Héctor Almandoz y la revancha de Copiapó: volver a creer para hacer historia
POR:PAULA CARMONA CABRERA
No fue un día cualquiera en el estadio Luis Valenzuela Hermosilla de Deportes Copiapó. Entre saludos, abrazos y un cumpleaños celebrado en casa, Héctor Almandoz inició su tercer ciclo al mando del club con un mensaje claro: la historia aún no termina y la revancha ya comenzó.
El técnico argentino volvió a un lugar que siente propio. No solo por el club, sino por la ciudad. “Copiapó es mi casa”, repite con convicción. Aquí decidió vivir con su familia, aquí quiere seguir escribiendo páginas importantes de su carrera y aquí asume, una vez más, el desafío de sostener una vara que él mismo ayudó a levantar.
La temporada pasada dejó una mezcla de orgullo y dolor. Una campaña extraordinaria que no terminó con el premio mayor. “Quedó un poquito de pena en la ciudad”, reconocen desde el entorno, pero también quedó algo igual de importante: una base competitiva, identidad y sentido de pertenencia.
Almandoz lo sabe y no esquiva la presión. “La vara está alta, pero vamos a trabajar para que siga creciendo”, afirma. Su idea no cambia: equipos protagonistas, intensos, con personalidad, que hagan de Copiapó una plaza difícil para cualquier rival.
Hoy, el Estadio Luis Valenzuela Hermosilla ya no recibe 700 personas como antes. Ahora exige entre 3.000 y 5.000 hinchas, reflejo de un club que se ganó respeto en el fútbol chileno. “Eso no es casualidad, es trabajo de todos”, enfatiza el DT.
El trabajo comenzó el lunes, en condiciones exigentes: calor, cancha sintética y un plantel con muchos rostros nuevos. Lejos de verlo como un problema, el entrenador lo transformó en parte del desafío. “Como se entrena, se juega”, repite ante sus dirigidos.
La evaluación de la primera semana es positiva: un plantel unido, con hambre y sed de revancha. “Encontré jugadores con ganas, con actitud, con deseo de ir por más”, destaca. La planificación incluye doble turno y una Copa Chile entendida como etapa de acople, sin perder de vista el gran objetivo: el campeonato nacional.
En cuanto a refuerzos, el mensaje es de calma. El plantel está casi completo y las incorporaciones responden a una idea clara: un Copiapó rápido, intenso y con transiciones efectivas.
No todos recibieron su regreso con los brazos abiertos. Almandoz lo sabe. Parte de la hinchada duda, recuerda ciclos pasados y cuestiona. Su respuesta no entra en la polémica: trabajo, humildad y resultados.
“Lo que me empuja es la gente en la calle, el respeto y el cariño”, confiesa. Recuerda con emoción aquella llegada a la plaza, el orgullo del hincha copiapino y promete luchar para que esa sensación vuelva. “Todo se va a ir dando con los resultados”, insiste.
También aclara su salida anterior: problemas de salud y un contexto complejo. El pasado no lo ata, pero sí lo compromete. “Me siento parte de la historia de este club”, dice, recordando el 2017, la salvación del descenso, las liguillas y el histórico ascenso de 2022.
En Copiapó lo dicen sin rodeos: la vara es Almandoz. Superar lo ya hecho parece el único camino posible. Él no se esconde. “Vamos a hacer todo y más para volver a ayudar a hacer historia”, promete.
El llamado final es a la unidad: dirigencia, plantel e hinchada. Que el estadio vuelva a llenarse, que el respaldo se sienta desde el primer partido y que el equipo responda en la cancha.
Con el sol del desierto como testigo y una ciudad expectante, Deportes Copiapó vuelve a creer. Y Héctor Almandoz, una vez más, se pone al frente del desafío más exigente: superarse a sí mismo y devolver a Copiapó al lugar donde sueña estar.

