desmedro de ciudadanos romanos, que, en su mayoría, vivían desempleados y destituidos.

César se alzó a la supremacía e instauró reformas significativas, pero finalmente, la envidia, y el temor a que su mandato se convirtiera en tiranía, terminó con los senadores matándolo a puñaladas, siendo Marcus Iunius Brutus, uno de sus más cercanos, el principal conspirador (era descendiente del Brutus que expulsó a los reyes y fundó la república, tal vez se sintió con responsabilidad de protegerla). Caesar cayó muerto, Suetonio alega que antes de fallecer, dijo a Brutus en griego, “Kaì sý, téknon?” (¿Incluso tú, hijo mío?), pero testigos presenciales solo lo vieron cubrirse el rostro con la toga y morir en silencio sin pronunciar palabra, manteniendo así la dignidad.

César dejó este mundo, pero no importó, la república se caía a pedazos, y de pronto se alzó la figura de su heredero, Octaviano (Augusto, el primer emperador), un muchacho que nadie jamás pensó sería lo que se convirtió, y que tenía ya todo listo para formar el Imperio y disolver la República, teniendo solo que derrotar finalmente al antiguo general de César, Marco Antonio, en Egipto, cosa que hizo con facilidad.

Así fue César, vino, vio, conquistó, no sobrevivió para verlo, pero fundó el imperio más grande que ha existido y terminó con un gobierno republicano de 500 años, cambió el curso de la historia, y no es escandaloso decir, que es el hombre más importante para el desarrollo de la historia universal, que haya existido.

Vercingetorix rindiendo sus armas a los pies de César, sellando la derrota gala.