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El retorno del Circo Águila Humana: magia, nostalgia y riesgo en Copiapó

Han pasado dos décadas desde la última vez que el Circo Águila Humana levantó su carpa en Copiapó. Este 2025 marca el esperado regreso de una tradición circense que muchos vecinos recuerdan con emoción y melancolía.

El encargado de publicidad y administrador del circo, Alejandro, nos recibe con cordialidad y entusiasmo, y de entrada deja clara la importancia de este retorno:

“Después de 20 años el Circo de Águila Humana vuelve a Copiapó. Harto tiempo.”

El circo llegó a la ciudad el viernes 21, y estará realizando funciones hasta el domingo 14 de diciembre, con horario de lunes a viernes a las 18:00 y 20:30 horas; y sábados y domingos a las 18:30 y 21:00 horas.

El show se caracteriza por su dinamismo y variedad artística. Alejandro lo describe con orgullo:

“Trapecistas voladores, casi 10 en vuelos dobles simultáneamente… Gino, el insólito hombre de goma… un cuerpo de baile de chicas argentinas… cinco motociclistas en el globo de la muerte, payasos chilenos graciosos… Es un espectáculo de principio a fin, que va a deleitar a niños y adultos.”

Cada función mezcla elegancia acrobática, riesgo extremo y humor fresco, ofreciendo una experiencia para toda la familia.

Entre recuerdos y generaciones

Este reencuentro con Copiapó ha desatado fuertes emociones en el público local:

“La gente se emociona porque dice: yo venía a este circo hace 30 o 40 años con mi abuelito o mi papá.”

El circo no es solo entretenimiento: es un puente entre generaciones. Abuelos que vinieron de niños ahora traen a sus nietos. Padres que recuerdan la infancia la reviven desde la galería, esta vez como espectadores adultos.

Aunque el primer fin de semana tuvo muy buena recepción, Alejandro hace un llamado a todo Copiapó para aprovechar esta oportunidad:

“Esperamos que la gente siga acompañándonos durante noviembre y diciembre, porque después quién sabe cuántos años más vamos a volver.”

La magia del circo no es eterna ni permanente. Cada visita es un instante vivido bajo la carpa, iluminado por focos cálidos y risas espontáneas.