Entre Aromas y Colores: La historia de Arsenio López y los ‘Cuentos Invisibles’
Arsenio López nunca imaginó que la ceguera lo llevaría a descubrir una nueva forma de ver el mundo: a través de las palabras. Su experiencia reciente en el concurso literario Cuentos Invisibles, organizado por la fundación Fundalurp, lo posicionó entre los 20 mejores relatos seleccionados para integrar un libro que se publicará a nivel nacional.
El certamen —convocado desde Santiago pero abierto a todo Chile— invitaba a personas con discapacidad visual a relatar sus vivencias y percepciones desde un ángulo personal y poético. Aunque Alejandro no obtuvo un lugar en el podio, fue reconocido dentro del selecto grupo de finalistas cuyo trabajo será publicado.
“Quedé seleccionado como uno de los 20 mejores cuentos a nivel nacional de la fundación”, relata con orgullo.
El acercamiento de Alejandro a la escritura se entrelaza con su vínculo con Fundalurp, una fundación dedicada a la inclusión y acompañamiento de personas con discapacidad visual. Desde Santiago, la organización comenzó a trabajar con él a distancia, mediante videollamadas por Meet.
Ese contacto remoto se convirtió en una herramienta de autonomía. Con apoyo técnico y humano, Alejandro aprendió a usar softwares de asistencia, el manejo del bastón y recursos digitales especializados. “Ellos han estado trabajando conmigo… entonces, de ahí yo como que me he ido tecnologizando”, cuenta.
Su cuento, titulado “Entre Aromas y Colores”, es un viaje narrativo que conecta recuerdos, geografías y sensaciones. Alejandro vivió en la región del Bío Bío y años después regresó a Copiapó, ciudad que lo vio nacer. Ese contraste territorial le inspiró a escribir:
“Hice comparativas de lo que eran colores y aromas respecto del norte y el sur de Chile.”
Desde los cerros verdes sureños hasta los cerros coloridos del desierto, su relato observa no con los ojos, sino con la memoria sensorial.
En un tramo emotivo del cuento, Alejandro escribe sobre el momento en que su visión se extinguió:
“Hasta que la luz de mis ojos se apaga”, dice poéticamente, revelando el instante en que la ceguera dejó de ser progresión y se convirtió en estado definitivo.
Pero Entre Aromas y Colores no es solo nostalgia ni confesión personal. Es también crónica cotidiana. En él, Alejandro se refiere a su entorno laboral como un espectáculo sensorial, una especie de reality show privado que solo él puede “ver”.
“Yo me paso la media película en mi mente, sabiendo que soy ciego.”
Los sonidos se vuelven descripciones, los pasos revelan personalidades, el ritmo de la enceradora sugiere movimiento y danza:
“A la señora de la cera la describo como si estuviera bailando con la enceradora.”
De este modo, transforma rutinas administrativas en escenas vivas, llenas de textura humana.
El cuento culmina con una idea contundente: la invisibilidad social.
“A veces la gente cree que las personas ciegas somos invisibles.”
Alejandro no busca dar lástima ni elevarse como símbolo. Su intención es revelar un mundo sensorial intenso, un universo interno donde la realidad física se reconstruye mediante olor, vibración, eco y movimiento.
Su logro literario —ser parte de los 20 cuentos que serán publicados— trasciende el reconocimiento artístico. Representa también un testimonio de inclusión, talento y humanidad.
Mientras Fundalurp prepara la edición del libro, Arsenio continúa viviendo su día a día entre aromas, colores y escenas invisibles para otros, pero profundamente visibles para él.

