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Confesiones de los muertos: Omar Monroy

“En el cementerio está la memoria del pueblo”, musitó la muerte detrás de un sepulcro, mientras decenas de vecinos guiados por un historiador vestido a la usanza de un personaje del siglo XIX, caminaba por oscuras avenidas y vericuetos del camposanto de Chañaral. La agrupación “Los Herederos”, conformada por personas amantes de la historia, representaron a diversos ciudadanos/as que en diferentes épocas transitaron por las calles del puerto. Ellos en sus efímeras existencias rieron, lloraron, amaron, abrigaron vivencias, ideales y sueños que yacen olvidados en esa misteriosa casa que abre sus puertas a todos, y que algún día también acogerá a quienes aún respiramos el milagro de la vida. Pero algo pasó en el nostálgico recorrido nocturno que despertó a los difuntos. La sorprendida y somnolienta muerte susurraba detrás de la muchedumbre: “Dejad que los muertos entierren a sus muertos”.

Alguien con un sombrero de copa sobresalía entre la gente, relatando aspectos de la historia local. Al detenerse frente a una tumba voceó: ¿Estás ahí soldado Olmos? Entonces se escuchó una voz: “¡Aquí estoy a sus órdenes, mi capitán!, apareciéndose entre tenebrosas sombras la figura de un combatiente de la Guerra del Pacífico, vestido con uniforme y levita negra que distinguió al heroico Regimiento Atacama. A continuación, el joven soldado habló de las batallas y de su vida, entregando un mensaje de respeto a los valores de nuestra historia. Y así continuó la ruta por la necrópolis, en la que furtivamente aparecían protagonistas del desarrollo histórico de Chañaral, lo que provocó sobresaltos en los concurrentes.

El guía Alex Ahumada Monroy, al pararse frente al mausoleo de Manuel Magalhaes, señaló que su casa fue construida en 1875, escuchándose de improviso una potente voz dentro del panteón, diciendo: “¡Usted se equivoca señor, la casa fue levantada en 1873!”, lo que asustó a las personas. Lo mismo ocurrió cuando apareció un ánima vestida de blanco con velo en su rostro. Los resucitados fueron Gerónimo Méndez, Remigio Vicencio, Julio Palma, Gastón Serazzi Madariaga, Manuel Nicolai, Edmud Simmes, Juan Moroni, Filadelfia Chacana, Irene Cabrera, Mariana Llanes, Elizabeth Collins, representados por Cheryl Grenet, Juan Olguín, Luis Pangue, Jair Larenas, Paz Cáceres, Guillermo Trujillo, Amelie Vargas, Jorcy Neyth, Gabriel Acosta, Rubén Daneri, Jorge Serazzi y Leticia Anfossi.

La muerte, al terminar la jornada aplaudió a rabiar, eludió el vino navegado ofrecido, y se escabulló entre las tumbas tocando en un violín los acordes del vals de Chañaral.


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