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Columna de Opinión: «Cuidado con los cuidados: Derechos como garantías y no simples asistencias»

Por Pablo Zenteno, abogado y ex Director Nacional del Trabajo & Vanessa Carrasco, comunicadora social.

 

En Chile, la desigualdad de género no empieza cuando una mujer busca empleo: empieza en la cuna. Y particularmente en Atacama donde la economía se levanta sobre sectores altamente masculinizados, el cuidado es la línea invisible que define quién estudia, quién trabaja y quién queda fuera de la estructura productiva. Y casi siempre, son las mujeres las que quedan fuera.

Este debate hoy importa más que nunca, porque entre los dos proyectos presidenciales, solo el de Jeannette Jara reconoce que el cuidado es un problema estructural del país. Con sus propuestas se entiende que la vida en comunidad se sostiene desde las políticas públicas, no desde sacrificios privados asistenciados. Como ministra, empujó la Ley de 40 horas, la reforma de pensiones y una agenda laboral que busca el Trabajo Decente, la conciliación entre la vida laboral y familiar y un alza histórica del ingreso mínimo. Hoy, es la única que incorpora el cuidado como un pilar de su proyecto de gobierno, incluso sabiendo que lo que propone es apenas un punto de partida frente a la magnitud del problema.

El derecho a ser cuidado, cuidar y cuidarse, ha sido recientemente reconocido como derecho autónomo por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Chile y países vecinos ya se encuentran en la creación e implementación de modelos como Sistemas Nacionales de Cuidados que reconocen que las estructuras sociales que cargan estas labores no remuneradas excesivamente en las mujeres son la base de las precarizaciones en sus trayectorias de vida.

El cuidado, así definido, está en la decisión de tener hijos o de no tenerlos, porque maternar implica una inestabilidad laboral que los hombres no siempre enfrentan. Está en el debate sobre aborto, donde la autonomía reproductiva choca con un sistema que espera que las mujeres asuman responsabilidades, sin garantías. Está en la informalidad laboral, donde miles de mujeres optan por trabajos precarios para compatibilizar horarios. Y está en la exclusión del empleo formal, donde Atacama muestra uno de los peores indicadores del país: participación femenina de 53,8% y un desempleo que llega al 9,5%.

Sin sala cuna universal, sin colegios con horarios compatibles con turnos reales, sin redes estatales de apoyo, las mujeres quedan atrapadas en una ecuación perversa. No entran al mercado laboral porque cuidan; y al mismo tiempo, sostienen a quienes sí entran, gracias a ese trabajo no remunerado. Atacama con sus cifras más graves que la media nacional es ejemplo de esta ironía, con su minería, construcción y servicios asociados, depende de ese sostén invisible. La riqueza regional se sostiene, literalmente, sobre el trabajo no remunerado de las mujeres.

El programa de Jeannette Jara reconoce esta realidad. Propone fortalecer la protección integral a la infancia, ampliar Chile Crece Contigo, apoyar el cuidado en contextos de discapacidad, expandir programas de cuidados domiciliarios para personas mayores y generar medidas de conciliación para estudiantes cuidadoras. Asegura continuidad en la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y abre la puerta a enfrentar la objeción de conciencia, el mayor obstáculo para su implementación real.

La PGU y el Pilar Solidario representan los primeros reconocimientos históricos a quienes por estas razones no pudieron cotizar y si bien aún queda por avanzar, es urgente no retroceder. Y aunque son avances necesarios, la realidad nos indica que, sin un Sistema Nacional de Cuidados, estamos lejos de una solución que remueva la raíz del problema.

Y la raíz ya muestra sus grietas: las nuevas generaciones están decidiendo no tener hijos. No por egoísmo, sino porque en Chile maternar es un riesgo económico. Y esta caída en la natalidad no hará sino profundizar la crisis de los cuidados: pronto no serán las y los niños quienes estén en crisis, sino nosotros como personas mayores.

Por eso esta elección importa. No porque Jeannette Jara tenga la solución completa sino porque es la única candidatura que reconoce el cuidado como infraestructura social clave. Es el único proyecto que empieza a construir, desde el diseño institucional, un camino para transformar una desigualdad que lleva generaciones: porque la equidad comienza desde el diseño de sociedad que soñamos.